mié. Abr 1st, 2020

Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Jesús Rodríguez: “La radio que hacemos necesita ser más compañera, para ser mejor compañía”

Entrevista con el cirujano y realizador radial bayamés, quien actualmente presta servicios médicos en Namibia
Jesús Rodríguez: “La radio que hacemos necesita ser más compañera, para ser mejor compañía”

Jesús Rodríguez: “La radio que hacemos necesita ser más compañera, para ser mejor compañía”


No tiene el don de la ubicuidad, pero gracias a la radio puede estar, ahora mismo, en el suroeste de África y en el oriente cubano. Jesús Rodríguez es un cirujano, además de director y guionista de populares espacios que se transmiten a través de CMKX Radio Bayamo. Desde hace muchos años tiene el reto de sanar por partida doble: en el quirófano y en el estudio de grabación o transmisión, y sus “pacientes” (me incluyo) agradecen tanta persistencia en el trabajo.

Esta entrevista online se vio aplazada y “amenazada” no solo por la diferencia de horario, sino porque el poco tiempo que le sobra a Jesús lo emplea para escribir sus programas. ¡Ni la distancia lo separa de la radio! Si esto no es estar “chiflado” por el medio, que alguien venga y nos diga cómo calificamos a ese sentimiento. Es amor, lo sabemos.

Por estos días uno de tus programas, Al oído del alma, celebra 20 años. ¿Cómo logras esa complicidad con el oyente? ¿De quién lo aprendiste?

─Desde el 24 de febrero de 2000 está en el aire Al oído del alma, una charla expositiva que va en busca del mejoramiento humano. Se transmite de lunes a viernes, a las 11 de la noche, por 45 minutos. Uno de los propósitos del programa, del cual soy su único escritor, es lograr la complicidad con sus oyentes partiendo de las temáticas que incluyen aspectos para una mejor vida: la sexualidad, la salud, siempre con la mirada científica, es decir, apoyando el texto del guion en estudios e investigaciones relevantes.

“Dicha complicidad se garantizaba con la conducción por más de 10 años de Yudexis de la Torre, actriz con una voz envidiable, “la voz del alma”, como yo la denomino, y un diseño sonoro y selecciones musicales acordes con el momento de la noche en que se transmite. Como escritor del programa, me enfrento al reto de que las temáticas atrapen al oyente; fuimos pioneros en la emisora al tratar temas algo vedados años atrás por estar referidos a la sexualidad, en particular al homosexualismo, la adicción a las drogas, entre otros. Fuimos tildados de tocar temas “fuertes” y que el escritor se iba al agobio muy pronto, decían, y no es así.

“Una muestra es que he salido de Cuba en tres ocasiones: una vez por casi tres años, a Djibouti; casi un año en Vietnam y ahora en Namibia, desde el 2018, y siempre me las he arreglado para seguir escribiendo y garantizar el guion de Al oído…, que este 24 de febrero cumple sus primeros 20 años. Este programa tiene seguidores fieles hace muchos años. Recibimos comunicaciones desde otros países y no solo de cubanos, sino también de nacionales de territorios extranjeros que, en medio de tanta información, gracias a internet, piden temas a los que respondemos inmediatamente. Son muchas las experiencias del contacto personal con oyentes solicitando temas muy íntimos de la sexualidad, llamadas anónimas, conversar sin pena alguna con seguidores que confían en la profundidad de una temática determinada puesta en bocina y de la absoluta confidencialidad… Ese es el respeto al oyente que nuestra radio cubana defiende y de la que hacemos gala”.

Esto de ser médico y dedicarte a la radio no es un caso nuevo, hay muchos en Cuba. Pero exactamente, ¿cómo nació esa dualidad profesional? ¿Te gustó siempre la radio y no pudiste llegar a tiempo o es una válvula de escape?

─La dualidad profesional de médico y radialista es una bendición, en mis inicios no entendida por los profesionales del medio, creo que animados por cierta expectativa, recelos, sentimientos no positivos hacia mí. La radio desde pequeño me gustó. Mi casa era un hogar donde se escuchaba Progreso, Rebelde, Enciclopedia, CMBF, Reloj, CMKC y Radio Bayamo. Mi padre era profesor y escribía para la radio, incluso para la televisión de Santiago de Cuba, y mi madre, una señora muy culta, cubana, bailadora, alegre siempre, me contaba que cuando residían en los Estados Unidos escuchaban perfectamente Radio Progreso… Todo eso, unido al disfrute en casa de los discos de vinilo con los grandes clásicos de la música de concierto, los íconos de la música norteamericana y la cubana, por supuesto, fueron creando en mí un gusto particular por la radio.

