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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

El Banco del Radio Oyente: un apoyo eficaz para el público

Esta asociación aportó al engrandecimiento del comercio, la industria y la radio

Gracias a la importancia de la radio en nuestro país, en su aspecto artístico, comercial, técnico e intelectual, los programas que se transmitían por este medio permitían engrandecer el arte y aumentar la evolución comercial e industrial de la República.

La preponderancia, cada día mayor, que obtenían los programas que se transmitían por radio y, por consiguiente, la popularidad y mayor venta de los productos que a través de los mismos se anunciaban, se debía en su mayor parte al interés y simpatías que por unos y otros demuestra el Radio-oyente.

Todas las empresas comerciales, industriales y radiofónicas consignaban en sus presupuestos cantidades importantes para llevar a cabo campañas de publicidad. La misión que desempeñaba el Radio-Oyente al reportar los programas que escuchaba, acompañando las etiquetas de los productos que  se anunciaban a través de esos programas que él prefería para su consumo, constituían un factor determinante en el mantenimiento de un crecido número de programas radiofónicos, y hacía posible la subsistencia de obreros, artistas, músicos, técnicos, intelectuales, etcétera.

No constituía en forma alguna motivo de prejuicio para el comercio, la industria y las empresas radiofónicas, para estimular al Radio-oyente que prestaba día a día su atención a los programas radiofónicos y consumía los productos que ellos anuncian, se procedió entonces a crear una Asociación de carácter mutualista que mediante un plan determinado respetuoso de las leyes de la República, otorgaba al Radio-oyente beneficios prácticos por su aporte al engrandecimiento del comercio, la industria y la radio.

El término establecido por la institución era indefinido, pero podría disolverse o asociarse con otras, por acuerdo de la Junta General de Apoderados, especialmente convocada al efecto.

El objeto social de la asociación era estimular el interés de cuantos residían en Cuba, fueran nacionales o extranjeros, por los programas que se transmitieran por radio (culturales, musicales, informativos o de cualquier otro género) siempre que estuvieran autorizados por los organismos oficiales competentes.

Se pretendía animar al Radio-oyente a que por medio de la asociación ofreciera a las radioemisoras que transmitían los programas y a los comerciantes e industriales que los patrocinaran, sus impresiones o simpatías, destacando el valor artístico, técnico e intelectual de cuantos elementos intervinieran en esos programas, acompañando sus reportes, etiquetas de los productos o comercios anunciados en esos programas, como una demostración de su predilección por los mismos.

Tenían el control de todos los reportes y etiquetas recibidas para dar a conocer, cada seis meses, cuáles habían sido los programas más escuchados y por consiguiente, cuáles eran los productos y comercios de mayor preferencia, como resultado de la publicidad realizada a través de esos programas.

Era menester de la asociación crear un fondo común, representado por el valor, que como estímulo al Radio-Oyente era fijado a las etiquetas, de manera que cada asociado pudiera constituir y fomentar un ahorro que le permitiera costear la educación de sus hijos, comprar billetes de la Lotería Nacional, Radios- Muebles, Juguetes, Máquinas de Escribir, Solares, Automóviles, Casas y cualesquiera otros bienes inmuebles o muebles.

Se les gestionaba a los radio-emisores, comerciantes e industriales que como estímulo al Radio-oyente, que escuchaba los programas y consumía sus productos se considerara en sus presupuestos de publicidad, un valor prudente a las etiquetas como demostración a los que consumían los productos que se anunciaban en los programas que reportaba el Radio-oyente en cada caso.

Se consideraban los medios legales que permitieran favorecer al Radio-oyente con otros beneficios, por su aporte a la cultura y el engrandecimiento de la radio, industria y comercios.

La condición de radioyente se adquiría cuando el asociado escuchaba uno o más programas y reportaba de estos a la asociación, mencionando la hora en que lo escuchaba, la emisora que lo transmitió, los productos o comercios que lo patrocinaban y se adjuntaban, además, las etiquetas de los productos anunciados en los programas que reportaba.

El radiooyente solo podría disponer de las cantidades que estuvieran ahorradas por los medios y formas establecidas, pues la asociación no ofrecía ni propiciaba  u otorgaba en forma alguna regalos o premios de ninguna clase, toda vez que su función social era propiciar el engrandecimiento de la radio, industria y comercio del país, fortaleciendo al radioyente el hábito del ahorro mediante el estímulo que por escuchar sus propagandas radiofónicas y consumir sus productos les ofrecían industriales y comerciantes.

La condición de asociado se perdía cuando, después de haber utilizado el total de las cantidades que tuviera ahorradas, dejaba de reportar los programas que escuchaba. Para pagar los gastos, sueldos, etcétera, que el funcionamiento y administración de la asociación originaran, se tomaría del fondo común de la misma el 30 por ciento del total de las cantidades ingresadas, justificando en todos los casos, los pagos que se hicieran, como los correspondientes recibos y comprobantes firmados por las partes interesadas.

La asociación se regiría y sería administrada por una Junta Directiva, compuesta de: un presidente, un vice-presidente, un secretario, un vice-secretario, un tesorero y un vocal. Dichos cargos se sustituían unos a otros, sin necesidad de justificar previamente la ausencia del que correspondía. El periodo de gobierno sería de seis años y las elecciones se celebraban el segundo domingo de enero.

