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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Carlos Ruiz de la Tejera y lo serio del humor

Tras un repertorio probado por su calidad e ingenio, de La Tejera hizo cómplice a su público, al reflexionar sobre las más diversas situaciones
Carlos Ruiz de la Tejera

Carlos Ruiz de la Tejera

Carlos Ruiz de La Tejera fue de los imprescindibles en la escena cubana. Desde el 3 de julio de 2015, no se le vio más reviviendo el monólogo del Cometa Halley, el de la guagua, así como aquella historia del hombre que quería enlatar el sol, o tal vez ese Padre Nuestro Latinoamericano que, en su voz, adquirió especial significación.

Se trata del mismo Carlos Ruiz del Conjunto Nacional de Espectáculos en su recordada aparición en la puesta en escena La esclava contra el árabe, incluso lo vimos mucho antes en los filmes Los sobrevivientes, La muerte de un burócrata y Las doce sillas, sendas películas de otro grande, Tomás Gutiérrez Alea, y en las que se destacó en el ejercicio de la fina sátira, uno de las armas más valiosas que distinguió su versatilidad interpretativa.

Premio Nacional de Televisión (1982), Carlos Ruiz de la Tejera es de los artistas que, al pensar en él, resulta fácil que aflore una sonrisa, y en ello influye la facilidad que tuvo para robársela a su público con respeto y cuidadoso trabajo del buen decir.

Tras un repertorio probado por su calidad e ingenio, de La Tejera hizo cómplice a su público, al reflexionar sobre las más diversas situaciones: la dinámica social, el comportamiento humano con toda la complejidad que ello implica, las frustraciones, el uso y desuso del idioma como fuente de defensa de la identidad, fueron algunos de los asuntos que abordó con hondura y excelente buen humor.

Su personaje de Tarado Tallarini, tal vez el que más llevó a la televisión, es una de las muestras de lo que significa el humor pensante. Carlos Ruiz indagó en la condición humana, desde su sapiencia y cultura.

Obtuvo Carlos Ruiz de la Tejera el Premio Nacional del Humor en 2006 junto al humorista gráfico Manuel Hernández, y fue este uno de los lauros que con más sorpresa y agrado recibió pues, afirmaba que: “Cuba era una inmensa plaza de tan reconocido humor que muchos artistas lo merecerían tanto o más que él”.

En el Museo Napoleónico protagonizó una aplaudida peña habanera, y junto a Tatica (Jesús del Valle) obsequió, durante años, dos horas de buen gusto estético, en el más amplio espectro.

“La peña”, como terminó llamándosele, devino auténtico espacio cultural, donde además de su presentación, se abrió las puertas a intérpretes, artistas de la plástica, teatristas noveles… Sin proponérselo Carlos Ruiz de La Tejera siempre supo compartir sus experiencias con los jóvenes, a quienes no perdió oportunidad de mostrarles lo serio del humor.

 

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