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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Desafíos de la comunicación

En la era contemporánea varios programas e merecen un mayor destaque en la programación, pues influyen en la formación del gusto, de los valores éticos y estéticos

Los conciertos del maestro Chucho Valdés son únicos e irrepetibles.

A la TV se le habla como si fuera un miembro más de la familia, con todas las implicaciones que esto conlleva. Los públicos piensan, eligen, discriminan y, finalmente, seleccionan su programa de acuerdo con las expectativas personales.

Las personas quieren conocerse, reconocerse, le piden al medio tradicional que informe, instruya, eduque, entretenga. No podía ser de otra manera, pues en el siglo XXI los imaginarios colectivos sobre productos de la representación mediática, desde el punto de vista antropológico. Al parecer todo interesa, aprendemos de lo bello y lo feo, lo dramático y lo jocoso, son intereses consustanciales a los humanos.

El llamado planeta medios de comunicación vive una conmoción sin precedentes. Tenemos necesidad de perfeccionar las maneras de intervenir sobre la información difundida por diferentes vías.

Cada canal y cada programa deben marcar las diferencias, solo así surge lo rico y lo diverso; urge instaurar una mirada otra a recursos narrativos, los cuales utilizan textos verbales, visuales, semejantes en contenidos y estéticas.

En Cuba no siempre se ubican en horarios estelares aquellos espacios que merecen la atención de las mayorías, por ejemplo: ¡Bravo! (lunes, 8:30 p.m.), La danza eterna (domingo: 10:00 p.m.), ambos del Canal Educativo. De igual modo, los conciertos de Chucho Valdés (Canal Clave) y de otros artistas virtuosos de Cuba y del mundo deberían ser retransmitidos. Son únicos en su perfil, merecen un mayor destaque en el diseño de programación.

Es preciso mover el pensamiento a partir de una instancia que trasciende la base informativa: el conocimiento, este se incorpora al acceder los televidentes a la cultura –en la más amplia acepción del concepto– e influye en el crecimiento espiritual mediante valores que revelan actitudes.

Lo valedero resplandece en cada emisión cuando un programa tiene el basamento y el respaldo del buen gusto, el cual garantiza la calidad del relato televisual, ya sea informativo, musical o de ficción. En ocasiones, la intencionalidad de lo educativo suele interpretarse con didactismo a ultranza, ¿acaso se olvida que una metáfora es tan valiosa como el concepto científico, si suscita emociones en públicos diferentes?

Un enfoque fundado en la cultura es, por antonomasia, incluyente, y su discurso plural. La percepción artística no es solo un acto de reproducción, sino de co-creación. El juego enunciativo de los medios de comunicación desemboca en lo que consideramos una cuestión ética: la responsabilidad de decir. Asimismo, en la visualidad actual, la estética existe fuera del universo del arte, en el que ya la belleza no ocupa el lugar cimero.

Nuevos desafíos plantea la comunicación a los sistemas educativos, culturales, sociales, dado el controvertido universo de temas y soluciones formales que circula por las corrientes subterráneas.

El consumo cultural participativo es apropiación, recepción y uso. Como todo discurso, el icónico encierra asociaciones, que la televisión cubana tiene posibilidades de incorporar a sus emisiones y así privilegiar la diferenciación estética individual, irrepetible. Pensemos en esto.

Foto: Jorge Valiente

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