22 de abril de 2024

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

El santiaguero que fue guitarrista de Gardel

Roberto de Moya fue un instrumentista que formó parte del grupo de guitarristas acompañantes de Carlos Gardel y desarrolló una meritoria labor en la enseñanza artística enCuba.

De izquierda a derecha: Valeriano Daugherty, Roberto De Moya y Pepe Figarola

Él arribó a este mundo, en 1897, por la Capital del Caribe, ese punto sudoriental cubano donde el pulsar de cuerdas forma parte indisoluble del paisaje sonoro.

   Desde pequeño, Roberto de Moya ya evidencia su vocación. Y la suerte lo acompaña, pues tiene como mentores a un par de colosos: Pepe Sánchez  –diseñador definitivo del bolero–  y Sindo Garay, quien nos sigue conmoviendo con su canción Tardes grises.

   Precoz, a los 16 años compone el bolero Mujer querida y a los 20 ya se ha graduado como profesor de guitarra.

   Iba a andar por diversos desempeños –incluida una corresponsalía de prensa–  pero el arte le sigue latiendo debajo del esternón.

   En 1928 se traslada a La Habana, formando parte del Trío Oriental,  que actúa en el teatro Campoamor. También labora en la recién nacida radio cubana.

   Cuando transcurre 1932, con el cuarteto Trovadores Líricos, realiza su primer viaje a New York, donde se les une el argentino Carlos Spaventa, quien había sido compañero de dúo de Libertad Lamarque.

   En el año siguiente ocurre un hecho crucial en su vida artística: de modo más bien casual pasa a formar parte del grupo de guitarristas acompañantes de Carlos Gardel, quien ya lo conocía de lejos,  por haberlo escuchado con placer en las ondas de la NBC.

 De Moya termina de convencer a Gardel cuando, entre tragos,  toca en la guitarra una zamba cuya autoría era precisamente de El Rey del Tango.

   Trabajará en las películas Tango Bar, El día que me quieras y El tango en Broadway.

  De entonces se recuerda una anécdota, que fue narrada por el propio De Moya. Alguien comentó que al cubano se le estaba pagando un dinero excesivo. Y Carlitos, con su habitual buen humor y su trato jovial, estalló en risas mientras decía: “¡Déjalo que coma, que estos gringos están repletos de dólares!”.

   El guitarrista cubano decide viajar a su país, para ver a la familia y dejarles dinero. Parte eufórico, con la promesa que le ha hecho Gardel: trabajará en cinco filmes que el argentino tiene en mente.

   Cuando regresa, el desastre. Tan pronto desembarca en Cayo Hueso se entera de que Gardel ha muerto en un accidente aéreo.

   Se traslada a Colombia. En Barranquilla crea el conjunto musical de Radio Emisoras Unidas. Gracias a De Moya el éter colombiano se tiñó de cubanía: guitarra, piano, bongó, tumbadora y voces.

   En 1946 se establece definitivamente en Cuba, dedicado a la enseñanza de la guitarra. Simultáneamente, continúa con su labor como cantante y guitarrista..

   Tras el triunfo de la Revolución ingresa en el claustro de la Escuela Nacional de Arte.  Nos legó, entre otras composiciones las piezas Mujer querida, Labios de Amapola, No intentes, corazón.

 Falleció en la capital cubana, el 27 de enero de 1971.

   Para concluir, una observación desalentadora. Calculo que uno de cada diez mil cubanos está al tanto de quién fue Roberto De Moya. Y quizás esa proporción peque de optimista.

  Ojalá estas humildes líneas contribuyan a subsanar tan injusto olvido.

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