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Por Leticia Martínez Hernández
Deslumbrarse con lo grande es bien sencillo; tener a mano muchos recursos aliviana el camino, aunque no siempre asegura el éxito. Con el paso del tiempo, recordar lo fastuoso se vuelve fácil; difícil resulta marcar el recuerdo con pequeñas cosas. Solo las buenas ideas que las impulsan pueden salvar a unas u otras del descalabro.
Los de mi generación bien saben de pequeñeces que estampan para toda la vida. No es raro que al juntarnos varios amigos nos riamos y conversemos sobre aquellos muñes que nos vieron crecer. Esos que parecían de cartón y se movían con rigidez, pero que nos dejaban pegados a los asientos, mientras quedaban esperando la tarea de la escuela y el agua caliente en el baño.
Quién no recuerda los añejos capítulos de Había una vez, realizados con el mínimo de recursos, y que, en cambio, nos hacían volar tan alto. Todavía muchos tarareamos aquello de “lunes, y martes, y miércoles tres; jueves, y viernes, y sábado seis”. Y de Arcoiris Musical, que con sus raros Alegrina y Tristolino tantas canciones compartimos y hoy aun coreamos.
La lista de programas y recuerdos podría ser larga; la conclusión simple: no hacen falta grandes recursos para entretener a los más pequeños, enseñarlos, hacerlos soñar. Bastan el ingenio y los deseos de hacer.
Por estos días persigo un programa de televisión con la misma insistencia de aquellos años de muñequitos rusos, aunque ahora no es precisamente una tarea de colegio lo que pospongo mientras me absorbe Art Attack, un espacio que rebasa los límites de la creatividad. Pueden ser un pedazo de cartulina, lápices de colores, crayolas, temperas, papel de periódico… los medios para lograr los objetos más asombrosos, desde una tarjeta de felicitación, un ingenioso cuadro, una pecera llena de peces, hasta una caja fuerte. Lo mejor de todo: termina el programa y muchos de los espectadores corren a sus cuartos para tratar de repetir lo aprendido.
Art Attack no parece exigir mucho en materia de gastos. Un presentador, un busto de piedra animado, y otro artista gestor de los impresionante “atacazos” conforman todo el elenco. A lo que se suma una escenografía elemental pero muy llamativa.
Entonces una pregunta queda suspendida: ¿No puede la televisión cubana desarrollar proyectos ingeniosos con nuestros artistas plásticos, inventivas y maneras de hacer? Recuerdo que hace ya algunos años, la Revista de la mañana, luego la Revista Buenos Días, y en especial su sección “Amanecer Feliz”, dieron espacio para que Cecilio Avilés, uno de los más grandes caricaturistas del patio, enseñara a dibujar personajes tan cubanos como Cecilín, Coti, Guaso, Carburo… Pero, como tantas buenas y pequeñas ideas, esta no tuvo el necesario fijador. Aunque hace unos días volví a prender el televisor bien temprano y apareció Cecilio de nuevo, mas esta vez dibujaba un galeón que ni el más avezado de nuestros niños podría dibujar a esa hora de la mañana.
Mientras esperamos el gran capital para hacer los megaprogramas, nuestros niños crecen prefiriendo a las Barbies, soñando alejados mundos y desconociendo sus verdaderas capacidades. Sigo pensando entonces que los niños de hoy necesitan recordar y reír mañana de aquellos irrepetibles y aleccionadores minutos frente a la tele. Y créalo: para ello no se precisan grandes recursos.
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Dicen que es un programa infantil; lo pasan en un horario eminentemente para niños; al menos con esa idea se concibió inicialmente el programa Art Attack. Desde hace algún tiempo, en Cuba, este espacio cautiva a niños, pero también a adolescentes, jóvenes, y adultos, incluyendo a los mayores. Actualmente es uno de los programas “infantiles” mas vistos aquí. El programa fue creado por Neil Buchanan y Tim Edmunds. Ambos hicieron el piloto de Art Attack en una alberca en Gillingham en 1988, y la serie comenzó al año siguiente. Al inicio duraba solo 15 minutos pero fue ampliada a 20 minutos a partir de la serie 11. En Latinoamérica, es conocido también como Arte Manía, y el programa se transmite en dos versiones: una presentada por el mexicano Rui Torres (2000-2002) y la española de Jordi Cruz (2003) que luego fue doblado para neutralizar el acento. Desde octubre del 2008, el propio Neil Buchaman ha trabajado también como conductor en Latinoamérica, en una versión doblada de Disney Channel. Una de las inclusiones más famosas de Art Attack son los “atacazos artísticos”, hechos por Neil Buchanan a gran escala en áreas al aire libre. Uno de los más conocidos es un “cuadro” gigante de la cara de la Reina Isabel II, el cual fue hecho utilizando 25.000 billetes de libras esterlinas; otro, de sus más famosos es el horizonte de Manhattan, Nueva York, con sus apartamentos iluminados como si fuera una escena de navidad. Las obras de Buchanan son mostradas mundialmente. |
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