Las vacantes que ocurrieran en el seno de la Junta Directiva, por cualquier causa, durante el primer período social, se cubrirían con los directivos restantes, previo acuerdo de la propia junta. Esta tenía como atribuciones: administrar con plenas facultades a la asociación; acordar todos los contratos y convenios que fueran de su menester; dictar los reglamentos necesarios para la mejor finalidad social; aprobar, de manera provisional, el balance y memoria anual, que podría someterse en su oportunidad, a la consideración de la Asamblea de Apoderados.

Las reuniones de la Junta Directiva celebrarían sesiones ordinarias, todos los días 15 de cada mes, y extraordinarias, siempre que lo dispusiera el Presidente, así como lo solicitara algunos de sus miembros, o cuando estuvieran presentes todos sus componentes, así lo acordarían, en cuyo caso no se requería convocatoria previa.

La Junta Directiva no podía reunirse de manera válida, si no estuvieran presentes, por lo menos, la mitad más uno de sus miembros, y sus acuerdos deberían tratarse por mayoría de votos de los presentes. En caso de empate de las votaciones, decidía el Presidente con su voto de calidad.

Dentro de las atribuciones del Presidente se encontraba llevar y tener la plena representación de la asociación ante el Estado, la provincia, el municipio, juzgados, tribunales de justicia, particulares, ejercitando todos los derechos que como persona jurídica, correspondía a la misma, otorgando por ello los poderes que fueren necesarios, sin necesidad de autorización previa de la Junta Directiva o de la Asamblea de Apoderados, supervisando y dirigiendo todas y cada una de las operaciones de la asociación.

Además, tenía las facultades de ordenar las convocatorias que fueran necesarias para las reuniones de los organismos de la institución, las que presidiría, dirigiendo sus debates y decidiendo, en caso de empate, las votaciones de ellas, con su voto de calidad. Firmaría con el Secretario las actas de las sesiones de la Junta Directiva, de la Asamblea de Apoderados y de Elecciones.

El Presidente, además, autorizaba con su visto bueno las certificaciones de las mismas, y las que relacionadas con otros asuntos, fuese necesario expedir. Así como cuidaba el más exacto cumplimiento de los acuerdos que tomaran los distintos organismos de la asociación, supervisando y dirigiendo todas sus operaciones, suscribiendo y firmando documentos públicos o privados a nombre de la asociación. Tenía a su cargo, directa y personalmente, la organización y funcionamiento de las oficinas de la asociación, así como de todo el personal empleado. Organizaba las sucursales y agencias, velando por el mejor funcionamiento de la asociación.

La Asamblea de Apoderados se compondría, de uno por cada cinco mil asociados. Solo podrían ostentar los cargos de Apoderados, los Asociados que tuvieran por lo menos tres años consecutivos de antigüedad en la institución. El cargo de Apoderado duraría cinco años, sería gratuito, honorario y obligatorio para los asociados que resultaran electos.

La primera elección de Apoderados se celebraba dos meses antes de la fecha en que debían reunirse, de acuerdo con los Estatutos en la Asamblea Anual de Apoderados. Treinta días antes de la referida elección de Apoderados, la Junta Directiva circularía entre los asociados, con derecho electoral, la lista con los nombres de aquellos que con arreglo a los Estatutos pudieran ser elegidos, haciéndoles saber también la fecha de la elección, el lugar y hora en que la misma debería verificarse.
La Asamblea de Asociados se disolvería una vez que fueran proclamados los Apoderados electos, los que inmediatamente se constituirán en Junta General Ordinaria, para elegir entre ellos a los que habrían de ocupar en el período social los cargos de Presidente, tratando además todos los asuntos que por estos Estatutos les concernía conocer.

La Asamblea de Apoderados era el organismo supremo de la Asociación, ejerciendo la plenitud de sus derechos, representando a todos los asociados y sus decisiones eran obligatorias para todos los que formaban parte de la misma. Sus atribuciones eran: las de elegir a las personas que habrían de formar parte de la Junta Directiva en los años que correspondiera;  así como examinar, aprobar, impugnar o reformar el balance y memoria que anualmente debía presentar la Junta Directiva, además deliberar y resolver sobre todas las posiciones que eran sometidas por dicha Junta.

La Asamblea de Apoderados se celebraba el primer domingo de abril de cada año, Junta Ordinaria y las Extraordinarias, según lo que estableciera la asociación. Además, las Juntas Extraordinarias las celebraban cuando lo solicitaba el Presidente de la Asociación o lo pidieran la mitad más uno de los componentes.

Las citaciones para la Asamblea de Apoderados, de primera convocatoria, ya fueran ordinarias o extraordinarias, se publicarían con ocho días de antelación, en cualquier periódico de La Habana, con expresión del orden del día.

La Directiva estuvo compuesta por el Presidente: Miguel Batule; Vice-Presidente: Juan A. Mesa; Secretario: Gilberto Rodríguez; Vice-Secretario: Luis Salgado; Tesorero: Orlando Pérez; y como Vocales: Hortensia Ojeda, América Funes y Fidel B. Dekech.

Esta asociación constituyó uno de los ejemplos más fehacientes de apoyo a todos los amantes de la radio en la República. Se configuró en una de las estrategias más movilizadoras para tener un público dinámico y estable en todas las opciones radiales que seleccionara.
* Especialista del Departamento de Etnología. Instituto Cubano de Antropología.

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