sáb. Jul 11th, 2020

Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

El nacimiento de la narrativa radial cubana

Félix B. Caignet estrena en 1930 el primer seriado radial latinoamericano

En los años 30 pasados se gestaron los primeros formatos dramatizados de continuidad que, por su impacto simbólico y su habitualidad, devendrían una de las prácticas culturales más importantes de la cotidianidad, tanto en el universo latino como en regiones con raíces idiomáticas y  culturales muy diferentes.

Félix Benjamín Caignet1, desde Santiago de Cuba –la más oriental de nuestras provincias–, estrena en 1930 Las aventuras de Chelín y Bebita y El enano Coliflor2, primer seriado de continuidad radial latinoamericano escrito por cubanos, orientado al público infantil.

Caignet fue guionista, actor, hizo los efectos especiales y la musicalización, y seleccionó el resto del elenco. Estos seriados eran representado en vivo, es decir, directo al éter3.

Aunque nunca olvidó las narraciones orales escuchadas en su  niñez a los ancianos-juglares, Caignet se nutrió también del folletín literario europeo, de las series radiales y de la historieta impresa norteamericanas.

Félix B. Caignet escuchando en la radio su novela El derecho de nacer

En 1933 fue también el cubano quien inauguró las series episódicas radiales para adultos, con Las aventuras de Chan Li Po, La serpiente roja, donde fusiona al Mr. Chan de las series estadounidenses y al Sherlock Holmes inglés4. Así estrena el género detectivesco en nuestra radiofonía.

Por su limitada cobertura geográfica, su primera emisión no impactó significativamente a las audiencias.

Casi en paralelo, en La Habana, el poeta José Ángel Buesa estrenaba otra aventura muy diferente.

En 1936 Caignet arriba a La Habana y, tras un año de gestión incesante, logra su transmisión en la emisora CMK, Radiodifusión O’Shea, donde desencadena el primer fenómeno comunicativo radiofónico cubano que conmociona la vida cotidiana de nuestra sociedad. Se asegura que durante su horario de transmisión, la capital llegó a paralizarse5.

Las aventuras preceden a las radionovelas románticas cubanas, también herederas de los códigos de múltiples

Iris Dávila, reconocida escritora, periodista y publicista cubana.

precedencias universales, de prácticas mediáticas de la comunicación y del mercadeo inauguradas por la soap opera –radiotelenovela estadounidense.

Sin embargo, llegaron a adecuarse a nuestra idiosincrasia latina, marcada por la  novelística ibérica con gestas caballerescas y picarescas, las problemáticas femeninas de los folletines franceses y las narraciones históricas, biográficas y detectivescas más diversas.

En 1938 CMQ Radio culmina El concurso de los Precios Fijos o Concurso de la Novela Radial de los Precios Fijos, patrocinado por dicha tienda de departamentos capitalina que elige a los protagonistas de la primera novela romántica adaptada a nuestra radio, El hombre que yo maté, protagonizada por Elvira Cervera y dirigida artísticamente por el  publicista y ya famoso creador radial Luis de Aragón Dulzaides.

El primer espacio habitual de la radionovela fue La novela radial en CMQ Radio, donde en agosto de 1939 ya Reinaldo López del Rincón6 había estrenado allí su versión de Traición, del portugués Eduardo Zamacois7.

Cuando Aragón pasa a la cadena RHC Cadena Azul este espacio desaparece pero da paso a otros proyectos.

Desde 1941, la cadena nacional RHC estrena otro hito de la novelística nacional: La novela del aire, donde se sintetizan muchas de las precedencias del que devino modelo de melodrama radiofónico generalizado en varios continentes.

Este espacio fue emitido desde el 26 de mayo de 1941 (8:30 p.m., de lunes a sábado) por la cadena nacional RHC Cadena Azul. Lo patrocinaba la jabonera Sabatés.

Elvira Cervera, relevante actriz de la radio y la TV.

Desde el primero de junio de 1952 se emitió en CMQ Radio.

