Eduardo Rosillo: voz de pueblo y sonar cubano
Eduardo Rosillo
Nombrado generalmente por su primer apellido, Ángel Eduardo Rosillo Heredia fue una de las voces emblemáticas de la radio cubana que encontró especialmente en Radio Progreso la extensión de su casa y el entorno filial para desarrollar sus proyectos.
El medio radial fue su lugar escogido desde que vio por primera vez unas bocinas amplificadoras en su terruño natal y se posicionó detrás del micrófono hasta convertirse, con el pasar de los años, en una especie de enciclopedia natural.
Voz del barrio y sus hacedores; constante velador por mantener viva la herencia de los pioneros en la música cubana, Rosillo favoreció a lo que es hoy el desarrollo de proyectos culturales tan conocidos y respetados como la Ruta del son, Bailando casino entre otros.
Verlo sentado en su sillón junto al ventanal que daba hacia la calle Vapor, pasadas las dos de la tarde era motivo de un esperado encuentro y constituía una cita con remembranzas personales, muchas veces vinculadas a la música cubana. Y es que, en su voz, las anécdotas vividas o investigadas de primera mano, tenían una forma peculiar.
“La música cubana es rasgo identitario de la nación, posiblemente no haya otra expresión artística que nos haya internacionalizado tanto como lo ha logrado la música o haya dejado tan profundas huellas en la visión genuina de lo que somos; y eso hay que defenderlo como mismo se habla de la independencia patria”, decía el excelso orador.
Así, eran sus constantes reflexiones y su obstinada (para bien) manera de entender los diferentes fenómenos en torno a la cultura. Rosillo reverenciaba la música popular, independientemente del género, pues encontró en cada una de sus variantes la manera más efectiva de responder al modo de hablar, moverse, pensar y sentir del pueblo; de ahi que fuese su representación manifiesta llevada a acordes y melodías variadas.
La radio en medio de ese devenir era su centro de interés por el alto potencial que le concedía para “poder entrar en casa de los escuchas sin apenas pedir permiso”. Además, el medio, era el vehículo infalible de comunicación y reciprocidad emocional y de conocimiento.
Por ello, cada proyecto que asumió desde sus inicios hasta “Un domingo con Rosillo” (el último de sus “hijos” radiales), los concibió desde la más absoluta interacción con el radioyente. Por ello, cada invitado, tema polémico o debate, estaba ideado en función del interés del receptor, a quien en todo momento valoró de inteligente y sensible.
Con una voz perfectamente identificable y un modo de decir igualmente propio, aun cuando su paso se tornó más lento y su corazón decidió tomar un ritmo que nada tenía que ver con la velocidad mental “rosillesca”, Eduardo no dejó de soñar con lo que pudo ser la última de sus victorias: la casa del Son, proyectada para ser ubicada justo en la centrohabanera calle Vapor.
Incomprensiones e innecesarias dilaciones impidieron que se tornara realidad su deseo de crear un sitio donde se uniera la investigación con el goce de la música popular cubana. Pero su legado sigue vivo entre quienes no dejan morir sus ideas.
Ojalá en estos tiempos en que se propone llevar la cultura al barrio, aun cuando no sea en su querida calle Vapor, se cree un sitio donde se reverencie la música popular cubana y sus hacedores. Ojalá a ritmo de pueblo se recuerde a Eduardo Rosillo como promotor incansable de lo que significa sonar cubano.