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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Para honrar aquel 23 de agosto

Nadie fue capaz de suponer sesenta y un años atrás que esa "revolución dentro de la Revolución" sería capaz de tan cotidiano heroísmo

Han transcurrido sesenta y un años desde aquel 23 de agosto de 1960, cuando el visionario líder Fidel Castro reconociera en Vilma Espín Guillois las ejemplares virtudes y el liderazgo imprescindible para encabezar la Federación de Mujeres Cubanas: esa «revolución dentro de la Revolución», que desde entonces ha estado siempre a la altura de su misión y de su tiempo.

Esas federadas obreras, campesinas, estudiantes, militares, científicas, intelectuales, artistas, cuentapropistas, amas de casa, que en esta cruenta época marcada por una terrible pandemia día tras día multiplican sus esfuerzos y renuevan sus afanes, con esa constante y apasionada entrega de la que sólo son capaces las nacidas en esta invicta tierra.

Valerosas mujeres que han estado en la primera línea de los riesgos: esa llamada zona roja donde han coincidido con el personal médico y paramédico que se enfrenta a la Covid-19, muchas profesionales de nuestros medios de comunicación para divulgar de primera mano y desde el más complejo de los escenarios la incesante lucha librada por el sistema de salud cubano contra la enfermedad y la muerte.

Nadie fue capaz de suponer sesenta y un años atrás que esa «revolución dentro de la Revolución» sería capaz de tan cotidiano heroísmo más allá de los talleres, los surcos y los campos de batalla, donde tantas veces ha demostrado su entereza y su coraje la mujer cubana.

Por eso, aunque este 23 de agosto sea necesario prescindir de la tradicional y festiva celebración de cada aniversario de la FMC, hay muchas razones para rendir homenaje a las que desde sus filas y en los más diversos frentes de trabajo se empeñan en mantener viva la esperanza; a las que en el hogar cubren la retaguardia a sus hijas; y hasta a esas federadas del futuro, cuya feliz infancia no podrá tronchar nada ni nadie.

Este será nuevamente un 23 de agosto sin abrazos y sin besos, pero comprometido con el propósito de honrar por siempre aquel de 1960 que marcó el nacimiento de la Federación de Mujeres Cubanas.

 

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