Sonando en Cuba. Así lo vieron los públicos (Parte II)

Acerca de las fortalezas y aspectos polémicos del espacio televisivo que puede mejorar su tercera temporada

Ante la tercera entrega de Sonando en Cuba, revisitamos el impacto que tuvo en el auditorio y algunos comentarios elaborados a propósito de este fenómeno, contemplados en una investigación cualitativa1 realizada por el Centro de Investigaciones Sociales de RTV Comercial sobre la recepción del programa. Sus resultados nos indican hacia dónde se inclinan las preferencias de los públicos y los aspectos que configuran sus expectativas en relación con la continuación de este show televisivo.

Principales resultados
El estudio demostró que la segunda temporada de Sonando en Cuba fue muy bien recibida. La mayoría de las personas consultadas la calificó no solo como el mejor espacio musical estrenado en los últimos años, sino como la producción audiovisual nacional más sobresaliente exhibida en la Televisión cubana en la contemporaneidad.

En ese sentido, argumentaron que su puesta en pantalla cumplía en buena medida con los estándares de calidad internacionales de este tipo de programas, algo poco frecuente en las ofertas de la televisión nacional.

Fue muy celebrada por convocar a una gran parte de los televidentes; o sea, públicos de diferentes edades, y convertirse en un momento esperado de la programación del domingo (se consideró acertada su transmisión este día de la semana).

Trascendió el inmenso salto de calidad en la realización general del programa de la primera temporada a la segunda, debido a la superioridad de las aptitudes de estos competidores; a la mejor organización de la competencia; al mayor nivel de factura del espectáculo en su integralidad y porque se corrigieron varios puntos de la primera temporada que no tuvieron la aceptación esperada.

Otros de los elementos que se identificaron como distintivos de Sonando en Cuba 2 y que suscitaron elogios fueron: la visualidad atractiva; su producción fastuosa; el hecho de enaltecer la música popular cubana y retomar obras y figuras del repertorio tradicional; y la oportunidad que brindó a los jóvenes con talento para el canto, de ser conocidos públicamente y tener un desarrollo musical.

Del sistema de competencia sobresalió que los concursantes tuvieran más ocasiones para cantar, que mostraran sus cualidades a través de diferentes géneros y formatos musicales, y el rigor en el modo de selección de los competidores.

En relación con las secciones se resaltó que todas cumplían una función válida, conseguían despertar el interés de los televidentes y se insertaron en el programa, preservando el protagonismo de la competencia y de las interpretaciones de los concursantes.

También hubo alabanzas para los conductores y los mentores. De los primeros se subrayó el acople entre ellos, la moderación y la notoria elegancia, aunque fue Jorge Martínez quien recibió los mayores halagos por el dinamismo que le imprimía al espacio. De los segundos, se realzó el trato llano hacia los jóvenes; el empeño puesto en la preparación y el progreso de los competidores; la relación diáfana y a la vez competitiva entre los tres; y que en su rol de jueces tuvieron un desempeño más certero que los de la temporada pasada. Resultó evidente cierta preferencia por Mayito Rivera, al que muchos vieron más comprometido, exigente y que encausó mejor a su equipo.  

En cuanto a la realización general del programa, la mayoría hizo hincapié en la escenografía descollante (casi todos la describieron como lo máximo que se ha visto en la Televisión cubana) por el uso del color, las luces y las pantallas; por su funcionalidad y su cercanía al diseño escenográfico de shows extranjeros análogos.

Por otra parte, se enalteció la tríada vestuario-maquillaje-peluquería, algo que se vincula con la imagen de todos los participantes. En este sentido, se afirmó que dicha imagen estaba a tono con el día, la hora y el tipo de espectáculo televisivo; se habló de su preciosismo y cuidado tanto para los mentores y conductores como para los competidores.

Tales fueron los aspectos positivos y de mayor consenso reconocidos por los receptores de Sonando en Cuba 2; mientras que las principales discrepancias se produjeron en torno al voto popular como método para salvar de la llamada “zona caliente” y a la división por regiones.

La regla de enviar a los concursantes a la “zona caliente” en general fue bien vista porque ofrecía una segunda oportunidad y era un modo de dinamizar las necesarias eliminaciones en la competencia. Incluso hubo coincidencia en reconocer el valor de la participación del público en el espacio; pero existió una gran polémica en cuanto a si esta forma de participar era correcta, debido a sus implicaciones.

Muchos sostuvieron que el avance de los competidores no debía ser definido por público no especializado, pues el criterio de selección predominante podría no ser siempre la calidad del cantante, sino otros como el carisma, el atractivo físico, etcétera. Por el contrario, los que sí defendieron a la “zona caliente”, ponderaron el nivel de participación que daba a la familia desde su hogar el hecho de que los concursantes salvados fueran los que el espectador deseaba, y que el voto popular era un probado recurso para implicar al televidente con el programa y estimular su teleaudiencia.     

