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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Un cronista de su tiempo

Acercamiento al escritor Alberto Luberta Noy, un nombre imprescindible de la Radio Cubana

Hizo historia en uno de los programas más estelares del sistema de la Radio Cubana: Alegrías de sobremesa. Alberto Luberta Noy se nutrió del sentimiento popular. Creó personajes únicos que dieron alma, voz, a hombres y mujeres del barrio: Rita, Paco, Estelvina, Sandalio, entre otros muchos.

En una ocasión le dije: Maestro, usted es un genio. Y él, con su modestia habitual, respondió: “el verdadero genio es el pueblo que me inspira”.

Llevó el estelar espacio a los primeros lugares de la preferencia radial en todo el país. Es imposible hablar de Luberta en pasado. Hace apenas unas horas (en la noche del 23 de enero de 2017) se despidió para siempre, pero sus radioyentes de varias generaciones no lo dejarán marcharse.

Contó historias e innumerables anécdotas en las voces de rostros que permanecen en el recuerdo como motivos de alegrías y disfrute.

Su labor creativa diaria exigió de Luberta ingenio y maestría, talento y dedicación, disciplina para cumplir con la responsabilidad de escribir libretos a diario. Defendió los valores humanos en cada emisión de Alegrías de sobremesa en La emisora de la familia cubana.

Testimonios de su quehacer fueron registrados en el libro Cuatro grandes de la Radio (Editorial EnVivo, 2013). De ahí la importancia de estimular la permanencia de publicaciones que perpetúen saberes y experiencias de quienes construyen la historia de la Radio y la Televisión Cubanas.

En dicho texto de la doctora Norma Gálvez y Yulmis Merencio, afloran las virtudes de un hombre que escogió su onda de la alegría.

Según refieren: “Luberta apuesta por el humor de situaciones, considera que este tiene riqueza, la cual permite ir a la herencia del bufo, a la sátira; sonreír, pensar, razonar, ver otras aristas del entorno, desplegar una visión crítica, el doble sentido, compartiendo el amor, que en situaciones diversas, profesa a cada personaje, a su psicología, lleva intrínseco lo que aporta socialmente”.

Durante más de cincuenta años, Luberta Noy hizo reír diariamente en los horarios de sobremesa del pueblo. Captó esencias del gracejo, de la identidad del cubano, de las expresiones populares que identifican épocas, situaciones, conflictos, en la sociedad cubana.

Galardonado con el Premio Nacional de Radio y el Premio Nacional de Humorismo, entre otros, recibió el aplauso, el cariño, la gratitud del pueblo.

La familia fue seguidora y cómplice de sus empeños en el medio radial; su esposa, Caridad Martínez, directora de programas, y los hijos, Aldo y Albertico, aportaron talento e imaginación en la escritura y la dirección de varios espacios.

Poco se habla -o no tanto como lo merece-, del tránsito de Luberta por la televisión, medio al que aportó historias y personajes inolvidables.

Fue un cronista de su tiempo, que es decir de la vida entera dedicada a la cultura y al arte radiofónico.

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