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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Promesas cumplidas (II): Julián, Josefina y Casimiro

La serie ha sabido integrar un buen diseño dramatúrgico, solidez argumental y excelentes actuaciones
Serie Promesas

Serie Promesas

Avaricia, lujuria, mitomanía; dicho así, parecería que estamos ante algunas de las siete pasiones del alma fijadas por la tradición eclesiástica como “pecados capitales”, o quizás nos recordaría los nueve círculos del Infierno descritos en la primera de las tres cánticas de la Divina Comedia, del poeta florentino Dante Alighieri. Pero no, son las historias de Julián, Josefina y Casimiro, que nos presentó Promesas en los tres últimos episodios transmitidos en las noches de martes por el canal Cubavisión.

En la actual era digital, donde los productos audiovisuales son cada vez más multimediales, al finalizar cada capítulo, la serie se convierte en un treding topics en las redes sociales, reflejo de la excelente acogida que está teniendo este inusual dramatizado en la teleaudiencia. Digo inusual porque, aunque las historias están conectadas entre sí, cada episodio es monotemático; por lo que fueron convocados unos cinco guionistas, encabezados por el siempre certero e imprescindible Amilcar Salatti, y unos cuatro realizadores bajo la dirección general de la experimentada Mirta González Perera.

Promesas, ha sabido integrar buen diseño dramatúrgico, solidez argumental y excelentes actuaciones, desde los más consagrados y experimentados actores hasta los rostros noveles. Un producto convincente a pesar de bordear y bordar —airosamente— temas tan cotidianos para cualquier cubano, pues, aunque las historias se desarrollan en un pasaje habanero, nos son comunes, porque abarcan toda clase de motivaciones y sentimientos, la importancia de los valores humanos y lo trascendental en que se convierte lo que prometemos y a quiénes lo hacemos.

Desde su estreno, el argumento de cada episodio ha marcado la diferencia respecto a entregas anteriores, en las que el televidente infiere con muy poco esfuerzo —casi a la espera y convencido— el desenlace de cada escena y el planteamiento de la siguiente. Todo lo que conspira contra el clímax y el suspense. En Promesas el excelente guion y diseño de los personajes han logrado acortar las barreras emocionales que impone el medio, aspecto medular para lograr la veracidad argumental, la cadena de acciones y la organicidad de los actores.

Loables también resultan la exquisita fotografía, la acertada música original de Kelvis Ochoa, la elocuente narración de Luis Alberto García y el milimétrico trabajo de edición, a cargo de Giselle Crespo, que han logrado regalar —hasta el momento— al televidente un producto audiovisual con marcada calidad técnica y estética.

Sin más preámbulos, acá les dejo mis “prometidas” valoraciones sobre Julián, Josefina y Casimiro.

La cuarta historia, con libreto de Lil Romero y dirección de Jorge Campanería, nos presentó a Julián, magistralmente interpretado por Carlos Gonzalvo, un padre de familia que cede ante las retorcidas aspiraciones de su hijo Virgilio, un adolescente sumido en los códigos materiales que va imponiendo la vorágine del estándar social y que, en no pocas ocasiones, pone en un plano secundario los valores humanos más elementales.

Carlos Gonzalvo, un actor que los televidentes asocian fundamentalmente a la comedia, esta vez en el rol protagónico, demostró que el drama está también hecho a su justa medida. Igualmente resultan destacables las actuaciones de Anelore Barros, precisa y convincente en el papel de Odalys, y Andro Díaz, a quien recordamos de otras propuestas como la serie LCB2 y el telefilme Juegos de vida; sin embargo, fue Promesas su debut en televisión interpretando a Virgilio. Quizás en ese contexto hubiese escrito que el muchacho promete, pero sus posteriores desempeños actorales me permiten afirmar que es ya una “promesa cumplida”, a pesar de su novel carrera.

Los conflictos de este capítulo y su desenlace final abrieron un camino a la reflexión. Julián, Virgilio y Odalys sucumbieron ante un mundo en el que cada vez estamos más pendientes de cumplir con ciertos estándares sociales, una presión que se presenta cuando ignoramos nuestra individualidad y nuestros principios, porque creemos que son diferentes o que quizás no serán aceptados, o simplemente porque nos sentimos inferior a los demás. No dejar que esa presión nos consuma y nos domine es fundamental, ya que nos puede llevar —como a los personajes de esta historia— por un camino sin retorno.

