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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Lenguajes en un mundo de visualidades

Acercamiento valorativo a narrativas ficcionales que en diferentes pantallas mediáticas motivan a repensar el sentido de la vida, actitudes y posturas éticas

“Cada personaje es un nuevo desafío”, reconoció la actriz Alicia Bustamante, ya fallecida. A su lado, la actriz Eslinda Núñez.

No es un secreto para las mayorías que vivimos en un sistema-mundo, en el cual acontecen procesos de reconfiguración dada la convergencia de novedades y exigencias del periodismo digital, la socialización de contenidos en función de la masificación de la cultura y la educación, los usos de blogs, Youtube, Twitter y Facebook.

Coexisten múltiples experiencias en el campo de la enseñanza nacional aportadas por colecciones de software educacionales, laboratorios virtuales y colecciones digitales, estos materializan que las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) son complementos imprescindibles del aprendizaje docente.

Al unísono, en las pantallas mediáticas prolifera la violencia, en ocasiones el horror protagoniza los juegos electrónicos que circulan de mano en mano, regresan los cuentos de hadas como un valor agregado a productos de uso y consumo. Al tanto de esta realidad, se impone repensar el entretenimiento, el cual es, sin duda, un derecho legítimo, pero no puede limitarse a la rutina o a la enajenante elección de ver más de lo mismo con una postura acrítica.

Una industria poderosa acude a fábulas ancestrales, de las que se retoman –a veces en términos desconcertantes– la eterna contienda entre villanos y héroes, una demarcación engañosa de ambos mundos. Algunas personas suelen simplificar el impacto de la televisión, su capacidad para persuadir desde el espacio íntimo, con discursos e imágenes susceptibles de ser reveladores de conflictos y circunstancias, en dependencia del interés, la intencionalidad de realizadores y televisoras.

Hace algún tiempo, la destacada actriz Alicia Bustamente nos comentó: “Los filmes y las series proponen ideas y presupuestos estéticos de diversa nomenclatura. Hay que estar atentos, pues no se deben confundir el exceso de golpes, laceraciones humanas, con la acción que necesita el personaje en estos tipos de productos para motivar la reflexión de los públicos. Por supuesto, una buena película o una buena serie siempre será bienvenida”.

Sin los públicos masivos no puede desarrollarse la comunicación. Al mirarse en el “espejo” que pretende ser la pantalla, el espectador exige verdad artística, incluso aunque no sea consciente de la magnitud de este concepto, el cual demanda verosimilitud o efectos de realidad ajenos a los datos sociológicos o históricos colocados de forma explícita en la narrativa audiovisual.

La programación de series al estilo de Mentes criminales y Doctor Bull (Canal Multivisión) debe activar el ojo crítico, no el que oculta o sanciona, sino el que es capaz de ver más allá del bocadillo, la secuencia, o la puesta a favor de la violencia y el descalabro en contraposición al bien, a la justicia.

Personajes y relatos pueden motivar miedos, amor, odios, venganzas, sería oportuno intercambiar con los más jóvenes de la familia sobre estos sentimientos, los cuales generan en algunos seres humanos actitudes o posturas incorrectas.

De ningún modo por azar los destinatarios demandan variaciones de lenguajes en un mundo de visualidades cada vez más fragmentado, en el que las transformaciones propias de la modernidad instauran otro tipo de relación social que la cultura tecnológica ya prefigura, de la cual la televisión de bien público es un eslabón esencial, debemos aprovecharla todos los días en beneficio de la sociedad.

Las narraciones ficcionales establecen, como la vida, metáforas y analogías desde variaciones temporales, construcciones de laberintos o inesperadas casualidades que hacen variar nuestro rumbo o, por lo menos, pensarlo mejor antes de retroceder o seguir adelante.

 

 

Foto: Jorge Valiente

 

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