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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Radio Instituto de Cultura Popular en el diálogo cubano y latinoamericano

Incentivó la colaboración entre instituciones radiales cubanas y latinoamericanas

Una de las instituciones de alcance asociativo en la República lo constituyó el Radio Instituto de Cultura Popular, surgida en los inicios de la década del cuarenta del siglo XX, el 25 de noviembre de 1942 y que tuvo vida efectiva hasta el 12 de enero de 1953.

 Su objeto social era cultural y radicó en el domicilio de Infanta, No. 476, en el barrio del Cerro, con una mesa de gobierno que regiría por tres años y sería elegida en diciembre. En caso de disolución pasaría como Casa de Maternidad y Beneficencia.

Aunque su domicilio radicaba en la capital de la República, la misma podría establecer todas las delegaciones que para el mejor desenvolvimiento de sus actividades considerara necesarias, tanto en el interior como fuera de Cuba.

Tenía como fin esencial rendir en un grupo compacto que les permitiera continuar sus labores de difusión artística y cultural a los que integraron el programa radial de igual denominación que se trasmitió en la emisora C.M.B.Q.; y a la vez sirviera como lazo de unión y ayuda mutua para los mismos y trascendiera hasta los que en lo futuro formaran el cuerpo o núcleo inicial de la institución.

Sería objeto de la misma, por lo tanto, la mayor difusión de la cultura en su forma más amplia y racional, de las buenas costumbres, el respeto, la justicia, la moral y el civismo, la cooperación y la comprensión entre los hombres, y de las bellas artes a través de cuantos medios fueran posibles. Además, cooperaba con las instituciones docentes, públicas y privadas. Se ofrecía un estímulo para la niñez que estudiaba, de manera que la enseñanza constituyera para el niño una esperanza de enaltecimiento de su propia personalidad. Utilizaría para la propagación de sus doctrinas como medios principales, la radiodifusión, la prensa, la tribuna, la cinematografía, el libro, el folleto y todos los medios de expresión del pensamiento.

La organización enfatizaba la difusión de la vida y obra de José Martí, el conocimiento de nuestra historia, de nuestro folklore, de nuestra literatura, de nuestra música, de nuestras artes, de nuestras riquezas industriales, mineras, comerciales, agrícolas o de cualquier otra naturaleza.

Además, resaltaba la mayor identificación con la vida de nuestros grandes hombres en las ciencias, las artes, la política. También pronunciaba el amor a América  y promulgaba un estrecho acercamiento de todos los pueblos de este continente; así como amar y propiciar la paz de la familia, de la comunidad, de la patria y del mundo, mediante el entendimiento y buena fe de los hombres entre sí.

Se consideraba el trabajo como potencia liberadora y altamente útil. La institución velaba por el tema del amor hacia nuestros monumentos, obras de arte, riquezas arquitectónicas o históricas, y a propender a su conservación y cuidado para su mayor perdurabilidad; así como incentivaba a sentir el más bello cariño por la ciudad de La Habana; además de estimar y utilizar la radiodifusión, la prensa, el libro, la cinematografía, el teatro, la tribuna, y cuantas formas de expresión del pensamiento humano existieran como elementos de progreso y avance de nuestra civilización.

Podrían pertenecer a esta institución todas las personas o entidades que de perfecto acuerdo con sus doctrinas así lo deseaban, sin distinciones raciales, religiosas o partidaristas, con el deber de aceptar, cumplir y respetar el Reglamento y los acuerdos tomados en la organización.

Los asociados se denominaban Miembros de la Institución y se clasificaban de la forma siguiente: miembros fundadores, cooperadores, de honor, de mérito y de número. Para estar inscripto en la asociación como miembro de la misma, era necesario formular la solicitud por escrito, de acuerdo con la forma que determinara su mesa de gobierno, dirigida al Director General de la organización, que ordenaba las investigaciones pertinentes relacionadas con la conducta y antecedentes del aspirante, y se sometía a la consideración de la primera junta que celebrara la referida Mesa de Gobierno, para su aprobación o denegación.

Eran miembros fundadores los que prestaban su cooperación voluntaria y desinteresada al mayor éxito del programa radial que sirviera de base a la asociación; como  miembros cooperadores estaban los que de una forma material superior en su valor a la cuota de socio de número, prestaran su concurso al mejor desenvolvimiento económico de la Institución; como miembros de honor se distinguían los que sin haber pertenecido al citado programa contribuían al éxito del mismo con sus servicios o acciones y los que en el futuro se hicieran acreedores de tal distinción.