“Ya estudiando en la Universidad de Ciencias Médicas, junto a un grupo de compañeros, me vinculé a la radio y comencé a escribir guiones, aprendí la técnica de sonido analógica etc. Por aquellos tiempos (1989), la dirección de la emisora confiaba en nosotros y ocupamos un espacio habitual en las propuestas juveniles, lo que particularmente me enseñó las reglas y principios de la radio. Incluso, durante la carrera concursé en la categoría de guion con un programa científico técnico en el Festival de Verano de Radio Bayamo, un evento que desapareció y en el que se competía en programas grabados y guiones.

“Creo que llegué a tiempo y pude detener mi carrera de Medicina para estar en la radio, pero no lo hice. La medicina es un arte que me gusta y disfruto, la radio pudiera ser el escape a ese trabajo médico que hago y que, por momentos, se hace tenso, pero no pongo a la radio en el segundo plano. La radio es vida y respeto. Muchos pacientes, cuando leen mi nombre en las recetas médicas, enseguida me preguntan si soy Jesús, el de la radio, el de Al oído del alma o del espacio El Cuento. Son experiencias que no olvido y me comprometen.

¿Cuál es tu especialidad? En el hospital piensas en el guion de mañana o invitas a tus pacientes a escuchar tus programas… ¿sucedió esto último?

─Soy especialista de II Grado de Cirugía Plástica y Caumatología, que se refiere a la atención al paciente quemado, y Máster en Medicina Bioenergética y Naturalista. Es una hermosa especialidad, pero los cuidados al quemado implican una cuota de amor extra, pues debes compadecerte ante el dolor que sufren. A veces, a un paciente le llamo oyente y cuando estoy en la radio le llamo paciente al oyente. Eso me ha pasado muchas veces. A mis compañeros de la radio les digo: amen su trabajo y entreguen lo mejor, pues llegaba del hospital extenuado, cargado de anécdotas que guardaba para mí, y que iban desde el fallecimiento de un paciente por el que hacíamos todo para salvarlo, hasta el recuerdo del llanto de un niño ante una cura de sus quemaduras. Por eso les reclamo que defiendan esa paz que da la radio.

“Mis compañeros de trabajo en el hospital escuchan y disfrutan mis programas, los comentan, me dan opiniones… Me retroalimento con ellos y los pacientes, eso es genial. Mis padres lo hacían, estaban en el detalle, eran capaces de detectar sin disminuía el ritmo, la atención, el interés en algún programa, que han sido muchos, por cierto”.

¿Se aprende a hacer radio o mediante el oficio uno se hace experto?

─Creo que el hacer radio te hace no un experto, pero sí un realizador capaz de hacer una propuesta radial atractiva. Hacer programas de radio es una buena escuela, aunque defiendo aprender en la academia, en los cursos de posgrado, como fue mi caso: pasé los de periodismo, guionista, asesor, dirección y otros.

Hablemos de tus profesores. Sé que sientes admiración por muchísimas personas que te ayudaron.

─Primero te diré que tengo profesores reales y yo soy su alumno imaginario. Esos profesores son Carmen Solar, Caridad Martínez, Héctor e Iván Pérez, Gladys Goizueta, Franco Carbón, Joaquín Quintero, Bárbara Sánchez Rojas, César Hidalgo, Ado Sanz… Todos verdaderos patrones para hacer la buena radio. Ellos no supieron, ni saben quién soy, pero me enseñaron lo que es un programa de radio. Te podría mencionar desde el más humilde realizador de sonidos hasta el locutor más avezado.

“De niño escuchaba programas infantiles, entonces te menciono a la ya desaparecida Aracelis Sarmiento y a Magdalena Casate (alguien de quien aprendí mucho), ambas de mi emisora, Radio Bayamo. No puedo dejar de mencionar a las actrices Raida Alfonso, Olguita Sanz y Yudexis de la Torre, al director de dramatizados Manolo Ross, a Víctor Montero, con sus excelentes programas de jazz, al locutor José Rodríguez, al exquisito grabador y editor Miguel Esturo, a Joel Pacheco, el  mago del sonido…”.