Por su parte, la agrupación de los concursantes por regiones desde el proceso de selección hasta la conclusión del evento, para un conjunto de sujetos era bueno pues aseguraba la representación uniforme de jóvenes de las tres zonas del país, permitía motivar a los televidentes a nivel nacional durante toda la competencia, y garantizaba que en la gala final estuviera presente un competidor de cada región.

Sin embargo, otras personas no se mostraron por completo satisfechas con dicha segmentación, e hicieron énfasis en sus inconvenientes. Concordaban en que tener a los competidores desagregados deja llegar a las fases finales de la competencia a los jóvenes de más potencialidades, y para un concurso lo primordial es que avancen los mejores, sin importar su procedencia.  

Existieron otras inconformidades con el programa que varios sujetos expresaron en forma de críticas y/o sugerencias, pero en menor medida. En este caso se encuentran las referencias al tiempo de duración de las emisiones (largo para algunos); a la actuación del jurado en la gala final (se reprochó que no dieron una valoración particular y convincente de las finalistas, como se esperaba, por ser el cierre y por las personalidades que componían el jurado) y a la selección del repertorio de las finalistas (se apreció una disparidad en la conformación popurrí, causante del deslucimiento de la competidora de la zona central, y se insistió en evitar que un desbalance de este tipo afecte el final del evento y la propia votación del jurado).

Vale precisar que las visiones críticas del espacio emergieron en los grupos de mayor nivel de escolaridad, quienes solían matizar y argumentar mejor sus posturas. Por ejemplo, en sus valoraciones de los mentores, muchos alegaron que sus pronunciamientos sobre los competidores debieron haberse apoyado más en elementos técnicos, para dar otro rigor a la competencia. Comentaron que el uso de un vocabulario preciso en términos de apreciación musical -comprensible para el receptor común- hubiera sido algo favorecedor no solo para los concursantes, sino además para el acervo de los televidentes.

Es importante señalar que en la divergencia de criterios siempre se observó un móvil común: la búsqueda de mayor justeza en el evento, por lo que corresponde al equipo de producción determinar las modificaciones a introducir, para satisfacción del auditorio, pero sin restarle al show televisivo.

Comentarios finales    
Sin dudas la segunda temporada de Sonando en Cuba constituye un éxito de la Televisión cubana, de su productora y del colectivo de realización, en esencia porque vino a cubrir varias de las necesidades de la programación televisiva y de los espectadores; generó un estado de opinión positivo en la población, y su puesta en pantalla superó visiblemente lo efectuado en la primera temporada.

La aceptación que tuvo en los diversos grupos consultados -incluso entre los más jóvenes- que solo se interpretara música cubana, pone de manifiesto que en general hubo una sensibilización de la población con el concepto del espacio.

Llama la atención que numerosos sujetos reiteraron como una virtud del programa el no parecer cubano por su gran atractivo visual, lo cual evidencia las menguadas expectativas y la valoración poco feliz sobre la producción televisiva nacional.

La buena factura y la efectividad como producto de entretenimiento, propiciaron que uno de los principales propósitos del programa pudiera lograrse de forma satisfactoria: familiarizar a públicos heterogéneos con valiosas obras del catálogo de la música popular cubana.

Este representa un hecho de especial significación, ya que no pocas veces proyectos audiovisuales con ideas loables no llegan a tener el alcance deseado; por otra parte, la difusión y la apreciación musicales son hoy unas de las temáticas de la realidad social de mayor conflictividad e inconformidad -sobre todo en el círculo de autoridades e instituciones de la cultura del país- y que más acciones conjuntas requieren. Por tanto, resulta un mérito del programa contribuir modestamente a la higienización del paisaje sonoro contemporáneo.

Ahora Sonando en Cuba compite consigo mismo, y tiene el reto de avanzar -sin recetas definidas- luego de haber puesto el listón bien alto, con una segunda entrega que para muchos resultó una grata sorpresa en cuanto a espectáculo musical y audiovisual. Se debe trabajar para que en la tercera temporada los televidentes perciban nuevamente el intento de acercar más la propuesta a los intereses de la mayor parte de los espectadores, y procurar una producción que iguale o trascienda en calidad y aceptación a la anterior.

*Especialista del Centro de Investigaciones Sociales de RTV Comercial. La Habana, Cuba.

Nota:
1 La investigación se desarrolló de forma paralela al estudio cuantitativo realizado con públicos habaneros para evaluar el programa. Con el uso del enfoque metodológico cualitativo se pretendía ofrecer un mayor nivel de información y de profundidad en el análisis del objeto de estudio, y complementar los datos obtenidos con la aplicación de la encuesta. Para esta investigación cualitativa se efectuaron grupos de discusión con diferentes segmentos de la población residente en la capital del país (estudiantes de nivel medio y superior, obreros, trabajadores técnicos medios, profesionales, amas de casa y jubilados).


Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

OTROS