11 de abril de 2026

envivo

Editorial envivo del ICS

Trompoloco vive en la memoria colectiva

Por décadas, el payaso Trompoloco llenó de risas los hogares cubanos y hoy, a 20 años de su partida física, lo evocamos como hombre culto y apasionado del arte.
Trompoloco

Por décadas, el payaso Trompoloco llenó de risas los hogares cubanos. Pero detrás de la peluca roja y los zapatos enormes estaba un hombre culto, sensible, apasionado por los niños y el arte.

La actriz y maestra Nilda Collado Sotolongo (Camagüey, 1935 – La Habana, 2021), –quien fuera su cómplice artística–, compartió hace algunos años en el evento “Barquito de papel”, en Matanzas, recuerdos que hoy suenan como una carta de amor al circo, a la televisión y a una época de oro.

El nacimiento de un personaje

Nilda con voz reflexiva, rememoró la primera vez que Erdwin Fernández Rodríguez —nacido en La Habana el 27 de diciembre de 1937 y fallecido el 3 de junio de 2006— salió al escenario. Algunos pequeños, al verlo, se asustaron. Aquella confusión fue el punto de partida del mito. Entonces, Erdwin en lugar de amilanarse ante las dificultades se propuso estudiar más sobre el arte del clown y su historia.

Así nació Trompoloco, el payaso entrañable que mezclaba las tres tradiciones clásicas del clown: el Carablanca, el Augusto y el Tony. Erdwin, con inteligencia y ternura, combinó la autoridad elegante del primero, la ingenuidad y torpeza graciosa del segundo y la provocación aguda y astuta del tercero. El resultado fue un personaje auténticamente cubano, lleno de humor limpio, ternura y cultura popular.

Erdwin fue un hombre de formación sólida: graduado de Teatro Clásico, Licenciado en Historia del Arte y especialista en Arte Latinoamericano. Su cultura “enciclopédica”, como decía Nilda, lo ayudó a elevar el trabajo del payaso a un nivel artístico y humano excepcional. “Vivió del arte, no para el arte”, solía decir ella, recordando las duras lecciones de un hombre que transformó la sencillez en nobleza.

Se inspiró en la labor del trío español Gaby, Fofó y Miliki, llegado a Cuba con el circo Santos y Artigas, y que pronto se convirtió en uno de los primeros grandes referentes del payaso televisivo antes de 1959.

Siguió las recomendaciones del alemán Ninón, quien le aconsejó “Sé como Chaplin; dignifica al pobre”. A partir de ese momento, Erdwin hizo de su vida una lección de dignidad y amor por las infancias.

En la Televisión Cubana fundó el célebre programa Circo en TV siempre con el precepto de potenciar el humor ético que evitaba lo chabacano. Junto a Chorizo, llevó el arte circense a los hogares de la Antilla Mayor, arropado por las canciones de Gavilondo Soler, con letras educativas que han quedado grabadas en la memoria de varias generaciones.

Una pareja unida por el arte

Nilda y Erdwin se conocieron jóvenes, fueron novios durante cuatro años y compartieron más de cuarenta años de matrimonio. Además de ser actriz, Nilda estudió música, ballet, piano, canto y teoría de la música: una formación que complementó a la perfección el talento escénico de su compañero. Se consideraba una mujer privilegiada, porque trabajó en el lugar que le gustaba y además le pagaban por hacerlo, confesó.

Tras la muerte de su esposo, dedicó los últimos años de su vida a uno de los proyectos comunitarios de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba: “El Patio de las Narizotas y los Zapatones”, en la sede del proyecto comunitario Arte Patio, en el capitalino municipio de Arroyo Naranjo, donde enseñaba a las futuras generaciones las técnicas básicas del clown —la nariz roja, los zapatos grandes, el arte de la caída—, defendiendo que la risa también puede ser una herramienta educativa.

Nilda también fue una de las promotoras del desaparecido Concurso/Festival de Payasos “Erdwin Fernández in memoriam” que surgió en el marco del movimiento circense cubano de los años 2000 como homenaje a Trompoloco. En 2015, Nilda formó parte del jurado de la séptima y última edición nacional, celebrada en el Centro Cultural Cinematográfico Yara. Esta reportera, que tuvo la oportunidad de asistir a ese encuentro, considera que sería muy valioso rescatarlo y actualizarlo para las nuevas generaciones porque, como bien afirmó Nilda: “Trompoloco es un ejemplo de la resistencia cultural del pueblo cubano”.

Una lección para el presente

A veinte años de su partida física, el legado de Trompoloco perdura en la Carpa que lleva su nombre y ha devenido símbolo del arte circense nacional e internacional así como punto de encuentro para artistas de todas las edades.

Entre risas y melancolías, entre aplausos y silencios, Nilda Collado y Erdwin Fernández siguen habitando la memoria afectiva de Cuba. Allí donde un niño sonríe ante un payaso, Trompoloco vuelve a vivir.

Autor

  • Maya Quiroga

    Periodista, guionista y directora de medios audiovisuales. En 2015 se graduó como Licenciada en Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (perfil: dirección de cine, radio y televisión, con Título de Oro) en la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) de la Universidad de las Artes.

    Ver todas las entradas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

2 × cinco =

| Newsphere por AF themes.