mié. Sep 23rd, 2020

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Teleteatro en casa, el universo de las tablas revive en todos

Los martes, a las 10:45 p.m., Cubavisión transmite en el verano este espacio que reverencia al teatro

Con una tradición del espacio Teatro en televisión, clásicos de la literatura y el arte teatral nacional e internacional llegaron a la familia cubana con una alta factura de realización. Así son recordadas las figuras de Consuelito Vidal, con Yerma, Ana Lasalle en La casa de Bernarda Alba, y Alina Rodríguez en María Antonia, por solo recordar algunas creaciones imprescindibles.

Tal vez, el tiempo lo dirá, se podrá sumar a la privilegiada enumeración En privado con la reina, pieza teatral protagonizada por Mayra Mazorra, que rinde homenaje a Celeste Mendoza, La reina del guaguancó, con la que se inició en este verano el espacio Teleteatro en casa, un proyecto que Cubavisión retoma en conjunto con el Consejo Nacional de Artes Escénicas.

Una apertura de altos quilates se logró con ese merecido homenaje a una intérprete que entre fábulas, conjeturas y escasa investigación se posterga su real valor y cuánto significó para la escena musical cubana. Este homenaje fue encarnado con mesura y rigor por la excelente actriz Mayra Mazorra, a quien la televisión debería incluir aún más, porque es de esas profesionales que ofrece lo que se necesita: credibilidad, respeto y contención.

Con un discurso paralelo, en ocasiones un tanto reiterativo sobre todo al llevar a la actriz a los escenarios habituales de la rumba como el Callejón de Hamel, y la utilización atinada de material de archivo como complemento al show televisivo, frente a la pequeña pantalla se disfrutó de una actuación pensada y dibujada, de un trabajo respetuoso de caracterización, aun cuando la palabra obscena en más de una ocasión sobró.

No obstante, el espectador encontró a Celeste desde el sentimiento incluso cuando más o tal vez menos la viese reflejada del todo, sobre todo desde el baile, y es que la actriz, más que verla desde lo físico, privilegió el poder sentirla. Y eso lo logró con creces, vale destacar el trabajo con el tono de la voz, los distintos matices de la expresión facial y la perfecta dicción.

Con puntos de giro bien establecidos, como cuando Celeste cuenta su vínculo de vida con Benny Moré, y con un clímax personal cuando relata la agresión al esposo, momento en que la actriz se desdobla hasta su máxima expresión, la puesta no te deja levantar de la silla en casa. La actriz no lo permite con esa combinación armónica de humor, ironía y dolor hasta llegar al desdoblamiento.

Con guion y dirección de María de los Ángeles Núñez, a quien se agradece que traiga a la palestra nombres de la cultura cubana como Malanga, Andrea Varó, al mismo nivel de Rita, Sindo, Bola de Nieve, Elena Burke, Los Zafiros o Los Papines, como también la dignificación de Celeste por escenarios como el Olimpia de París y la Plaza Roja de Moscú, esta pieza llena de símbolos logra una especial comunicación con el espectador. Se logra sentir admiración y lástima, orgullo, pero nunca desamor. Aun cuando el texto final, a mi juicio, un tanto débil con respecto al cúmulo de emociones desbordadas en escena, deja por develar aún más de esa singular personalidad.

Los martes a las 10:45 p.m. se mantendrá en el verano este espacio que reverencia al teatro, y propone regresar un Osvaldo Doimeadiós con su tremenda interpretación de Santa Cecilia, y qué bueno que ese tránsito hacia la excelencia se haya iniciado con una criolla que dignificó a la rumba, hoy Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, género que había llegado a Europa con traje largo y la sabrosura que esta reina le impregnó, y que nunca imaginó que una actriz le diera tanta vida para no dejarla morir.

 


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