vie. Sep 18th, 2020

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

1958: semejante balance para la radio y la televisión


Ante la manipulación de los medios por parte del gobierno se imponía un cambio radical  

Tanto la radio como la televisión estaban viviendo la pérdida creciente de espacios en vivo durante 1958, con afectaciones a técnicos, artistas, autores y trabajadores de los medios en general.

Al margen de las buenas intenciones puntuales, la programación continuó diseñándose bajo el patrocinio de los anunciantes, todo como un negocio más de la gran industria del entretenimiento.

El Ministro de Comunicaciones, Ramón Vasconcelos Maragliano, se propuso consolidar el Reglamento de la Ley de Radiodifusión de 1953 como el instrumento para legitimar la censura previa y otros mecanismos de mordaza en las noticias y programas de reflexión política. (1)

Aunque Vasconcelos es sustituido en el verano por Alberto García Valdés, nada cambió, excepto que el nuevo titular fue menos intrusivo en los asuntos artísticos y de farándula. (2)

La saturación arbitraria de las frecuencias evidenció la prevalencia de intereses ajenos a la radiodifusión nacional. Condicionaron la explotación del éter a privilegiar permisionarios adeptos al régimen u obtener ingresos adicionales, aún a expensas de violaciones legales e infracciones técnicas.

De tal suerte hubo descontroles alarmantes, como la interferencia de las emisiones de Radio Progreso en las transmisiones de Telemundo. La Federación de Radioaficionados de Cuba, ante el caos creado, demandó la publicación en tablilla de todas las autorizaciones de frecuencias y las modificaciones que se hicieran.

La inefectividad o alteración de las cifras en los surveys de la Asociación de Anunciantes de Cuba (AAC) había originado el retraimiento de empresas. Además, hubo secuelas en la programación pues se afectó a determinados espacios. Síntomas de manipulación fueron el bajo rating de Radio Reloj o del programa Detrás de la fachada. A este último, atendiendo a su baja puntuación, los Mestre le sacaban del aire.

Tal como decía la crítica, bastaba con recorrer las calles habaneras para escuchar las carcajadas de las familias en el horario del espacio televisivo, considerado por muchos el mejor programa cómico y costumbrista del año. ¿A dónde fueron y qué hacían los encuestadores? (3)

La Junta Directiva de la Asociación de Anunciantes ante la crisis de sus surveys decidió constituir un nuevo sistema de encuestas con una mejor preparación técnica, mayores recursos y supuestamente libre de presiones y favoritismos. (4)

El remedio a la enfermedad parecía llegar demasiado tarde y ni los empresarios u organismos del medio se interesaron mucho por la institución “salvadora” de la credibilidad de las investigaciones. La esperanza estaba en el nuevo año, 1959, cuando se auguraban grandes cambios. Como decía Consuelito Vidal: “Hay que tener fe que todo llega”.

Notas y referencias:
(1) El Decreto Presidencial No. 2389 del 28 de agosto de 1957, firmado por Batista, Vasconcelos y Andrés Rivero Agüero (Primer Ministro) reglamentaba la Ley-Decreto No. 653 del 29 de enero de 1953, llamada Ley de Radiodifusión. Sus capítulos tercero (sobre las infracciones) y cuarto (de las sanciones) eran una tenaza legal contra la libre expresión en los medios. Ante las protestas y reclamos de la Federación de Radiodifusores de Cuba y al Colegio Nacional de Periodistas, se lograba la reforma del Artículo 14, aunque en la práctica, con garantías o sin ellas, el gobierno siguió imponiendo su voluntad.
(2) Los ministros batistianos precedentes a Vasconcelos en la cartera de Comunicaciones fueron menos pintorescos, pero todos fieles a la estrategia del dictador. Sus nombres: Pedro Carrera Justiz y Fernández de Velasco, Rafael Guás Inclán, Rafael J. Díaz-Balart Gutiérrez y Ricardo Equilier Vinent.
(3) Véase la crónica de Armando Núnez Planas: “Televisión”, Gente a la Semana, octubre de 1958, en Colección Facticia de Publicación. Circuito de la CMQ en Archivo del CIS-ICRT.
(4) El Vice-presidente del Patronato fue Enrique Marrero y Carlos Piñero el tesorero. Fue una organización no gubernamental inscripta en el Registro de Asociaciones como parte de la sociedad civil en Cuba.


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