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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Adiós a un amigo, chivador y brillante

Julito, ojalá que exista el trasmundo. Y que allá tengan un equivalente de El Cuchillito, ese bar aledaño a Progreso

Podía ser que alguien llegase, malhumorado, a esa mole azul que en la habanera calle Infanta alberga a Radio Progreso.

El malestar del susodicho quizás se debiese a que lo hubiera botado la noviecita adorada. O a que acababa de viajar, comprimido hasta la asfixia, en un ómnibus de la ruta 174. Vaya usted a saber.

Ah, pero el talante del recién llegado podía transformarse instantáneamente en euforia. Si se encontraba con Julito.

Sí, el tremendísimo Juan Julio Alfonso, quien acaba de emprender el viaje sin retorno. Uno de los tipejos más simpáticos, ocurrentes, bromistas, burlones y campechanos que ha vivido bajo este cielo patrio que nos alberga.

Pero no solo fue el arquetipo del jodedor cubiche, sino también el profesionalísimo actor. Capaz de incursionar en la radio, la tv o los dibujos animados. A quien lo mismo hallábamos en un programa humorístico que en uno policíaco o en una radionovela.

Los que peinamos canas —y algunos que ya nada peinan—recordamos el grato dueto que formó con Martica del Río en el programa Si no fuera por mamá.

Su voz la encontramos en la serie de Elpidio Valdés.

Capítulo aparte merece su presencia en Alegrías de Sobremesa, ese programazo que Alberto Luberta le regaló a Progreso, donde fue Tío Neno, Jujulito, Porfirio Regalado, Narciso. Y donde, para dar otra prueba de aptitud, encarnó a Lisandrito, un personaje distante mil leguas de sí mismo.

Para finalizar, un mensaje:

Julito, ojalá que exista el trasmundo. Y que allá tengan un equivalente de El Cuchillito, ese bar aledaño a Progreso. Si es así, podremos carcajearnos, en medio de extractos etílicos, con esa vertiente del folklore que nadie como tú ha dominado: el cuento de relajo cubano.

 

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