mié. Sep 23rd, 2020

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

¿Cautivar a los nativos digitales?


Acercamiento a espacios y estéticas televisuales

En el siglo XXI, el relato audiovisual se adecua al panorama instaurado por la comunicación en la era de internet, esta genera transformaciones condicionadas por el uso y la disposición de los nuevos medios que pasan a ser colaborativos.

 

Cada jornada, la TV cubana afronta múltiples desafíos, debe enfrentarlos con recursos tecnológicos, puestos en manos expertas, ideas y pensamientos que contribuyan a la expansión de capacidades mentales. En la red, el receptor genera modalidades propias de acceso a las narraciones, manifiesta hábitos de lectura, participa en la contextualización de lo contado en la obra abierta que él reelabora.

En las ficciones audiovisuales el peso de la acción dramática lo llevan tanto los diálogos como las acciones, la iluminación, el encuadre, los sonidos, que exterioricen el conflicto. Las puestas mantienen vigencia por su condición de verdad artística. Desde esta perspectiva, asume Multivisión el espacio dominical Cine de aventuras. Por lo general, el programa incentiva el disfrute de libros –El conde de Montecristo, Robin Hood– de utilidad para las civilizaciones modernas, pues tratan sobre costumbres, mitos, sistemas morales, posturas éticas, pugnas universales.

En la construcción de las historias suele aparecer artificialmente “lo velado”, descubrirlo revela una verdad secreta. Quien está frente a las pantallas debe ser consciente del valor de lo inesperado, de cómo se cuenta el relato, de las provocaciones impuestas por el azar, de la estructura narrativa, en tanto serie de hechos cardinales que varían una situación.

Por ejemplo, el espacio Senderos del Oeste (Cubavisión, lunes, 2:00 p.m.) se fundamenta en un clásico argumento de los franceses Jean-Claude Carrière y Pascal Bonitzer: “El cine es un hombre que llega a caballo a una ciudad del oeste y nada sabemos de él. Va a definirse poco a poco, por sus gestos, por sus miradas. Ese primer fragmento es casi totalmente mudo, lo que se diga y lo que se haga después, determinará las perturbaciones de orden caracterológico de la historia”.

No olvidemos que todo texto lleva implícita una teoría filosófica, la cual debe ser desentrañada de él dentro de un corpus general. Incluso los discursos más banales tienen una teoría implícita, exigen la inteligencia lectora, el análisis del sentido oculto del relato.

El espectáculo mediático lleva a las pantallas modos nuevos de seducir en una cultura conformada a retazos, en ella las distintas piezas se unen en una red y esta configura un proyecto de vida en el que muchas personas se reconocen.

Dado su carácter de proceso productor de significaciones, la cultura es clave en la comprensión de la naturaleza comunicativa, vivimos en un mundo modificado por el cine, la televisión y la web, fenómenos que aportan elementos a la experiencia estética. En este panorama la ficción audiovisual presupone aportes de expertos que construyen un producto plagado de mediaciones destinado a públicos espectadores-consumidores.

Todo relato cuenta dos historias: una explícita y otra que se debe desentrañar de la polifonía textual, de su poder simbólico, cuya eficacia se ejerce en el  sentido del conocimiento.

Si los realizadores jóvenes sistematizan aprendizajes de lo establecido para romper y transgredir maneras de contar, pueden lograr soluciones novedosas en las historias que cuentan. La experimentación es un valor cuando constituye una necesidad expresiva. No basta el intento de decir algo nuevo, lo importante, es que ese algo propicie sentir y ver con una mirada-otra la construcción de lo real, los sentimientos, la vida cotidiana.

En opinión del primer actor, Alden Knight, “un buen guion establece pautas que el resto del equipo de realización debe enriquecer. A los actores nos corresponde aportar credibilidad, convencer con gestos, palabras y acciones coherentemente diseñadas”.

Para quienes comienzan en el arte de la actuación, la primera actriz Herminia Sánchez, Premio Nacional de Teatro, mantiene un consejo invariable: “estudiar con sistematicidad. Nos pasamos la vida aprehendiendo de los otros humanos, de sus circunstancias y conflictos”.

¿Cómo cautivar a los más jóvenes espectadores? En un mundo interconectado, si bien el medio televisual no es el único responsable del enriquecimiento cultural de los públicos, mucho puede hacer por él. A las buenas intenciones, a la tecnología, se impone añadir pensamientos e ideas novedosas, que motiven a los nativos digitales, en su mayoría deseosos de obtener conocimientos mediante las experiencias audiovisuales que viven en la red día a día.

De acuerdo con Luis Lacosta, escenógrafo y director de arte: “La visualidad en pantalla debe corresponderse con la complejidad de la puesta. Ningún elemento se puede improvisar, la acepción contemporánea de escenografía asume todos los elementos que intervienen en la creación de la imagen plástica de la escena y donde cada componente de la misma posee su propia expresión dramática”.

La expresión artístico-estética y la comunicación asumen en la TV preceptos particulares. Por el canal mediático circulan narraciones que exploran la relación emotiva con públicos heterogéneos mediante un lenguaje asociativo, polisémico, el cual se objetiva en el espectáculo lúdico, donde la aspiración de guionistas, directores, entre otros expertos implicados en la obra, radica en lograr un relato de interés para públicos diversos, de esto se trata.


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