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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

“La televisión era nuestra casa”

Entrevista a Agustín Hernández Bringa, diseñador de luces, ya jubilado, quien forma parte de los fundadores del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).

Agustín Hernández Bringa

A sus recién cumplidos 87 años, Agustín Hernández Bringa tiene muchas anécdotas que contar. Reconocido este 24 de mayo del 2021 con la distinción de Artista de Mérito del ICRT, inició su vida laboral en 1952, en Unión Radio-Televisión, Canal 4. Su misión consistía en llevar documentos a las agencias publicitarias encargadas de representar a las empresas que anunciaban sus productos en los medios de comunicación audiovisual.

“Conocía al jefe de personal del Canal 4 y hablé con él. Al cabo de un mes me llama para trabajar con mi motocicleta como mensajero. Cuando llevaba un tiempo quise ser camarógrafo y hablé con Ángel Barranco, el jefe técnico del Canal, quien me dio una carta para que los técnicos me dieran la oportunidad de aprender con ellos. Eso nunca sucedió porque en el capitalismo, desgraciadamente, si uno trataba de superarse en alguna especialidad, tus compañeros te boicoteaban para que no les hicieras sombra en el trabajo”, recuerda.

Realmente a Hernández Bringa lo que le interesaba era el mundo de la iluminación y los claroscuros. Para lograr su sueño tuvo que esperar a que llegara el Triunfo de la Revolución. Había estado en la lucha clandestina y laboró en el ejército todo el año 1959. Durante ese tiempo su hermano ocupó su antiguo puesto de mensajero.

Una vez finalizado ese período, Agustín no encuentra trabajo en el Canal 4 y el jefe de personal le entrega una carta para que lo empleen en Circuito CMQ S.A., del empresario Goar Mestre Espinosa (1912-1993).

“Entré en el Departamento de facilidades como auxiliar de iluminación y después me hice luminotécnico. Los compañeros con más preparación nos daban algunas lecciones teóricas. Íbamos al cine a ver las escenas de las películas y disertábamos sobre ellas. Martín Pérez, que conocía mucho de lentes e iluminación, era quién mayormente nos daba las clases”, explica.

“Aunque en aquel entonces tenía poca instrucción, y en la escolaridad solo había alcanzado el sexto grado, siempre pensé que era un ser humano como todos los demás y podía superarme igual que los otros. Aprendí mucho de los diseñadores Jorge Suárez, Tirso Corrales y Martín Pérez”, añade este especialista.

Cuando se crean las Milicias CMQ lo designan como jefe de los milicianos y durante los entrenamientos militares fue conociendo a los trabajadores del futuro ICRT. “Prácticamente se me abrieron las puertas porque me llevaba bien con todo el mundo”, advierte.

Fue testigo de la intervención del imperio de los hermanos Mestre. Poco a poco, se produjo la emigración hacia los Estados Unidos de los mejores profesionales y otros se jubilaron. Abrieron la convocatoria a tres plazas de diseñadores de luces y Agustín resultó entre los seleccionados para desempeñarse en esa especialidad. “Me hice diseñador en 1964 gracias a la Revolución”, afirma con orgullo.

En 1968 viajó con un grupo de compañeros a Santiago de Cuba para capacitar a quienes tenían la misión de fundar el canal Tele Rebelde. Dos años más tarde regresó de la heroica ciudad con la intención de participar en la zafra de 1970. “Ya había estado antes en ocho zafras y no quería perderme esa. Lamentablemente no fue posible”, asevera.

De su prolífica carrera artística rememora el espacio Horizontes, las aventuras, los teletreatros, las telenovelas que dirigió Antonio Vázquez Gallo como El primo Basilio o Papá Goriot con la actriz Ana Lassalle, así como el infantil Amigo y sus amiguitos, donde Consuelito Vidal le prestaba la voz al títere Amigo.

“Trabajé cerca de 45 años en el ICRT. Hice toda la programación en vivo que existía en aquel momento, primero como luminotécnico y luego como diseñador: desde musicales como Cabaret Regalías y Desfile de éxitos, El show del mediodía, que conducía Germán Pinelli hasta los humorísticos Si no fuera por mamá, Casos y cosas de casa y Detrás de la fachada, conducido por Consuelito y Cepero Brito, lo mejores locutores de su época”, rememora.

Eran tiempos de innovación y creatividad. Para el dramatizado Un tranvía llamado deseo, donde actuaron Consuelito y Erdwin Fernández (padre) se construyó un tambor con una lámpara dentro que, al girar, daba la impresión de ser las ventanillas del tren que iba pasando.

Agustín Hernández Bringa vivió el tránsito hacia el video tape y se jubiló en 1998. Antes de hacerlo contribuyó a la preparación profesional del fallecido Mario Juan Portal quién, como su fiel discípulo, les trasmitió sus conocimientos a las más nuevas hornadas de diseñadores de luces.

“Cuando vi que estaba listo lo recomendé como diseñador. A él lo entrevistaron en varias ocasiones y siempre me agradeció por ser la persona que lo preparó, lo cual me llenaba de mucho orgullo”, afirma.

Casi a punto de despedirnos, le pido un mensaje para los trabajadores que celebran el aniversario 59 de la fundación del Instituto: “Que le pongan interés a su trabajo y lo hagan con el mismo amor y cariño con que nosotros lo hicimos. La televisión era nuestra casa. Nunca pensamos en terminar rápido, apagar las luces e irnos”.

“Ha sido un placer que hayas venido a mi casa y me hayas ayudado a recordar todos mis años de trabajo en el ICRT”, concluye.

Foto: Cortesía de Heriberto González Brito

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