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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Gozos del buen hacer

Aproximaciones a la estética y otros elementos del lenguaje televisual
Canal Clave

Canal Clave

El conocimiento de lo diverso propicia la unidad, así como el despliegue de conceptos académicos para que cada persona pueda discriminar entre lo efímero y lo permanente.

En eventos, festivales, entre otras actividades, se patentiza el arraigo de tradiciones populares que la política cultural de la Revolución ayuda a conocer, no obstante, en el medio televisual falta sistematicidad en la promoción de repertorios y estéticas musicales.

Suelen quedar en las sombras el reto de producir un fonograma y la labor de quienes aportan al producto creativo, este demanda constante actualización informativa, premisa indispensable en el siglo XXI. Tampoco pueden omitirse en la estrategia promocional las obras galardonadas en la Feria Internacional Cubadisco.

El fonograma perpetúa un arte cuyo elemento esencial, el sonido en sus infinitas combinaciones, es perceptible en un objeto tangible. Escuchar la buena música, ver a sus compositores e intérpretes en pantalla, son prioridades durante el proceso de visibilizar lo valedero.

Sin duda, en tal sentido, el Canal Clave ha logrado una mayor estabilidad, pero las audiencias mayoritarias no pueden acceder a él; dada la limitación, otros canales y programas deberían insistir en el empeño.

Para el maestro Javier Salva: “los medios de comunicación audiovisuales son imprescindibles en la labor de educación musical. Si usted no escucha un instrumento, y tampoco conoce a sus intérpretes, de ninguna manera puede identificarse ni con uno ni con los otros”.

En todo movimiento de vanguardia puede hallarse un peculiar modo de academicismo. Artistas de sólida ejecutoria aportan a la diversidad artística de nuestra nación y descuellan en especialidades diversas como baluartes del ser, el hacer creativos.

Un ejemplo notable fue el maestro Juan Formell, la Universidad de las Artes inauguró en fecha reciente la Cátedra que lleva su nombre. El reconocimiento a sus aportes legitima la figura de un músico popular de amplia cultura que renovó el contexto de la charanga tradicional, en su agrupación Los Van Van, dio a conocer el diseño rítmico del songo junto a José Luis Quintana, Changuito.

En cierta ocasión, Formell me comentó: “respetar al bailador, su cadencia, constituye una prioridad en nuestra agrupación. Es importante que la radio y la televisión difundan la buena música de Cuba y otros países, nuestro pueblo lo merece”.

Desde sus primeras composiciones: “La candela”, “Felicítame” y “El guararey de Pastora”, mantuvo permanentes inquietudes para actualizar el sonido de Los Van Van. Ese espíritu se mantuvo siempre en su obra como cronista imaginativo, sugerente y en la rítmica de la agrupación.

Los gozos del buen hacer deben prevalecer en la TV, este medio establece relaciones de cercanía, en las cuales poco reparamos, aunque siempre está ahí, mirándonos a los ojos, entra en la intimidad sin recato. En ella, predomina la sensación de inmediatez, una manera de expresar lo cotidiano.

Los directores de largometrajes, telenovelas, series, cortos y otras narraciones seriadas, entrelazan hechos, personajes, conflictos, al concebir realidades-otras, y proponen indagaciones en problemáticas de interés para los públicos.

Según la doctora en Ciencias Psicológicas, Carolina de la Torre: “Las personas no solo son cómplices de nuestras narraciones y construcciones personales, sino transmisores de valores sociales, costumbres, interlocutores en la asimilación activa de la herencia histórico-cultural y de los grupos humanos en el proceso interactivo social, de las identidades individuales y sociales”.

Experiencias ficcionales generan identificaciones con las audiencias, por ejemplo, la telenovela colombiana La Nocturna: los sueños nunca duermen (Canal Habana, lunes, martes, jueves y viernes, 10:00 p.m.), inspirada en la historia de adultos que estudian carreras técnicas en la universidad, lo cual posibilita el acceso al mercado laboral, beneficia la calidad de vida.

Por vías distintas, el incremento de la culturalidad –entendida como los procesos que producen significados valiosos–, es imprescindible para cohesionar el compromiso con una formación integral humanista.

Tampoco se desarrolla la cultura contemporánea sin los públicos masivos. Con independencia de los modos de ver y apreciar de la familia, esta debe continuar discriminando entre los productos comunicativos, inmersa en una transformación dinámica que hasta a la industria toma por sorpresa.

Los valores culturales, formativos, nunca pueden ser desplazados, pues desde la niñez le dan sentido a la vida.

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