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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Telenovelas en la mira

Acercamiento a la producción cubana Piel de barrio, en proceso de rodaje
Telenovelas cubanas

Telenovelas cubanas

Siempre está mirándonos a los ojos y sin recato invade nuestra intimidad. La televisión no busca su nicho en la idea ilustrada de la cultura –como el cine lo hizo durante un tiempo al relacionarse con la literatura y la plástica.

La experiencia audiovisual que posibilita ese medio, replantea otros modos de establecer vínculos con la realidad desde transformaciones, las cuales introduce en la percepción de espacio y tiempo.

La pantalla es interlocutora por excelencia, mantiene la permanente simulación de un diálogo inagotable en tanto “habla” al televidente, lo desafía, conmueve y acompaña.

Dichos atributos lideran en el producto más exitoso de la televisión en América Latina, la telenovela, que en 2014 cumplió 62 años de existencia. Algunos estudios ubican sus inicios en octubre de 1952 con Senderos de amor, original de Mario Barral, y producida por CMQ-TV.

Durante más de tres decenios, la programación televisiva del continente ha estado dominada por telenovelas, las cuales se exportan a países distantes de la región, entre ellos Malasia, Grecia, Filipinas e Israel. Como producto cultural crece su impacto, que influye de manera decisiva en la producción interna y la difusión transnacional.

En opinión del doctor en Ciencias Pedagógicas José Rojas Bez: “las telenovelas suelen servir de marco referencial y como criterio distribuidor del tiempo de la familia, la cual realiza acciones “antes o después” de su horario, apoda humorísticamente a sus conocidos con nombres tomados de las telenovelas y reafirma sus emociones en ellas”.

En el panorama mediático, las producciones brasileñas se destacan por su calidad, abordan temas actuales y perfiles socioculturales, cada apertura o presentación es concebida por un equipo artístico encargado de analizar con detenimiento el diseño gráfico audiovisual que demanda el proceso creativo de resignificación en el producto-mensaje.

En tal sentido es reveladora la telenovela Chocolate con pimienta –que se mantiene en pantalla por Cubavisión-, comedia ambientada en la ficticia ciudad de Ventura, en Brasil, donde la principal fuente económica es una fábrica de chocolate.

Desde una perspectiva ecléctica, con alusión al estilo artístico art nouveau (arte nuevo), la infografía representa el carácter lingüístico en imágenes planas, lineales y ornamentales, sin desvincularse de atmósferas, sombras y texturas que sustentan explícitas referencias sensoriales y gustativas relacionadas con la preparación y el disfrute de la apreciada golosina.

Otra visión propone la telenovela carioca Dos caras, (Cubavisión, de Lunes a Viernes, 9:00 p.m.), en la apertura o presentación de apenas 70 segundos, en la que se exhiben algunas fotos fijas en blanco y negro, como parte de la maqueta de la portelinha o favela (barrio marginal) realizada con papel reciclado, latas desechables de refrescos y pedazos de alambre en torno a edificios de lujo, los cuales se crearon mediante gráficos en computadoras.

En estas obras la visualidad no es inocente, su diseño responde al servicio de la comunicación audiovisual, tal como requiere una narración que construye modelos análogos del diario acontecer, pues no es espejo de lo “real”, sino la construcción de otra realidad.

Todo espacio televisual exige una esmerada atención de lo que podemos llamar el “rostro” del programa, en el cual se anuncia y define la primera acotación del género, ya sea dramático, informativo o de otro tipo.

Todo espacio televisual exige una esmerada atención de lo que podemos llamar el “rostro” del programa, en el cual se anuncia y define la primera acotación del género, ya sea dramático, informativo o de otro tipo.

Las producciones cubanas no están ajenas a dichos preceptos, y las telenovelas, en particular, tienen códigos, lenguajes, formulaciones de estereotipos en la representación de los sujetos y, por lo general, el argumento se basa en una estructura narrativa simple: una historia de amor cuyos protagonistas -especialmente la mujer-, se enfrentan a una serie de obstáculos, los cuales deben vencer para alcanzar la felicidad que proporciona el amor.

Cada puesta tiene sus atmósferas, peculiaridades, matices y complejidades, así lo demuestra la telenovela Piel de barrio -en proceso de rodaje-, con guión de Amílcar Salati, Gabriela Reboredo y Yunior García, dirección de Consuelo Ramírez y co-dirección de Felo Ruíz.

Es una historia de barrio que trata, fundamentalmente, de las pasiones, el amor, los rencores, la amistad, la fidelidad, y de la pérdida de valores humanos.

En esta puesta, Beliza Cruz interpreta el personaje de Angélica: “Es una prostituta que se expone a malos tratos y asume un sinfín de veleidades para alcanzar su propósito: el amor de Pedro Pablo. No le importa mentir, y usar más de una máscara en sus villanías.”

La actriz destaca que tanto la representación como el propio lenguaje de la televisión son desafíos para ella.
“Procedo del grupo de teatro Olga Alonso, que dirige Humberto Rodríguez, un maestro en la formación de actores. Desde que llegamos a la escena, él está –según suele decir-, “lanzándonos a la piscina con obras complejas y disímiles personajes”, de esas experiencias he aprendido mucho.

“El proceso de creación en el teatro es diferente al de la televisión, en la que las sesiones de trabajo son agotadoras, pues realizamos un día varias escenas, las cuales pertenecen a capítulos diferentes, esto exige organización, organicidad, disciplina, entrega total.

“En la actuación se ponen en juego muchas emociones, a veces una llega al set con una carga fuerte y de pronto hay que suavizar. Me ha ocurrido con el personaje de Angélica, el cual tiene matices, creo que está bien escrito.
“Me siento feliz, pues he seguido el camino que elegido a los 8 años cuando por primera vez subí al escenario con el personaje de Estelita en la obra Andoba. Hago lo que siempre quise: actuar”.

Disímiles conflictos, circunstancias, aspiraciones y sueños, nutren a quien incorpora otra psicología, pareceres y actitudes al asumir un nuevo rol en el set. Así lo reconoce Ulyk Anello.

“Pedro Pablo es el antagónico en Piel de barrio. Personaje controvertido, difícil, me pone ante nuevos retos. No se parece al Leonardo de la telenovela La otra esquina, ni a otros que interpreté en el teatro, una escuela imprescindible.

“Cada día aprendo de los grandes actores y los más jóvenes. Me gusta escuchar, descubrir secretos de la actuación que nutren el pensamiento del actor y el ser humano.

“Me siento dirigido por Consuelo Ramírez y Felo Ruíz, saben lo que quieren y hacia dónde quieren llevar a un elenco integrado por consagrados y jóvenes, todos tienen deseos de crear y perfeccionar sus desempeños”.

En 2016 la telenovela Piel de barrio estará en pantalla para que los públicos disfruten de un relato, en el que dilemas, problemáticas, costumbres comunes o ajenas los harán sentir nuevas emociones.

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