lun. Ene 20th, 2020

Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

La Historia bien contada


Un nuevo proyecto televisivo ahondará en aspectos históricos y culturales cubanos

Mireya Yorca Rubio, directora y guionista de televisión, ha transitado dentro del medio por muchísimos géneros: programas infantiles, juveniles, y musicales, propaganda, publicidad y documentales. Fue la primera mujer realizadora de videoclips en el país. Dentro de sus más recientes proyectos, la directora está preparando una serie documental de carácter histórico cultural, que lleva por título: La Historia bien contada.


Es un proyecto nacional con características particulares en su discurso narrativo, pues en él Mireya combina los conceptos televisivos con la narración oral llevada a la TV. “En algunos momentos el lenguaje es anecdótico como si yo contara un cuento, una anécdota”.

La primera miniserie se desarrolla en la Isla de la Juventud, consta de 13 capítulos y en cada uno se trata lo más importante ese municipio histórica y culturalmente.

¿Por qué escogió la Isla para iniciar la serie?
Porque en nuestros medios es uno de los territorios menos tratados. De la Isla solo se conoce El Abra y El Presidio Modelo, y es mucho más que eso. Es dueña de múltiples curiosidades del imaginario popular que merecen salir a la palestra pública. La serie no es dramatizada pero sí contempla dentro de sus códigos secuencias dramatizadas, que resaltan momentos relacionados con una personalidad o un hecho histórico trascendental. Aborda diferentes etapas de nuestra historia: desde el descubrimiento de la Isla hasta la actualidad.

¿Cómo surge la idea de esta primera miniserie?
A partir de una relación de amistad con una narradora oral de la Isla y de mi participación en el primer evento de Narración Oral (Palabras de Coral), desarrollado en el territorio pinero. Allí conocí tantas anécdotas y acontecimientos interesantes del terruño que no pude sustraerme a la idea de hacer una serie documental televisiva que iniciara con el municipio especial y sus gentes como escenario. Quiero agregar que en los capítulos finales de cada miniserie concebí la inserción de un poema que resume la temática del capítulo, algo novedoso y enriquecedor.

¿Cuáles son los objetivos básicos de la serie?
La serie tiene, entre otros objetivos, potenciar la cultura general del cubano y destacar todo lo que tenemos como país, con énfasis en lo descubierto por investigadores e historiadores en estos últimos años.

Mireya no dio detalles acerca de los conductores de la primera miniserie solo comentó: “Son dos, una es narradora oral y el otro, un joven conocedor del medio televisivo graduado de Historia en la Universidad de La Habana, ambos son parte de mi interés por involucrar en el proyecto a personas con un acervo cultural sólido que contribuya a la credibilidad de la nueva propuesta televisiva”.

La carga de información en La Historia bien contada, en sus primeros trece capítulos (solo los escritos hasta el momento de la información), nos llega potable, dinámica,  alejada de teques y formas manidas. En cada capítulo se obvia la distancia que pueda existir entre el vidrio, el televidente y el transmisor del mensaje.

Cada miniserie contará con el asesoramiento de los historiadores de cada territorio vinculado al documental, de hecho en la primera se hizo así. “Es quizás la primera vez  que un trabajo de este tipo en La Isla de la Juventud se apoya en los historiadores locales, y eso ellos lo agradecen”.

Mireya reconoció a los historiadores e investigadores pineros su  asesoría y dijo: “El éxito de la serie se deberá en gran medida a ellos”. Indicó además: “en estos momentos el guion de la primera miniserie está terminado y enviado para su revisión.  A pesar de existir varias casas productoras, escogí a Cubavisión, por ser El canal de la familia cubana, y de los grandes acontecimientos”

Ojalá esta serie documental, La Historia bien contada, logre entrar en nuestros hogares lo más pronto posible. Lo digo porque nuestros niños y jóvenes mayoritariamente necesitan más espacios históricos que reflejen la identidad nacional, que muestren nuestras raíces, eso sí, de una manera anecdótica, sin teques que en ocasiones solo aburren o adulteran la realidad.


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