sáb. Sep 26th, 2020

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

La violencia de género y los medios masivos: engranajes invisibles


Los medios de comunicación deben revisitar los nuevos estilos y valores desde el cuestionamiento de las redes de poder genéricas

Resulta difícil establecer los relatos que hacen los hombres y mujeres de su propia experiencia, porque muchas veces estas narrativas personales se remodelan desde los diversos escenarios contextuales. 

En parte, el desempeño de las relaciones humanas como categorías biosico-socio-culturales deviene un reto, porque debe considerarse que, desde la mirada de género, los acontecimientos son parte de procesos con historia y en constante cambio, donde las relaciones de poder son componentes decisivos de cada cultura.

Atendiendo a lo anterior, vale plantear la siguiente pregunta: ¿Cómo se ha debatido en el decurso histórico contemporáneo la violencia de género desde los medios masivos de comunicación?
Pensamos que la modernidad es la etapa que identitariamente movilizó el horizonte de los medios de comunicación, en la medida en que estos comenzaron a mostrar rasgos dinámicos para masificar los mensajes, discursos e interconectar a los diversos grupos y clases sociales. Como expresara Silva Álvarez Curbelo:
La instalación de la modernidad como horizonte preferente de referencias y teologías es el gran evento cultural del siglo XX en Occidente. Artefactos como el mercado capitalista, la nación-estado, la ciencia experimental, el derecho natural secular y la filosofía hasta entonces bajo el dominio del trono y del altar.
Generada en los centros geopolíticos, económicos y culturales, la modernidad se desplazó, con paso inevitable, a todos los ámbitos sometidos a occidentalizaciones simbólicas y materiales. Como todo proceso hegemónico, combinó actos de violencia real o imaginaria, con resistencias y desafíos y con actos consensúales de apropiación y resemantización por parte de grupos y sociedades alejados de las agencias centrales. Simultánea e irónicamente, la modernidad estimuló sus propias fugas y sus otredades, sus ambigüedades y sus destinos centrífugos, contestatarios y desestimadores.1

Desde la articulación e interpretación de las prácticas discursivas modernas, la temática de la violencia de género ha estado contenida, pues han sido deslegitimados los derechos de las mujeres y se han obstaculizado las vías para su ejercicio.

De ahí el proceso de interactivo de las mujeres en pos de la contraviolencia cultural para constituirse en sujetos donde se incluya la apropiación del cuerpo como territorio de soberanía individual y la construcción de la voz como expresión de tal autogestión, lo cual es casi imposible sin condiciones políticas, culturales y sociales que lo legitimen.

En el escenario de violencia y contraviolencia, los medios de comunicación articulan engranajes invisibles. La televisión es una de las mediaciones rectoras de ese universo de reclamo y reconocimiento social. Como bien señaló el investigador José Ramón Vidal:
Como medio técnico, la televisión posee un alto grado de representacionalismo, producto de sus posibilidades electrónicas para la apropiación y transmisión de sus contenidos. Esto le permite realizar una representación de la realidad con mucha «fidelidad» y, a la vez, provocar una serie de reacciones en el auditorio tanto de carácter nacional, como emotivo. Es decir, la influencia de la televisión sobre la audiencia se ve legitimada por la presencia de dos cualidades que le confieren al medio una peculiaridad especial como agente de significación: ser un medio técnico de transmisión y producción de información, y ser una institución social, históricamente productora de significados y como tal condicionada política, económica y culturalmente.2

Los medios de comunicación masiva, principalmente la televisión, han expuesto dos ejes temáticos rectores en el campo de la violencia de género: por una parte, el debate sobre el cuerpo y, por otra, el ejercicio de la ciudadanía.

En el encuentro con los medios de comunicación, estos tópicos son tratados en muchos casos desde el escenario de la neutralidad, pues a veces no se cuestionan los mensajes que desatan la exclusión y las desigualdades, donde lo que se pretende es que los medios de comunicación se tornen como punto de partida y no como punto de llegada, en pos de avanzar en el contexto de la equidad.

