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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Un Fidel que vibra en la montaña

Reseña sobre la gala cultural para conmemorar el cuarto aniversario de la muerte del Comandante en Jefe

Este 25 de noviembre la Televisión Cubana transmitió íntegramente el concierto homenaje a Fidel a cuatro años de su definitiva marcha a la inmortalidad. Y fue justamente la legendaria escalinata de la Universidad de La Habana el escenario perfecto para honrar la eterna sobrevida de aquel joven estudiante de Derecho que se convirtiera tiempo después en abogado defensor de los pobres de esta tierra y de toda la Tierra.

Millones de cubanos –esos agradecidos que siempre acompañaremos a Fidel en su interminable trayecto por la historia– pudimos sentir y compartir voz a voz y nota a nota, ante la pequeña pantalla, la emoción de los artistas de todas las generaciones que participaron en una velada donde no hubo espacio para la tristeza, sino para la comprometida evocación de quien, como nadie en este mundo, interpretara y realizara los sueños vindicadores de Martí.

La rumba, la canción, el repentismo, la trova, la poesía, fundidos en un haz con legítimo sabor a pueblo –a nuestro pueblo– para que cada televidente bien nacido deseara haber estado allí, al pie de los ochenta y ocho escalones donde comenzó a empinarse la estatura del líder invencible, y ofrendarle al Comandante en Jefe su más sentido aplauso… como hice yo desde mi casa mientras ondeaba, multiplicada en decenas de jóvenes y promisorias manos, la bandera de la estrella solitaria.

Yo, que desde niña he escuchado tantas veces la guajira de Eduardo Saborit «Cuba, qué linda es Cuba», este 25 de noviembre le encontré un sentido diferente. Como dijo el cantor, hay un Fidel que vibra en la montaña, pero bien sé que sigue vibrando también en las más justas y nobles causas, y en las cruciales batallas que en estos tiempos libra su pueblo, nuestro pueblo.

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