Radio Bayamo ha sido tu “cuartel general”. No sé si trabajaste en la emisora municipal Radio Ciudad Monumento o en otras. Una persona, muy querida por ambos, me decía que la radio en Bayamo necesita de programas más personalizados… ¿Qué crees de esto?

─Coincido con ese criterio de que la radio bayamesa necesita programas personalizados, ¡basta de que los destinatarios sean tan generales! Se deben personalizar los programas hasta en los informativos: lo que le interesa a un adulto mayor quizás no le interese al joven. Todos los géneros radiales pueden personalizarse. Cuando hemos puesto en antena algún programa con objetivos bien definidos, dirigidos a un sector determinado, los oyentes lo agradecen de inmediato. Eso me ha sucedido con charlas, musicales especializados, juveniles y dramatizados. Me propongo en cada proyecto no abarcar todos los sectores de audiencia, sino uno en particular, sin obviar que el resto pudiera entrar en la sintonía.

“Nuestra radio debe hablarle al oyente más íntimamente. Debemos andar al compás de nuestros ritmos circadianos: cómo habla nuestro cuerpo y el alma. La radio que hacemos necesita ser más compañera, para ser mejor compañía. Siempre he dicho que si me dejan hacer radio es porque traigo algo diferente, de lo contrario, no tuviera esa oportunidad. Cada pequeño espacio que me dejan poner en antena lo defiendo y pongo todas mis ganas, desde una promoción, un musical, un variado o un dramatizado. Soy de los que no me quedo con un solo criterio, busco a quienes me quieren bien y, a la vez, son críticos con mi obra, y si hay que mejorarla, lo hago inmediatamente”.

Otro gran amor en tu vida es la música…

─Hace mucho tiempo di un giro hacia los musicales especializados, primero lo hice con La nota 19, programa producido por nuestra sección de audiovisuales de la Asociación Hermanos Saíz en Granma, y que recuerdo con agrado por los temas sobre música cubana, dramatizaciones, intervención de especialistas y otros elementos. Y luego llegaron otros como La puerta, Rompiendo el cerco… y así hasta llegar a dos que me apasionan y que están en el aire hace cinco años: Con cadencia, dedicado al danzón, y Todo en boleros, para el género más romántico, un desafío que asumí junto al musicógrafo Francisco Miranda Tase, mi amigo y tutor en cuestiones de música cubana.

“Luego me atreví a realizar una serie radiodocumental titulada Gente de Radio, a propósito del 70 cumpleaños de la radio en Bayamo, donde tuve el honor de entrevistar a grandes del medio, como Terencio Montero, Víctor Montero (Premio Nacional de la Radio), Rafael Lapinell, Olga Sanz, José Rodríguez, Aracelis Sarmiento, entre otros. Sin dudas, resulta inolvidable aquella realización que guardo en mis archivos por si alguna vez desean retransmitirla. El radiodocumental es la posibilidad de contar una historia de vida de la manera más sensible, es como un filme en la radio, pero de corta duración”.

Ahora mismo estás fuera de Cuba. Coméntame cómo soportas eso de no estar en un estudio de radio… (Que se despierte el gorrión).

─Extraño mis jueves, el día de ir en las tardes a grabar mis musicales, eran sagrados, el estudio, el templo. Allí se hacía una mezcla de paz y exigencia que el staff aprovechaba para sacar un buen programa. Por eso me mantengo escribiendo desde Namibia, sacrificio permanente, semana a semana, pero se logra por el empeño y el amor a la radio. ¡Ah!, escucho desde aquí mucha radio vía internet y es placentero estar lejos de la Patria y oír cómo suena la radio cubana y de otras latitudes. Cuando lo dejo de hacer, por algunos días, es como que me falta algo y regreso, pues la radio me da aliento.

Definitivamente eres un “médico radial” o un “radialista que cura”, ¿asumes estas calificaciones?

─Ambas calificaciones las acepto perfectamente, se ajustan a lo que hago, a lo que siento y como lo aspiro. El actor Juan Alberto Ante me nombraba “El bisturí de la radio”. Eso no me gustaba mucho, pero luego me dije: “bueno, soy cirujano, hago radio” y se quedó así. Lo que necesitamos es que los médicos y enfermeras de la radio, que son sus realizadores, empleen todo tipo de tratamiento y de cirugías para curar el espíritu de los oyentes y le ayuden a tener una vida mejor. Conmigo pueden contar, si lo desean.


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