Otra arista de la problemática es revisar los lenguajes sexistas en los productos televisivos, sobre todo en los videoclips, donde en la mayoría de los casos se estimula la violencia de género, con los mensajes de macho rico, proveedor y carismático. Se fomentan y reproducen, además, los patrones morales de manera cultural donde la virilidad del hombre es vista desde su fuerza sexual, lo cual es una característica latente de la herencia histórico-cultural de la afirmación del poder patriarcal desde las temáticas que esbozan los productos televisivos, contenedores de la atomización del placer y la satisfacción sexual en los hombres.

También es importante analizar la manera en que los medios de comunicación esbozan el tema de la heterosexualidad y la concepción de esta como una relación de poder y la orientación sexual legítima.

En muchas ocasiones, la forma de concebir las relaciones de poder en la difusión de los medios masivos de comunicación ha hecho que se juzgue a la heterosexualidad como si esta en sí estuviera desautorizada en algún sentido.

En vez de esto, debemos cuestionar cómo se usa ese poder en contra de las mujeres, los gay y las lesbianas, y cómo se «normaliza» hasta llegar a descartar la validez de otras formas de orientación sexual.
Una concepción construccionista social podría estimular a los hombres heterosexuales a pensar, por ejemplo, que sus sentimientos de atracción sexual son ilegítimos y que hay que disimularlos y negarlos, lo cual es muy distinto de plantear que esos sentimientos deberían ser reconocidos y después abordarlos críticamente.

Desde los medios masivos de comunicación, la educación en la equidad es crucial. ¿Cómo divulgan los medios masivos de comunicación la violencia en las relaciones de pareja? ¿Y cómo se expresa desde los medios de comunicación la violencia en su expresión más aguda dentro de la sexualidad, a través de la violación como acto de poder sobre las mujeres y también sobre otros hombres?

En ese ámbito, telenovelas latinoamericanas y cubanas han esbozado las problemáticas de las mujeres violentadas desde las funciones que cumple el alcohol, en la emotividad, en la sexualidad y en la construcción de nuestras identidades nacionales; la división entre el sexo, el afecto y la reproducción; y, por último, la poca información que brindan los medios masivos de comunicación sobre la andropausia, pues se ve y escucha material informativo sobre la menopausia, y hasta existen centros donde se realicen talleres para ayudar a las mujeres en ese tránsito, pero sobre la andropausia los medios ofrecen poca información y se carece de investigación.

Los medios de comunicación deben revisitar los nuevos estilos y valores desde el cuestionamiento de las redes de poder genéricas. El diseño de los discursos se establece desde sus paradojas, pues si bien en muchos casos se reproducen estereotipos en los mensajes, también, por una parte, se intenta negociar el desempeño de los roles.

Igualmente queda esbozado el derecho de las mujeres y los hombres a reconocerse en tiempo, lugar y persona. Los medios masivos de comunicación permiten, por tanto, en el camino por una «cultura de la solidaridad» y participación social, develar estereotipos, valores, actitudes, roles y formas particulares de vida atribuidas a lo femenino y a lo masculino como construcciones sociales.

Los medios de comunicación no solo pueden servir de canal de expresión en la denuncia contra la violencia de género, sino significar las relaciones del entorno y cuestionar las normativas de vida desde el rescate de las nuevas relaciones de género, mediante el análisis de los cambios en el entramado histórico del siglo XXI, en torno a las relaciones sociales y cómo se han definido las identidades culturales desde lo femenino o lo masculino, basados en una orientación emancipadora.

Notas bibliográficas:
1 Silvia Álvarez Curbelo: Un país del porvenir: el afán de modernidad en Puerto Rico (siglo XIX), Ediciones Callejón, San Juan, Puerto Rico, 2001.
2 José Ramón Vidal: «Los estudios de la comunicación en América Latina», en Colectivo de Autores: Puerto Príncipe, 2005. Temas de comunicación y de cine, Unidad Docente del Instituto Superior de Arte en Camagüey, Editorial Ácana, Camagüey,

 

 

 


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