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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

La Banda Gigante. Comentarios desde el CIS

El Centro de Investigaciones Sociales realiza un estudio para conocer opiniones de los públicos 
La Banda Gigante

La Banda Gigante

La Banda Gigante constituye la más reciente superproducción que aparece en la Televisión Cubana (TVC) con el sello de RTV Comercial. Este concurso fue desde un inicio presentado como una propuesta innovadora, pues la competencia de instrumentistas representaba un espectáculo sin precedentes, no solo en la TVC.

Asumir ese reto tenía una gran ventaja: la novedad, pero a su vez entrañaba una clara desventaja: la afinidad de los públicos con las ejecuciones de instrumentos musicales es reducida o al menos significativamente menor que su familiaridad con otras manifestaciones artísticas (como el canto y la danza). Esto último, en gran medida, explica que el poder de convocatoria de La Banda Gigante haya sido inferior al de los concursos televisivos anteriores Sonando en Cuba y Bailando en Cuba.

Los Índices de Teleaudiencia de La Banda Gigante fueron más reducidos, aunque las cifras de cualquier forma son notables, ya que oscilaron entre 27,0% y 47,0%1. Por otra parte, el Índice de Gusto que alcanzaron sus transmisiones (siempre por encima de 90 puntos) refleja un nivel de satisfacción elevado de sus consumidores con la propuesta, lo cual también es un resultado importante.

Si bien es cierto que el formato del programa estaba ineludiblemente asociado a una capacidad de apreciación y discriminación de las interpretaciones de los concursantes limitada para numerosos televidentes –que les restaba posibilidades de involucrarse con la competencia y participar desde sus casas– el espacio en general fue bien recibido.

Desde el comienzo, el programa generó opiniones en su mayoría favorables, aunque no faltaron las críticas. Ello pudo recogerse en un estudio que realizó el Centro de Investigaciones Sociales luego de las tres primeras emisiones, para conocer el impacto inicial de esta producción.

Dicha investigación comprendió la entrevista a un conjunto de televidentes en La Habana y el análisis de los comentarios realizados en algunos sitios web a partir de dos artículos publicados2 por Paquita Armas. Los resultados obtenidos pusieron de manifiesto lo siguiente:

Lo que más gustaba del programa era sobre todo: la visualidad (la escenografía e iluminación), el talento de los concursantes, la selección de los conductores (su apariencia y desempeño a tono con el espacio) la novedad y la oportunidad que brindaba a jóvenes músicos cubanos de mostrar sus cualidades.

En menor grado se hizo referencia a: que representaba una buena propuesta para la programación nocturna del domingo, la actuación de Dayana García como jurado (ofrece las explicaciones más técnicas con dominio y respeto), la sección de Giorgia Aguirre, los arreglos musicales y el hecho de que este producto audiovisual potenciara la música nacional.

Por el contrario, lo que menos gustaba del programa eran elementos asociados fundamentalmente al jurado, léase: el desbalance en las valoraciones (algunas eran profundas, convincentes y otras superficiales), el empleo de un lenguaje demasiado técnico e incomprensible en ocasiones y la forma de expresarse de José Luis Cortés, que fue lo más reprochado. No solo se manifestó que sus intervenciones deslucían la competencia, sino se cuestionó su presencia en el jurado, dada su escasa fundamentación técnica de los criterios y su abuso de expresiones populares como “en talla” (considerado por muchos un lenguaje chabacano) que se percibían incompatibles el medio televisivo.3

Los espectadores manifestaron inconformidad también con la sección La Puerta, por la proyección de Telmary, quien se percibió exagerada, disonante y sin la preparación suficiente para ese rol. Además, se criticó la estructura de la competencia. En este sentido, se comentó que el proceso de eliminación de los concursantes debía ser más progresivo y las interpretaciones individuales de los concursantes se necesitaban más extensas, para poder apreciar con claridad sus demostraciones.

Por último, resaltó como un aspecto negativo: las dificultades para entender bien la competencia ante la carencia de entrenamiento para la apreciación musical. Se reconocía como un hándicap del programa que no todos los públicos se sienten atraídos por el instrumental y se requiere conocer de música para distinguir la diferencia en la calidad de uno y otro concursante o cuando no tienen una buena presentación.

Ya finalizada La Banda Gigante, el Centro de Investigaciones Sociales (CIS) comenzó a desarrollar un estudio más profundo sobre la recepción de este programa. Sus resultados permitirán conocer cuáles de las fortalezas y debilidades identificadas al inicio de las transmisiones continuaron teniendo un peso importante en el sentir de los televidentes y las que se diluyeron en el transcurso del espacio; así como las nuevas tendencias en las opiniones que pudieron emerger con posterioridad.

Desde ahora se puede afirmar que el sui géneris concurso televisivo dejó un saldo positivo en el panorama audiovisual cubano y en la experiencia de los receptores. La información que arroje la investigación, como fuente de retroalimentación, tributará a perfilar mejor esta propuesta, que según declaraciones de su equipo de realización aspira a ofrecer una segunda temporada.

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Notas:

1  Datos provenientes del Estudio Sistemático de Auditorios que realiza en CIS en La Habana.

2 “Ya suena la Banda” y “Con permiso de El Tosco: La Banda Gigante está… en talla”.

3 No obstante, es necesario señalar que otra parte de los sujetos defendió a El Tosco porque, según dijeron: es un maestro con un amplio conocimiento musical, ha dejado un legado a la música cubana, ofrecía valoraciones sin mucho tecnicismo y más comprensibles para la teleaudiencia, marcaba la cubanía dentro del programa y funcionaba como contraparte de Dayana García.

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