Como su predecesora, La novela radial, comenzó con adaptaciones literarias y finalmente difundió los originales creados expresamente para la radio.

Este  paradigma del género se mantuvo hasta el 30 de junio de 1958.

Algunos especialistas identifican a Las aventuras de Chan Li Po y La Serpiente Roja (1933-1937) como radionovelas, por sus códigos afines a la novela literaria de aventuras y al paradigma romántico de numerosas expresiones artísticas europeas.

Otros las clasifican como series, por su cercanía a los formatos radiales norteños y a las historietas impresas.

Cuando hablamos por ejemplo, de Los tres Villalobos, no se trata de una historia sino de varias de ellas con los mismos protagonistas.

Las aventuras se centran en el héroe y en sus peripecias en busca de la justicia.

Aunque esencialmente toda aventura puede llamarse radionovelas, en tanto comparte con ella los paradigmas romántico-melodramáticos y las prácticas folletinescas, sus matices resultan diversos.

El tiempo marcó como denominación genérica de la radionovela a las novelas sentimentales adaptadas o escritas expresamente para la radio.

El radialista José Luis Aragón Dulzaides.

La radionovela sentimental cubana es una historia de amor donde una o varias parejas buscan la felicidad.

Aunque las hubo de una sola emisión, las más populares fueron  aquellas cuyo argumento se fragmentaba en diversos capítulos.

Durante las décadas del 40 y el 50 del siglo pasado, los teatros, las aventuras y las radionovelas sentimentales colmaron nuestra radio; allí se emitía un promedio diario de 32 obras.

El 60 % lo emitía CMQ Radio –la mayoría eran episodios sentimentales–.  Esta cadena las exportaba en libretos, en placas de acetato y en sus transmisiones directas fuera de fronteras, suceso registrado por Mario Vargas Llosa en su novela La tía Julia y el escribidor.

Iris Dávila caracteriza así su despegue: “Tres títulos grafican su arrancada impetuosa, Ave sin nido, de Leandro Blanco; Por la ciudad rueda un grito, de Reinaldo López del Rincón; y El collar de lágrimas, de José Sánchez Arcilla, la cual alcanzó los 965 capítulos.

Y como ya existían las cadenas telefónicas nacionales, las aves volaron, el grito retumbó y las lágrimas llovieron de un extremo a otro de la Isla”8.

En 1948, cuando se estrena El derecho de nacer, de Caignet, la preferencia por las aventuras y las radionovelas sentimentales se había generalizado gracias a la obra de diversas plantas y autores.  Pero esa es otra historia.

 

Notas y referencias:

[1] Radioaficionado, periodista, reportero y administrador de teatros, que devino escritor, actor, director de escena, musicalizador y efectista.

2 Inspirado en un texto suyo publicado en 1925.

3 López Fernández (2002).

4 Dávila Iris. Abogada, escritora laureada, redactora publicitaria y guionista de radio y telenovelas. Publicista y editora de revistas. Sus historias conjugaban los códigos melodramáticos en un entorno y situaciones sociales reales y representativas de la mayoría de la población cubana de la época. Dora Alonso reinó en estas vertientes en los campos de Cuba, Iris lo hizo en las ciudades.

5 Revista Bohemia, 14 de junio de 1953.

6 López Fernández (2002) atribuye a Luis Aragón la creación del primer espacio de novela radial y a Elvira Cervera su primer protagónico, pero omite el nombre de la obra.

7 Cuando Zamacois estuvo en La Habana a fines de los años 30, se hizo una foto en CMQ Radio con los artistas y técnicos del espacio: José A. Ínsua, Antonio Vázquez Gallo, Guillermo de Mancha, Luis Aragón, Conchita Nogara, Ernesto Galindo, Arturo Liendo, Jesús Alvariño, Pilar Mata, Caridad Bravo Adams, Isabel Mondragón y Enriqueta Sierra. (Diario de la Marina. “Evolución histórica de la Radio y la TV en Cuba”, 22 de diciembre de 1953).

8 Dávila, Iris (2007). Delirio de Periodista, Ediciones Unión: La Habana.


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