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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

La revista Radiomanía en pos de la creación radial nacional

Una herramienta de comunicación entre los redactores de la revista y el público radial

La revista Radiomanía era una publicación de carácter mensual, que nació en 1936 y con altas y bajas se mantuvo hasta 1961. Atraía al público radial. El consejo editorial estuvo integrado por: G. Rodríguez Barbarrosa, director; A. M. Brown, administrador; y  José A. Baldó, jefe de redacción. Se instaló la redacción y los talleres de impresión en Zulueta 36 ½, La Habana. Contó con una suscripción anual de 0.50 centavos.

Radiomanía analizaba los problemas más acuciantes del mundo radial nacional, entre los que se encontraba el sistema eléctrico. Ilustrativo es el editorial de 1936, donde se destacó:

A favor de la industria eléctrica
[…]
Mucho se ha discutido sobre el precio de la electricidad, entre nosotros,  y a pesar de la pequeña rebaja detenida hace algún tiempo, el valor del Kilowatt continúa siendo como vanas han sido todas las razones expuestas por ingenieros y técnicos de forma, que siendo varias el procedimiento de obtención, han demostrado plenamente, que unas tarifas que tuvieron como base, el precio de cinco centavos el Kilowatt, dejarían a la Compañía Cubana de Electricidad un bonito margen de ganancia. (1)

Poseía secciones muy interesantes como:
Notas breves,  en la cual se exponían las noticias radiales del momento. Una de las más destacadas notas fue la felicitación para todos los integrantes de la Hora Republicana por la valiente campaña de salubridad política que realizaron. Sus emisiones estaban patrocinadas por el Círculo Republicano Español, y se transmitían todos los días, de ocho a nueve de la noche, por la CMBX.

Fuera de frecuencia incluía las críticas a los ruidos que existían en La Habana, y la prohibición de permitir tales prácticas hasta los vendedores callejeros de pregonar en alta voz sus mercaderías.

Crítica Perifónica abordaba opiniones sobre los artistas, cantantes y orquestas presentados en diversas emisoras radiales, como Cadena Crusellas,  CMOK “La Planta que se oye”, CMQ, entre otras.

Ayer y hoy presentó noticias radiales de la época y de los años iniciales de la radio.

Una hora interesante destacaba las exquisiteces de la radio.

Una historia como muchas exponía la vida y obra de artistas destacados.

Los Eternos fariseos del Arte presentó críticas al papel de determinados directores artísticos. Algunos textos señalaron: “Nuestras trasmisiones exceptuando muy pocas, por desgracias, constituyen un verdadero “revoltillo” de pésimas combinaciones musicales. Fragmentos de exquisita música lírica y clásica, mezclada con vulgares canciones, sones populares, tangos y parodias con letras infernales”. (2)

Chismes Radiofónicos mencionaba curiosidades que los radioyentes seguían atentamente.

El oyente opina que… divulgaban las opiniones de los radioyentes sobre la vida radial.

En pos de la ciencia informaba los avances científico-tecnológicos radiales. Entre estos se encontró un nuevo micrófono de acción, esencialmente dinámico, con un transformador sin magnetismo que atravesaba un campo magnético y se introdujo en los mercados americanos. Llamó de manera poderosa la atención de los expertos en sonidos mediofónicos. Numerosas eran las características que poseía este moderno micrófono, configurado en grado máximo de una buena acústica.

