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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Juventino Rosas: Adiós frente a las olas

En mayo de 1894, aparece en suelo cubano el músico azteca Juventino Rosas. Su vida no dejaba para él ni buenas nuevas que enviar, ni hogar amantísimo que las recibiese

Juventino Rosas

Las olas iban y venían, rompiendo sobre el acantilado del Surgidero de Batabanó. Mientras, el agonizante observaba los antojadizos vaivenes de ella, la mar, femenina en el sentir de los navegantes que día a día rozan aquellas costas.

Y él recordaba, desde el balcón de una quinta de salud, los versos optimistas de su obra magna: Olas que al llegar, / plañideras muriendo a mis pies, nuevas del hogar / para cada viajero traéis…. Así rezaba la letra de su famosísimo vals.

Ah, pero cuando Juventino Rosas vivía sus momentos últimos, en un punto apartado del litoral sureño cubano, en una aldea de pescadores y esponjeros, su vida desgraciada no dejaba para él ni buenas nuevas que enviar, ni hogar amantísimo que las recibiese.

Juventino en Cuba

En mayo de 1894, aparece en suelo cubano el músico azteca Juventino Rosas. En Guantánamo, lo alberga un viejo hotelucho de la calle de La Campana, después conocida como Estrada Palma.

El poeta guantanamero Regino Boti, en aquella época mozo de bar, lo recordaría así: “Se me presentó una mañana Juventino Rosas. Iba a tomar un trago. Entonces el vals Sobre las olas era cantado, susurrado, musitado, coreado por todo el mundo. Precedía a Rosas un pordiosero que vociferaba a los cuatro vientos el sobadísimo vals, acompañándose de un acordeón imposible”.

Después, aparecería en Santiago, de donde debe irse por una deuda de veinte pesos en un bar. Entonces, embarca en el “Josefita”, nave de cabotaje que tocaba tierra en varios puertos del sur cubano.

Las olas, enamoradas

Desembarcan en Surgidero de Batabanó al bohemio mexicano, con el organismo destrozado por el alcohol. Muere poco después, en la quinta de salud del doctor José Manuel Campos.

Acabo de estar en Surgidero. Y he recibido una perturbadora impresión: a pesar de que en la villa pesquera solo transcurrieron sus últimos diecisiete días, Juventino no deja de ser allí una presencia palpable, de quien se habla con tanta familiaridad que parece un vecino actual.

Surgidero era, y es, un punto castigado por las marejadas. Pero, con poética candidez, los más viejos aseguran que mientras sus restos reposaron en aquella tierra, la mar detenía su embate ante la tumba del autor del vals Sobre las olas, no se sabe si respetuosa o enamorada.

 

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