mié. Sep 23rd, 2020

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

La escuela del aire: “S.O.S.”


En la década del 50 del pasado siglo no existían para nuestros niños muchas de las opciones recreativas que hoy conocemos.

La escuela del aire: “S.O.S.”

Por Carlos González

Aprovechar las posibilidades de la radiodifusión para llegar a ellos con un mensaje de entretenimiento ameno, constituyó en aquel momento una estrategia acertada.

En 1952 la CMAB, radio pinareña en ese entonces, creó bajo el patrocinio de de la dulcería “El Tomeguín” y la fábrica de refresco “La Jupiña”, La Escuela del Aire, un espectáculo radial que llegaba a los niños semanalmente con el objetivo de desarrollarles el ingenio y el aprendizaje, y que probablemente ostente la condición de pionero dentro de este género radial a nivel nacional.

José Escobar Delgado, fundador del espacio, a cargo de la animación y de la dirección, recuerda que “todo era muy fácil, en aquellos tiempos, los niños carecían de actividades y de incentivos que les ayudaran directa e indirectamente en su formación educacional. Como La Escuela del aire les permitía participar activamente, cada domingo por la mañana, llenaban el Estudio–Teatro de la emisora y se convertían en autores y actores del programa”.

Desde entonces, muchos han sido los nombres que han mantenido en el éter este programa infantil. Por él han pasado talentos como Reinaldo Montesinos, director musical de la Orquesta del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), a quien Escobar recuerda “con unos 9 años acompañando a todos con su guitarrita”.

Cincuenta y siete años después, pareciera que La Escuela… se ha desmantelado y solo queda un colectivo radial que coordina, para no perder el espacio, un programa que, según su directora actual, Meury Abad, pretende ser un espectáculo radial.

Sin embargo, para muchos infantes y adultos resulta de mal gusto tener que aplaudir números musicales grabados y participar en juegos donde la conducción raya con su antítesis, por el tono agresivo utilizado, y más bien asusta en vez de llamar a la diversión. A todas “voces”, falta de empatía con los pequeños.

Meury —que asumió la titularidad del programa en el 2006, a solicitud de la redacción variada porque “el espacio venía con dificultades y estuvo cerca de seis meses fuera ‘del aire’ porque no tenía director”—  rememora la dirección de Pedro Alfredo Castillo, “quien nos exigía que los conductores desarrolláramos un espectáculo sobre el escenario y supiéramos improvisar, manejar las situaciones, porque trabajar con niños es muy difícil, pero es una experiencia linda.

“Estuve alrededor de un año conduciendo la escuela y me acompañaba Luisito que, a su vez, hacia una actuación especial con su títere Guamacito y aunque sobre el escenario éramos dos personas, para mí trabajábamos tres.”

Guamacito era un personaje (interpretado por Luis Hidalgo Ramos) que por mucho tiempo constituyó el identificador de la emisora. Su creador fue Remberto Rico Hernández, quien dirigió este espacio de 1995 a 1999 y cuenta que, dentro de sus experiencias como director en la radio, siente un cariño muy especial por este programa.

“Primeramente fui conductor cuando era pequeño. Después como director tuve la experiencia magnífica de trabajar con niños, un público muy interesante y honesto porque saben reconocer cuando la obra tiene un nivel de calidad, pero también saben decirte no, ese no es el camino, saben decirte qué es lo que desean. Uno aprende cómo enrumbar su labor”.

Según este director, en aquella época existía un muy buen vínculo entre el ICRT, la Organización de Pioneros José Martí y la Dirección Provincial de Cultura. “Teníamos un asesor musical que se encargaba de la preparación de los niños involucrados en el programa, de que sus actitudes artísticas estuvieran bien enfiladas por una persona especializada. Además, acompañaba a los niños en el estudio con su piano. Él preparaba los backgrounds y a los niños para que declamaran”.

En la actualidad no existe vínculo alguno con casas de cultura, lo cual atenta contra el buen desarrollo del espectáculo. Aunque los pioneros asistan puntuales, el programa no les ofrece muchos incentivos.

Según la dirección actual, la falta de presupuesto hace que carezcan de presentes para estimular la participación de los niños. “Lo único que estamos entregando son revistas del Programa de Ahorro de Energía del Ministerio de Educación. Yo no puedo pedirle recursos a un director todos los meses porque no podemos retribuirlo. La Escuela del Aire mantiene su presupuesto que no ha sido afectado, incluso el dinero de la actuación especial que no se hace está ahí, pero no podemos utilizarlo porque hay que regirse por lo establecido en los manuales”.

Buscando alternativas para salvar el espacio, acudimos a diversas opiniones. Algunos oyentes opinan que sería mejor vivir del recuerdo, de La escuela… que fue, y olvidar el bache de hoy.

Meury reconoce que levantar la audiencia es muy difícil. “Lamentablemente ya no es la misma escuela del pasado”. Pero todas las estrategias no están en mis manos, opina.

Por el momento ella se ha propuesto crear un títere que siga los pasos de Guamacito pero con pisadas diferentes. “No le tengo miedo al precedente marcado por Guamacito. No soy de quienes piensan que un buen precedente veta el desempeño de la actualidad o del futuro. El secreto está en no intentar repetir lo que ya estaba hecho, por eso me gustaría que ese actor no estuviera viciado por el personaje anterior, si no escuchó la escuela del aire mejor”.

Para varias personas con un alto sentido de pertenencia por el programa, sería muy doloroso que desapareciera. Se cuentan por cientos los adultos que recuerdan con añoranza aquel programa.

Según Remberto Rico, lamentablemente hoy La Escuela del Aire dista mucho del sentido con que fue creado el espacio, y no se corresponde con el honor que merece trabajar para un espacio donde tantos pinareños se han formado. Él llama a la conciencia de todos los que deseen “levantarlo” con honor, porque es importante, dice, que los programas queden con decoro y calidad.

Todos recuerdan como una inigualable experiencia la salida a exteriores con el control remoto, y aspiran a que este espacio decano infantil por excelencia, aumente su pegada buscando en las escuelas de las comunidades un público nuevo, entusiasta y espontáneo. Pero, ¿qué van a ofrecer a niños que esperan realizar un sueño a través de la imagen radial, si el programa en su espacio habitual no crea, ni llena, ni supera expectativas?

Estamos plagados de programas enlatados para niños que se basan en la fórmula: canción + cuento + adivinanzas + locutor (que muchas veces no dice sandeces) = cero identificación infantil.

Hagamos crecer, por el bien de nuestros niños, los juegos y la música infantiles en la radio, contrarrestando las fuertes tendencias a la banalidad agazapadas actualmente tras las cortinas de humo de oportunistas fenómenos culturales foráneos y locales.

Recuadro:

En el espacio se leen varias cartas que contrastan con estudios de audiencia realizados entre el 2005 y el 2009, según expone la siguiente tabla:

 

Años

Audiencia

2005

23 %

2006

17 %

2007

10 %

2008

3.7 %

2009

0.2 %


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