En los editoriales, además, era constante la preocupación por los fines y el desempeño de la misión de la radio en ese tiempo, para lo cual se destacó:
[…]
Contadísimas son las trasmisiones que se hacen por nuestra Radio, que tengan esa hilación necesaria que reclama toda labor artística.
Con una “frescura” propia de los trópicos, cualquier hijo de vecinos se erige en Director Artístico y en vez de un “programa” como el  arte manda […]
Todo necesita aprendizaje, amén de la disposición natural. Una empresa periodística, pongamos, por ejemplo, no le entregaría la dirección política, literaria o técnica del periódico, a un Don Juan de las Palotes cualquiera. Muy respetable  en otro orden de cosas, muy buena persona. Pero una nulidad en cuanto a periodismo se refiere.
Lo que nada cuesta sale caro,  reza el dicho popular. Y carísimo habrá de costarles tanto director artístico de pega, a los dueños de emisoras. Porque se están jugando la reputación, el buen nombre y la seriedad de sus negocios. (3)

Esperanzadores fueron los elogios desde Radiomanía a la inauguración del Instituto Nacional de Radio. El mismo se instaló en el nuevo local social de la Unión de Radiomecánicas, sita en la calle Belascoín 54 altos.

Como podemos apreciar, Radiomanía se convirtió en una herramienta de comunicación entre los redactores de la revista y el público radial. La publicación tuvo como sello realizar una empresa colectiva de creación y sensibilidad dedicada al desarrollo. El espíritu que animó a la revista fue fomentar el intercambio directo con los radioyentes del país. De ahí que en uno de sus editoriales esbozó:
Indudablemente que, desde los no muy lejanos aún en que las trasmisiones de radio, dejaron de ser meras experiencias de radio-fans para convertirse en un hermoso vehículo de propaganda comercial e  industrial, hasta nuestros días, mucho se ha progresado, y hoy son escasos los que niegan el valor positivo que tienen las radio-difusiones como medio excelente de propaganda.

[…] la radio ha obtenido sobre ellos, recientemente, un rotundo triunfo, al trasmitirse por la CMBZ de los Hermanos Salas, las interesantes obras, que en el Teatro de la Comedia, interpretan con tanto éxito los artistas de la Compañía de Paulina Singerman.

Lo anterior, ha constituido, por decirlo así, un doble triunfo para la radio. Primero porque el éxito de otros espectáculos públicos trasmitidos por el radio, decidió a un empresario a comprobar que le eran imprescindibles los servicios del micrófono; y el segundo por qué sin desconocer los insuperables méritos de Paulina Singerman y sus colaboradoras la trasmisión radiofónica logró llevar el teatro diariamente, superando las modestas entradas de los días en que la Compañía actuaba sola.

Esta victoria del radio no constituyó para nosotros ninguna sorpresa, sencillamente porque ya conocíamos distintos antecedentes en el extranjero, especialmente en los Estados Unidos. Por ejemplo: Los empresarios del Metropolitan Opera House de New York. […] Entre nosotros hemos visto el éxito grande que han tendido los radio-escenarios, llevando a ellos verdaderas muchedumbres; y las trasmisiones de los conciertos de nuestras bandas de música han atraído más oyentes que nunca a los lugares donde se ha celebrado la audición. (4)

Radiomanía divulgó las necesidades que tenía la radio nacional de la época, entre estas estaban: la creación de una adecuada legislación radial; la clasificación de cómo y en qué forma deberían emitirse los anuncios, pues constituían la base de las trasmisiones; la creación de un Tribunal de examen para la debida organización de los locutores de la radio. Debía estar dotado de amplias facultades para la aprobación o desaprobación de los aspirantes a esta nueva profesión moderada, pues de ellos dependería nuestra cultura; y se hacía imprescindible el mayor cuidado a cuanto se decía delante del micrófono, pues era proporcional al juicio que se hacía en el extranjero.

Referencias:
1  Editorial, en revista Radiomanía, Año 1, No. 3, Noviembre 1936,  La Habana, Cuba, p. 3.
2 “Los Eternos fariseos del Arte”, en revista Radiomanía, Año 1, No. 3, Noviembre 1936, La Habana, Cuba, p. 8.
3 Editorial, en revista Radiomanía, Año 1, No. 2, octubre 1936,  La Habana, Cuba, p. 3.
4 Editorial, en revista Radiomanía, Año 2, No. 7, marzo 1937,  La Habana, Cuba, p. 3.

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