mié. Abr 8th, 2020

Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

¡Qué gente Alberto Luberta, pero qué gente!

El libro escrito por Yohan Michel Madrigal Segredo y Pedro Ángel Hernández Herrera es un muy merecido homenaje para enaltecer la vida y la obra de ese maestro que fuera Luberta

¡Qué gente Alberto Luberta, pero qué gente!


Aunque es ya un lugar común ese criterio de que los cubanos hacemos de todo un chiste, desgracias incluidas, en el ámbito profesional de la comunicación este axioma no se cumple del todo. Por un lado, sí es constante la presencia callejera de esa frase chispeante, de la salida ingeniosa desde cualquier voz anónima del pueblo, que no pocas veces saca presión a la caldera de lo diario y alivia el stress con una sonrisa. Sin embargo, por el otro, convertir ese brote esporádico en sembradío y adecuarlo además a las mil y una exigencias de un medio de difusión, no resulta para nada una tarea sencilla. No por gusto se ha repetido mucho la sentencia de que, en cualquier espacio creativo, resulta mucho más fácil hacer llorar que reír.

Es por eso que el humorista es un ser excepcional. Se trata de una persona que, además del ingenio, debe tener también el saber, la constancia y dedicación necesarios para convertir ese chiste fugaz en un texto de calidad, coherente y útil. Las exigencias y dificultades de índole técnica, de dramaturgia, contenidos, en fin, que se requieren para hacer publicable un trabajo en los medios, se multiplican en el caso de los programas humorísticos. Imagine entonces lo que significa sostener una labor con tales grados de complejidad, prácticamente día por día, durante cinco décadas. Un record como ese, fue el legado de uno de los más grandes escritores y humoristas cubanos.

La editorial En vivo publica ahora el libro Alberto Luberta Noy. Constructor de risas, de la autoría de Yohan Michel Madrigal Segredo y Pedro Ángel Hernández Herrera. El texto es un muy merecido homenaje para enaltecer la vida y obra de ese maestro que fuera Luberta. Baste recordar las muchas frases y personajes arquetípicos que dejó grabados en la voz y la risa del pueblo, desde ese espacio insignia de la radio que fuera Alegrías de sobremesa, como para levantarse a aplaudir su memoria y su trabajo de muchos años.

Ambos escritores, Madrigal Segredo y Hernández Herrera, ostentan estudios superiores en ramas afines a los medios de difusión. El primero es Máster en Realización Audiovisual y Profesor de Historia de los Medios de Comunicación Audiovisual en el Instituto Superior de Arte (ISA). El segundo, es Doctor en Ciencias Pedagógica y Profesor de la Maestría en Realización Audiovisual, en el propio ISA. De esta unión autoral nace este libro, tan necesario como útil, igual para las personas afines al medio como para el público en general.

Quizás, una de las mejores definiciones para describir al protagonista de este volumen sea esta, del hoy Presidente de la Casa de las Américas, Abel Prieto: “Alberto Luberta fue sin lugar a dudas un pilar de nuestra cultura, hizo una proeza haciendo ese programa tan vivo, tan vital, que tiene que ver tanto con nuestra idiosincrasia durante tantos años (…) Hay que tratar de que su obra tenga seguimiento, que surjan guionistas como él (…) Ese costumbrismo excepcional que al mismo tiempo tiene ese aliento patriótico, fue lo que hicieron otros como Enrique Núñez Rodríguez, Carballido Rey (…) El humor, que Luberta creo lo entendió mejor que nadie, es un factor de resistencia de este pueblo”.

En el texto se recorren amplios pasajes biográficos de Luberta, desde los orígenes familiares y los inicios en la profesión. Se incluyen las distinciones y reconocimientos recibidos por el escritor en su vida, entre ellos el Premio Nacional del Humor, además de un material gráfico con fotos, caricaturas y hasta historietas. Junto con la mención de los personajes y actores del famoso edificio donde se desarrollaba el espacio radial Alegrías de sobremesa, se adjunta también un amplio compendio de comentarios, anécdotas y recuerdos de diversas personas. Además, hay una profusa muestra de guiones, sketches y, dato menos conocido, también canciones, parodias y otros trabajos del escritor. En estupenda idea, para actualizar y preservar la labor de este humorista, en tiempos recientes se produjo un dibujo animado a partir de grabaciones digitalizadas del propio espacio radial que escribía Luberta.

Ineludible resulta un libro como este, en aras de preservar la historia y la memoria de uno de nuestros grandes del humorismo. Las pantallas de papel de Alberto Luberta Noy, esperan por ser abiertas.


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