Los miembros fundadores, de honor y de mérito, estaban exentos de pago de cuota alguna; los miembros de número abonaban una cuota mensual de cuarenta centavos y los cooperadores, cuando no se trataba de personas o firmas comerciales, industriales o educacionales que utilizaran los medios de publicidad de la Institución para la inserción de anuncios, caso en el cual regía una tarifa que se acordaba  para los mismos, abonaba una cuota voluntaria siempre mayor, que la asignada a los miembros de número. El haber sido designado por la Institución Miembro de Honor o de Mérito de la misma, en gratitud a los servicios que hubiesen prestado, no era requisito para que una persona o entidad figurara además en la lista social como miembro cooperador o de número, si es que deseaba prestar su concurso para su mejor desenvolvimiento económico.

Las firmas o entidades asociadas a la Institución designaban un miembro de las mismas que las representara en todos los actos que se celebrasen cuyo nombre lo informarían previamente a la Dirección General, pudiendo sustituirlo por cualquier otra persona cuando así lo deseen, pero siempre avisando el nombre del sustituto por escrito dirigido al Director General.

La falta de pago de dos mensualidades consecutivas de la cuota social era motivo suficiente para que la Mesa de Gobierno dispusiera que el asociado deseara causar baja voluntariamente y así lo determinaba.

El gobierno del Radio Instituto de Cultura Popular, que se denominaba Mesa de Gobierno, estaba integrado por un Director General, quien presidía las sesiones y todos los actos que celebraba la Institución. Este decidía con su voto de calidad en caso de empate en cualquier discusión y ostentaba la representación y dirección máximas de la misma, con amplios poderes para resolver de por sí en caso necesario cualquier cuestión urgente, sometiendo posteriormente su resolución al resto de la Mesa para su sanción; un Vice Director General,  lo sustituía en caso de ausencia o enfermedad; siete Consejeros y siete Vice-Consejeros.
Las secciones de la institución tenían como título: Cultura y Publicidad; Bellas Artes y Programas; Tesorería y Asuntos Económicos; Actas y Correspondencia; Asuntos Femeninos e Infantiles; Medicina y Cultura Física; y Radio-Técnica y Acústica.

Como emblema oficial ostentaba la Institución un escudo al centro de dos alas abiertas, de forma recta, teniendo como fondo una torre, antena de radio, en cuyo punto cimero se notaban unos pequeños rayos; el escudo era de forma suiza, cortado en su parte más alta por una línea sobre la cual llevaría las iniciales: R.I. de C. P. En su parte baja lustraba los siguientes dibujos: un sol tras un libro, una esfera o mapa-mundo, una lira y un tintero con una pluma.

La bandera o gallardete de la Institución ostentaba en su centro el emblema de la misma, bordado en oro, circundando por las siguientes palabras: “Por el bien, la cultura, el trabajo, la salud y el amor”. Tenía tres triángulos, uno azul a la izquierda, uno superior y otro inferior blanco, en el centro y a la derecha, llevaba un romboide de color rojo, con el que remataba en forma triangular la bandera.

Los lemas que adoptó la Institución eran: “Una institución humanista al servicio de la Humanidad”, “Por una América grande y libre para que podamos aspirar a ser siempre grandes y libres los americanos”, “Hacia una humanidad mejor, mediante la educación del hombre para el bien y el amor”, “A la victoria por la Economía”, “Nuestro ideal: elevarnos sobre nosotros mismos, siempre mirando hacia lo alto y siempre dispuestos a servir a nuestros semejantes”.

El Director General fue Wifredo Fontals Sánchez; Vice-Director General: Beatriz Viada Giménez; Consejeros: Hortensia Cecilia Varela de Cubiles, el maestro Juan González Rubiera, Mariano Gómez Dilla, la profesora Hortensia Docampo Peña, Dra. Sara Calofre, Miguel Tuma Fillar y Vicente Carranza; como Vice-Consejeros: Elda Bilbao, Pedro L. Costales, Nita Almansa, Ángel Céspedes, Hilda Pérez Villar, Rodolfo Rodríguez y Humberto Fontanals Sánchez.

En agosto de 1943 la institución trasladó su domicilio de Infanta no. 476, en el Reparto Las Cañas, en el Cerro, para Piñera, No. 237, en el Cerro también.

Los contenidos abordados nos refieren a las capacidades movilizadoras de esta asociación. El Radio Instituto de Cultura Popular trascendió los espacios del país para insertarse en el diálogo continental de la radiodifusión, con lo cual ofreció un incentivo más rico y dinámico en los lazos de colaboración con otras instituciones radiales. Sus estatutos reglamentarios demostraron la seriedad y solidez de los principios tanto de la directiva,  como de los miembros de la denominación. Todas estas coordenadas nos remiten a un pasado que nos permitirá, con su estudio, actualizar la experiencia radial en el presente.

* Historiadora. Investigadora Auxiliar del Instituto Cubano de Antropología.
Bibliografía:
Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Registro de Asociaciones: Radio Instituto de Cultura Popular: Expediente: 8413. Legajo: 293.

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