vie. Sep 25th, 2020

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Eusebio Leal en el éter

El fallecido Historiador de la Ciudad de La Habana entendió la importancia de los medios de comunicación para convocar y sensibilizar en el rescate y preservación del patrimonio cubano

Y solo contra el mundo levantó en una estaca su propio corazón, el único que tuvo”

Juan Gelman

Desde el inicio de sus labores al frente de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, Eusebio Leal entendió la importancia de los medios de comunicación para convocar y sensibilizar en el rescate y preservación del patrimonio cubano. Como mismo hizo su maestro, el historiador Emilio Roig de Leuchsenring, Leal vio en la radio y la televisión pilares fundamentales para la tarea que tenía por delante.

Queda en manos de investigadores definir el momento justo en que nuestro historiador comenzó sus vínculos en ambas plataformas comunicativas. En las últimas décadas de su quehacer, los cubanos pudieron descubrir y admirar, desde otra perspectiva, la belleza y los misterios de la capital a través del popular espacio Andar La Habana. Con una inconfundible banda sonora, el programa televisivo contribuyó notablemente a la educación ciudadana, y claro está, las enseñanzas de Leal fueron imprescindibles.

Sin embargo, fue la radio posiblemente el canal más amado de Eusebio. Tanto fue su desvelo que, después de varios análisis, el 28 de enero de 1999 comenzó a transmitir una emisora soñada: Habana Radio. En un primer momento, la señal solo llegaba a los pobladores de La Habana Vieja y más tarde se extendió por todas las villas fundacionales del país.

Será justo decir siempre que Habana Radio es una emisora martiana, fidelista y leal. Bajo el principio de estos grandes pensadores, La Voz del Patrimonio Cubano se posiciona entre las estaciones más admiradas en Cuba. Quienes laboramos en Habana Radio recordaremos siempre la llegada puntual de Eusebio para grabar Tribuna del Historiador, programa fundacional de esta emisora. A través del éter, Leal analizaba cada uno de los proyectos que se ejecutaban. Ese es un programa patrio y debe ser celosamente resguardado por sus realizadores.

La esperanza de hacer

Aunque alerta, la muerte no avisa en su momento inminente. En el último día de julio (posiblemente el mes más doloroso para la cultura cubana), se despidió Eusebio Leal, el hombre de la más bella oratoria en Cuba. El país lo despide desde el agradecimiento perpetuo.

Se fue el hombre que vistió de gris, el mismo color del cemento, el tono de las columnas. Un servidor de la Patria; ejemplo de que se puede llevar una vida honrosa, sin manchas. Su sola presencia demostraba que las cosas sí son posibles. Con Leal murió un pedazo de la historia; el hombre-leyenda que rescató de las ruinas a una Habana casi olvidada; no fue un historiador más, ni tampoco fue la capital su único desvelo: muchísimos rincones de esta Isla agradecen su gestión.

La comunicación debe a Leal cada uno de sus aportes. Sus discursos y grabaciones constituyen, desde hace mucho tiempo, un manual imprescindible para salvar la nación. En cada obra, Leal nos habla.

La partida física de ese hombre sabio nos pone el alto reto de imitarlo, quizás no en su natural talento para la oratoria, pero sí en la insistencia de remover cada piedra, de sacar lo sucio, hacer relucir la belleza, alcanzar “la esperanza de hacer”.

 


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