Promesas fue el primer trabajo del actor Andro Díaz en televisión (Foto: Tomada del perfil de Facebook de la serie)

Josefina, así se llamó la segunda promesa que nos llegó con aires de comedia, escrita por Serguei Svoboda y bajo la dirección de Yoel Infante. La historia de una mujer de 35 años frustrada en su matrimonio y que ha perdido la pasión de antaño, pero que, a pesar de ello, trata de imponerse ser fiel, ante la inesperada promesa de su esposo Benito de amarla por el resto de sus días, enfrentándose ante una encrucijada que la invitará a superar límites que nunca se había propuesto.

En esta ocasión, hago mías las palabras de Rene Julio Sánchez Long, uno de los tantos televidentes que han dejado sus opiniones sobre Promesas en las redes sociales:

“En el capítulo que lleva por nombre Josefina se enfoca esta vez la infidelidad desde la rutina, las promesas no cumplidas de los “para siempre” y la búsqueda de una primavera en el hemisferio contrario, para finalmente encontrar un invierno”.

“El tema es recurrente, pero se logra una mirada diferente y un mensaje que nos obliga a mirar las relaciones desde el amor, pero el amor en todas sus dimensiones, en las consecuencias de las decisiones y sin el final rosa que alguien podría esperar”.

“La rutina y la infidelidad cumplieron su misión. La infidelidad se presentó como la ruptura de una promesa de permanecer confiables el uno al otro, con un abuso o mal uso de esa confianza depositada por ambos en la relación, mientras que la rutina se enmarcó como una situación durante la propia evolución de su relación, con los matices de falta de comunicación, espontaneidad y la rutina sexual, elementos que tejieron la historia.”

El elenco, una vez más, bien escogido. Yeni Soria excelente en la piel de Josefina, es una actriz que se desdobla en cada puesta y que imprime siempre un sello único a sus papeles. La propia artista ha confesado su inclinación por asumir personajes diferentes de su carácter y personalidad, con lados oscuros y profundos a nivel psicológico. Plausible también el desempeño actoral de Delvys Fernández, Roberto Espinosa, Karla Vicens y los maestrazos Daisy Quintana y Patricio Wood, a quienes podremos disfrutar juntos nuevamente en la próxima telenovela cubana , de Lester Hamlet.

Yeni Soria vuelve a sorprendernos con su excelente interpretación de Josefina (Foto: Tomada del perfil de Facebook de la serie)

Finalmente, el pasado martes disfrutamos de una nueva entrega de Promesas. El guion escrito también por Serguei Svoboda, fue llevado a la pantalla por el director Ricardo Miguel González con la historia de Casimiro, un hombre mentiroso y embustero que esconde un turbio pasado.

Aramis Delgado en el rol protagónico se lució, igual que Tahimi Alvariño, cuya presencia en pantalla agradecemos después de años ausente en los dramatizados nacionales. Con roles secundarios en el teledrama, figuraron también con un buen desempeño Faustino Pérez, Eugenio Torroella, Chabely Díaz y Frank Cuesta. Una de las grandes fortalezas de Promesas está precisamente en su elenco de actores.

Casimiro fue un capítulo que nos habló sobre la mitomanía: personas que de alguna manera buscan llenar un vacío o una herida del pasado con mentiras, algo que a la larga se convertirá en veneno para su vida y para los que lo rodean. Un conflicto que solo es capaz de superarse con la sana aceptación de lo que uno es, la sana consecución de lo que uno quiere ser, sin tener que recurrir a las mentiras, esas que, aunque la persona que miente tenga como balas salvadoras, lo único que hacen es alejarla un paso más de quien realmente es.

Promesas es el primer trabajo en el que Aramis Delgado y Tahimi Alvariño actúan juntos como pareja (Foto: Tomada del perfil de Facebook de la serie)

Estas tres últimas historias han estado marcadas por promesas incumplidas, con finales infelices en algunos casos, pero a la vez, siguen cumpliendo lo prometido: una serie que desde su concepción auguraba ser todo un boom televisivo.

Los invito a seguir disfrutando de las próximas historias. Cuando conozcamos a Gabriel (Alejandro Cuervo), Marlen (Maikel Amelia Reyes) y Yakychan (Ángel Ruz), regresaré… ¿Serán también promesas cumplidas?

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