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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Pon tu pensamiento en mí: el suceso comunicativo de Clavelito

Clavelito fue un artista que movilizó multitudes al punto de configurar un verdadero fenómeno comunicativo y espiritual en Cuba durante los años 40 y 50 del siglo pasado

La radiodifusión comercial cubana (1922-1959) tuvo sus luces y sus sombras. Hubo loables proyectos educativos-artísticos, que se recibían como un bálsamo divino en un entorno social donde estos ámbitos no constituían la prioridad gubernamental.


¿Quién no recuerda a German Pinelli vestido de buzo para en la bahía de La Habana hacer una entrevista marina o animar, de las más disimiles maneras, a los concursantes de aquel famoso palo ensebado del programa Aquí todos hacen de todo?

Un día apareció, en los terrenos de la actual Ciudad Deportiva, un “platillo volador” que  asombró a la población y movilizó a las fuerzas del orden público.

La incógnita se disipó cuando, en el momento indicado, de su interior salió caracterizada para la ocasión la actriz y cantante Rosa Fornés, cantando el cha cha chá “Los marcianos llegaron ya”. Todo  consistía en una promoción de un programa televisivo creado por Joaquín M. Condall.

El hecho que hoy nos ocupa fue uno de los más sonados e inverosímiles de nuestra radio, solo comprensible en un contexto donde imperaba un alto por ciento de analfabetismo y la educación y la cultura recaían fundamentalmente en el patrocinio de instituciones privadas o patronatos.

Paradójicamente, pese al auge del modelo de radiodifusión comercial imperante entonces, eran los contenidos de la radio y la televisión los que proveían a cubanos la mayoría de sus opciones educativas-culturales, ajustadas a disímiles niveles de instrucción, clase social o poder adquisitivo.

Si les digo Miguel Alfonso Pozo, para la mayoría no tendrá ningún significado, pero si nombro a Clavelito, de inmediato recordarán a un artista que recreó un personaje movilizador de multitudes, al punto de configurar un verdadero fenómeno comunicativo y espiritual que explotaba la ingenuidad y sensibilidad de la imaginería popular.

“Pon tu pensamiento en mí y veraz que, en este momento, la fuerza del pensamiento ejerce el bien sobre ti”, decía el artista en su programa.

Por obra y gracia de un poder superior, el vaso de agua magnetizada, puesto sobre el equipo receptor de la señal, canalizaría las buenas energías y tendría la capacidad de solucionar conflictos, curar y producir milagros. Hoy produce risa, pero entonces, legiones de cubanos fueron convencidos de abrir sus magros bolsillos para obtener beneficios.

Clavelito nunca afirmó que tenía poderes divinos pero llego a recibir cerca de 20 000 cartas en una semana.

Alfonso era un repentista que desde el 27 de abril de 1939 había actuado en CMQ, como trovador, en los programas: Controversias Colgate, Controversias Toody, Por los campos de Cuba y Rincón campesino, con La calandria.

Dicen las malas lenguas que el Horóscopo de Clavelito se mantuvo en CMQ hasta que su director general, Goar Mestre, descubrió que las cartas contenían dinero.

Algo muy diferente pasó desde mayo de 1951, desde Unión Radio, después que Trinidad y Hermanos comprara su contrato a CMQ y le sustituyó por Vicente Morín. El buzón de Clavelito, a las 11:15 a.m., incluía la actuación de José Sanabria –Don Jaime– y Clavelito, además de improvisar décimas, respondía solicitudes.

Así las cosas, el hermano Clavelito desató un fenómeno comunicativo-espiritual tan resonante  que la correspondencia de sus adeptos rebosaba los dos pisos de la planta. Gestor de escándalos y burlas también, ese espacio fue clausurado en 1952.

¡Cómo sería hoy en tiempos de redes sociales como Facebook!
En diciembre de 1952 Roberto Garriga estrenó en Unión Radio su novela La vida de Clavelito. Su resonancia  fue tal que en las elecciones de 1954 el artista quedó electo representante a la Cámara.

Como Emilio del Mármol, Clavelito interpretó guajiras en Romances campesinos, a las nueve de la mañana en CMQ Radio. Durante 1955, los domingos a las 8:40 p.m., animó Una voz cubana con sabor a caña.
Miguel Alfonso Pozo murió en Cuba en 1975.

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