Cuqui Ponce de León, nombre imprescindible en la historia de la televisión cubana

Cuqui, en esencia, una mujer autodidacta, pero una mujer de televisión.

Por Mario Naito López

El 4 de junio de 2009, a la edad de 92 años, dejó de existir en la Ciudad de La Habana, esta descendiente del descubridor español de la Florida así como del intelectual cubano Antonio Bachiller y Morales, quien fue uno de sus bisabuelos. Ella merece ser recordada como uno de los nombres imprescindibles en la historia de nuestra televisión.

Antes de que la radio y la televisión cubanas dejaran de pertenecer a manos privadas, ambos medios estaban regidos por una política publicitaria que dictaba las leyes de los ratings. Los empresarios de los canales televisivos y emisoras de radio conocían de los gustos de los televidentes y radiooyentes, y por esta razón contrataban a los actores, cantantes y músicos más populares, así como a los productores, directores y escritores más capaces para que laboraran en sus programas o estuvieran responsabilizados con la elaboración de estos. Las compañías publicitarias, conociendo de la atracción del público por esos espacios de preferencia eran prácticamente quienes imponían a algunas de esas figuras y les ofrecían estimables contratos para la época.

Cuando surge en Cuba la televisión en el último trimestre de 1950, Gaspar Pumarejo con su Unión Radio Televisión le toma la delantera a Goar Mestre de CMQ y lanza la señal el 24 de octubre, sin tener aún una programación constituida. Comienzan a desfilar, por sus incipientes estudios, orquestas y cantantes con el afán novedoso de aparecer sólo ante las cámaras, sin cobrar remuneración alguna, antes de que una semana después se iniciara la serie tradicional de béisbol que acaparaba la atención de tantos aficionados y con la que Pumarejo pensaba centralizar el negocio televisivo. Al salir al aire, en el mes de diciembre, el canal 6 de los hermanos Mestre, con una programación ya diseñada, Pumarejo se vio en apuros y necesitó estructurar una programación lo suficientemente atractiva para enfrentar aquel reto competitivo.

Entre el equipo de personas que pasaron a formar parte de la nómina de Unión Radio Televisión, bajo el control de Pumarejo, se hallaba una mujer en la primera mitad de su treintena de años, Celia Sara Ponce de León Pérez del Castillo, que ya desde 1944 había logrado presentar una obra teatral propia, con el nombre artístico de Cuqui Ponce de León, en el Auditorium de La Habana, bajo el título de "El que dirán", coescrita junto a Isabel Fernández, la esposa de Luis Amado Blanco. El seudónimo artístico de Cuqui empezaba a hacerse familiar cuando dos años después las dos autoras conseguían, además, dirigir la puesta en escena, en la misma sala teatral, de la pieza de ambas Lo que no se dice, y meses más tarde, asumir la representación de El loco del año, del escritor Rafael Suárez Solís, por el grupo del Patronato del Teatro, que obtuviera el premio Talía, a la mejor puesta en escena de la temporada anual 1946-1947. Desde 1943 Cuqui ya participaba en la Comisión de montaje del Patronato del Teatro, institución por donde transitó por todas sus especialidades hasta devenir directora de las obras. En 1947 simultanea la dirección teatral con la de los programas dramatizados radiales en la emisora Unión Radio, y luego en el departamento de Radio de la publicitaria Guastella.

Es Cuqui Ponce de León la jefa de programación cuando se inaugura la planta de Pumarejo y quien logra convencerlo de la necesidad de una programación dramática en Unión Radio Televisión. Meses antes, cuando es seleccionada para integrar el equipo fundador del primer canal televisivo, en el período  de organización de esa teleemisora viaja a EE.UU.  a conocer las especialidades televisivas de la NBC. En marzo de 1951, mes en que el entonces presidente Carlos Prío Socarrás inaugura el nuevo medio de comunicación en Cuba con la apertura oficial de CMQ Televisión, Unión Radio Televisión presenta por primera vez, el día 12, en la pequeña pantalla, una obra dramática, Scherzo, escrita por Eduardo Manet, la cual es dirigida por la propia Cuqui. En dicha transmisión intervienen como actores Vicente Revuelta, Manolo Coego, Julia Astoviza y Pedro Martín Planas.

