vie. Sep 18th, 2020

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Senobio Faget: cuando un amigo se va…

Acercamiento al periodista, documentalista y académico que falleció el pasado 15 de marzo a causa del cáncer

Desde que supe por la televisión de su muerte, he estado pensando en hacer este trabajo, pero es muy duro para mí hablar de Senobio Faget, Puri, en pasado; sin embargo, la razón me dice que lo haga, porque quiero hablar no solo del cineasta, documentalista y profesor que fue. Voy a ir a la década del 60 del pasado siglo, cuando nos conocimos. Esta es una parte de la historia de su vida que muchos no conocen.

Con el triunfo de la Revolución en 1959, Fidel comparecía en la televisión e informaba al pueblo de los cambios que estaban ocurriendo. Una de esas comparecencias tuvo lugar el 22 de abril de 1960. En ella se refirió al alto grado de analfabetismo existente en Cuba. Hice un llamado a los jóvenes estudiantes de la segunda enseñanza para formar un contingente de Maestros Voluntarios, e ir a los lugares donde nunca había ido un maestro.

La respuesta no se hizo esperar, en plena comparecencia llegó la primera incorporación: Enrique Pineda Barnet, devenido después en famoso cineasta. A partir de ese momento, fuimos cientos de jóvenes los que nos sumamos al proyecto en todas las provincias del país. En Matanzas, se incorporó un joven oriundo de Jagüey Grande, que en esos momentos solo tenía 17 años. Todos partimos, sin saber mucho lo que nos esperaba, pero éramos jóvenes, queríamos hacer revolución.

La partida fue masiva desde todas las provincias del país. Llegamos a la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos y, desde ese momento, a subir lomas. Nos concentraron en Minas del Frío y de allí fuimos a cinco campamentos. A mi grupo le tocó El Roble. En el tortuoso camino hacia ese lugar tuve la ayuda de un muchazo flaquito, que me dijo que era de Matanzas; gracias a él pude llegar al campamento. A partir de ese momento, no pasaba un rato en que Puri no fuera a ver si necesitaba algo, surgió una amistad entre nosotros que perduró por siempre. Allí surgieron muchos apodos que se han quedado para siempre. El mío me lo puso él mismo, por una canción que yo cantaba; para todos mis compañeros de entonces siempre he sido Melao. Actualmente después de 60 años, hay muchos no saben mi nombre verdadero.

Cuando subimos al Turquino, Puri fue mi apoyo en todo el trayecto. Luego que bajamos de la Sierra, cada uno se fue a su provincia y no volvimos a vernos. Pasaron los años, yo vivía en Santiago de Cuba y ya era periodista y editora. Un día iba caminando y siento que dicen: “Melao”. Era Puri, no sé cómo me reconoció. La alegría fue inmensa. No parábamos de hablar. Ya él era periodista como yo. Estuvo un tiempo allá. Después vino para La Habana, a cumplir su sueño, de aquel que hablaba en las noches serranas, cuando conversábamos del futuro.

Ya en la capital habanera comienza a trabajar en el Noticiero Nacional de Televisión, donde realiza reportajes y documentales, así había cumplido parte de sus aspiraciones. Después tuvo una vida dedicada al documental, tanto en la televisión como en el cine. Fue galardonado varias veces por sus documentales, entre los que se encuentran: El son salió redondo, La ciudad del Moncada y Caturla.

El maestro siempre sigue siendo maestro. Eso le pasó a Puri, que realizaba conferencias tanto en Cuba como en el extranjero. Desde el 2005 ejerció como docente en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Allí fue jefe de la Cátedra de Dirección de documentales e integrante de su Consejo Académico.

Estuvo trabajando hasta sus últimos días; ese era el Puri que conocí. Hoy termino este artículo con lágrimas y recordando las estrofas de una bella canción de Alberto Cortés: “Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, que no lo puede llenar la llegada de otro amigo…”.


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