6 de abril de 2026

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Editorial envivo del ICS

Adiós a Jorge Losada, el humor hecho vida

Jorge Losada

Jorge Losada

Hay hombres que no se despiden del todo. Se quedan flotando en la memoria colectiva, en una frase dicha a destiempo, en una risa que todavía nos sorprende cuando la evocamos sin querer. Así se nos queda hoy Jorge Losada, que este 5 de abril de 2026 ha cerrado los ojos en La Habana, a los 92 años, como quien baja el telón después de una función larga, intensa y profundamente humana.

Nació en 1933, en el barrio de Belén, con esa mezcla de precariedad y picardía que suele parir a los grandes humoristas. Él mismo lo contaba con naturalidad: fue un niño pobre, pero con una necesidad irreprimible de hacer reír. Quizás por eso el destino lo empujó, sin demasiados rodeos, hacia el escenario. O quizás fue el amor —o el desamor— el que lo empujó primero: aquel poema que no pudo entregar y que terminó declamando en Radio Mambí, frente a un público que no conocía, pero que ya empezaba a ser suyo. Ganó. Y sin saberlo, empezó a ganarlo todo.

Durante más de seis décadas, Jorge Losada fue muchas cosas: actor, declamador, humorista, maestro. Pero sobre todo fue una presencia. Un rostro inconfundible de la televisión cubana, una voz que se volvió familiar en la radio, un cuerpo que habitó el teatro con disciplina y respeto. Su paso por agrupaciones como el grupo Ismaelillo o el Teatro Musical de La Habana, bajo la guía de figuras como Héctor Quintero, fue consolidando una carrera que nunca se acomodó en la facilidad. Cada personaje —decía— era un reto distinto, una batalla íntima.

Y sin embargo, el humor siempre regresaba a él como un refugio natural. Desde los años en Pateando la lata, donde su vis cómica encontró una complicidad directa con el público, pasando por A otro con ese cuento, espacio en el que reafirmó su madurez como humorista, Losada demostró que hacer reír era un acto serio, casi sagrado. 

Había en él una ética que no negociaba. Hablaba de la sinceridad, del rechazo a la mentira, del peligro de la doble moral, como quien ha vivido lo suficiente para no engañarse. “La condición humana es nuestro espejo”, decía. Y uno sospecha que esa frase no era solo una reflexión, sino una forma de actuar.

Su historia está llena de pequeñas anécdotas que lo retratan mejor que cualquier premio. Como aquella, casi increíble, de cuando siendo un joven mensajero cargó en brazos a un niño curioso para que pudiera subirse a una máquina de masaje en el vestíbulo de un teatro. Años después supo que aquel niño era Plácido Domingo. Y lo contaba entre risas, como quien sabe que la vida, a veces, escribe sus mejores guiones sin pedir permiso.

Su carrera es vasta: teatro, cine, radio, televisión. Desde Soy Cuba hasta Guantanamera, desde La semilla escondida hasta Donde hay hombres no hay fantasmas. Personajes memorables como Don Quijote de la Rampa o El Caballero de Pogolotti, este último merecedor del Premio UNEAC en 1986. Reconocimientos como la Orden por la Cultura Nacional y el respeto de generaciones enteras de artistas que encontraron en él no solo a un colega, sino a un referente.

Pero más allá de los galardones, queda el hombre que nunca dejó de trabajar, que siguió actuando incluso en sus últimos años, que apareció por última vez en la telenovela Renacer, como quien se resiste a abandonar del todo el escenario.

Hoy duele su partida. Duele porque con él se va una forma de entender el arte: rigurosa, honesta, profundamente comprometida con el público. Duele porque su risa —esa que parecía sencilla, pero estaba llena de oficio— ya no será nueva, sino recuerdo.

Y sin embargo, hay algo que no se apaga.

Jorge Losada permanece en cada escena que nos hizo creer, en cada chiste que nos desarmó, en cada actor que aprendió de su ejemplo. Permanece en esa Cuba que lo vio nacer y que hoy lo despide con la gratitud de quien reconoce a uno de los suyos.

Descansa en paz, maestro.

Gracias por tanto.

Autor

  • Félix A. Correa Alvarez

    Geógrafo y periodista. Diplomado por el Instituto Internacional de Periodismo “José Martí”. Colaborador, editor y corrector de estilo del Portal de la TVC y el boletín ComunicarTV. Ha colaborado con diversos medios de prensa como Juventud Rebelde, Alma Mater y el periódico Vanguardia.

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