Esta primera experiencia de Cuqui en televisión fructifica en el espacio Teatro del lunes, donde con la ayuda de otros escritores consigue adaptar al nuevo medio de información piezas teatrales y obras literarias de prestigiosos autores. Ella se convierte en la primera mujer que asume las funciones de producción y dirección en televisión en Iberoamérica, a la que seguirían después Clara Ronay y Mary Zwik. Ese mismo año de 1951, Cuqui logra también dirigir el programa Fotocrimen RCA Víctor, donde apoyándose en libretos de Félix Pita Rodríguez escenifica argumentos policíacos o detectivescas en las cuales el público participante debe descifrar quién es el culpable del delito para ganar algunos de los premios que se ofrecen. Por supuesto, que se trata de algún equipo electrodoméstico del fabricante que patrocina el programa. En 1952, Cuqui recibe un curso de arte dramático con Erwin Piscator en la New School of Social Research de New York, EE.UU, para perfeccionar sus conocimientos.

La labor de Cuqui Ponce de León en Unión Radio Televisión no pudo culminar de modo feliz, porque en 1953 Ramiro Gómez Kemp, conocido compositor, cantante y también ex actor cinematográfico que ocupaba un cargo importante como ejecutivo de CMQ-TV, pasa a Unión Radio Televisión como director de programas e influye para que Cuqui y otras mujeres directoras de televisión sean cesanteadas. Ella pasa entonces a la Publicitaria Godoy y Cross, organización desde la cual continuó funciones de productora y directora de televisión para otros canales, y donde también hasta 1955 hizo traducciones para doblajes y comerciales. 

Lamentablemente no han quedado quinescopios que permitan visionar algunos de todos estos programas para dar una valoración artística del trabajo de Cuqui Ponce de León, en los inicios de su carrera televisiva como fundadora en este poderoso medio de comunicación en nuestro país. Pero sabemos que dichas emisiones televisivas respondían a una época a la que no podemos exigirle una elevada calidad artística que no se hallaba entre los objetivos primordiales de los empresarios. La finalidad fundamental de estos era la de vender los productos de los patrocinadores, y para ello acudían a fórmulas conocidas de la televisión norteamericana u otras importadas de la radio.

Cuqui fue, en esencia, una mujer autodidacta. Leía muchos libros sobre teatro, televisión, dramaturgia, iluminación, e hizo muchos viajes a Nueva York en los años cuarenta y cincuenta, donde en Broadway acudía a ver los estrenos teatrales de aquellos años. Siendo una mujer de origen aristocrático —su primer esposo fue el heredero de la familia Upmann, una de las más acaudaladas del negocio tabacalero en Cuba—, tuvo la virtud de no permanecer como un agente pasivo en una sociedad diseñada para conformar a las de su clase al mero hecho de ser consumidoras. En cambio, se preocupó por estudiar, escribir e intentar proporcionar un poco de entretenimiento a través de lo que ella entendía como cultura de una época. Sus piezas teatrales escritas no resistirían hoy un análisis dramatúrgico serio. El critico teatral Rine Leal fustigó en varias ocasiones incluso algunas de las representaciones teatrales que dirigiera Cuqui Ponce de León; en cambio, en agosto de 1959 cuando ella tuvo a su cargo la puesta en escena de "Nacida ayer", de Garson Kanin, reconoce que era una de “nuestras mejores directoras” en las tablas. Ese mismo año Cuqui obtendría otro premio Talía, por su representación de la pieza "Sólo por amor".

En el período revolucionario Cuqui continuó desplegando su talento y brindando sus conocimientos a las nuevas generaciones de directores e intérpretes. En 1962, cuando se crea el grupo teatral Rita Montaner, es nombrada su primera directora, cargo en el que permanece hasta 1968, año en que vuelve a la televisión. Su designación, muchos años después, como miembro de mérito de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y el Premio Nacional de Televisión son un reconocimiento a la trayectoria de toda una vida.



Bibliografía:

Mayra Cué Sierra: “Grandes de la televisión cubana”, Cubarte, 19 de abril de 2008, Sitioweb http://www.tvcubana.icrt.cu
Rine Leal:  En primera persona, Colección Teatro y Danza, Instituto del Libro, La Habana, 1967.

Adonis Sánchez Cervera: “Gerardo Fulleda y el Rita Montaner: cada día nos convertimos más en lo que somos”, El Caimán Barbudo (La Habana), no. 347, Editora Abril.
Lázaro Sarmiento: “Muere en La Habana una descendiente de Ponce de León”, Blog Buena Suerte Viviendo, Sitio web http://lazarosarmiento.blogspot.com, 5 de junio de 2009.

 

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