vie. Sep 18th, 2020

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Contra las trampas del silencio


Violencia intrafamiliar, tema del documental Consecuencias, de la realizadora Ana Margarita Moreno

En el “mundo” en que vivimos, las cámaras se multiplican a una velocidad impensada en diferentes escenarios. Los medios de comunicación audiovisuales son narradores por excelencia.

Mediante Internet, un gran número de contenidos alojados en servidores que están ubicados materialmente en un espacio específico, puede ser accedido de forma remota en distintos momentos y por quienes se conectan desde diversos lugares del planeta. Es lo que se conoce como virtualización de la información, pues está situada en un lugar específico, y a la vez se encuentra virtualmente presente en cada punto de la red en el cual se le requiera.

Por doquier, los públicos diversos dejan de ser pasivos para convertirse en productores-difusores o productores-consumidores. La tecnología transforma las prácticas culturales, posibilita el acceso a productos diferentes y a consumos informales.

En dicho contexto, el documental es la expresión audiovisual que cambia de registro de la realidad a expresión de la verdad. Constituye una marca de la individualidad, de la relación del yo con el otro ser humano.

De los temas que motivan a realizadores de diferentes generaciones forma parte la violencia intrafamiliar, una de las modalidades de la violencia más silenciada en la sociedad.

Sobre este interés, discursa el documental Consecuencias, de la guionista y directora Ana Margarita Moreno Plasencia, presentado en el espacio Moviendo los Caracoles, que convoca la Asociación de Cine, Radio y Televisión, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en la sala Villena, de esa institución.

El material recibió los premios Caracol (dirección), y colaterales, otorgados por la Federación de Mujeres Cubanas, Signos (Organización católica cubana para la comunicación) y el Centro Nacional de Educación Sexual  (Cenesex).

Un amplio y enriquecedor debate suscitó la proyección, a la cual asistieron documentalistas,  investigadores, artistas, periodistas y expertos del audiovisual.

Según reconocieron, los problemas más escabrosos de la sociedad cubana contemporánea se adelantan en obras audiovisuales; incluso mucho antes de que aparezcan estructurados en otros discursos.

Durante el fructífero intercambio, se reflexionó sobre los valores artísticos de la puesta, el modo de contar el relato y la sensibilidad de la realizadora “al profundizar en una realidad dura, difícil, desgarradora”.

Ana Margarita rememoró que, “fue en el patio de la Uneac, donde surgió la idea de realizar el documental Consecuencias.  Es importante hablar del tema y mostrar testimonios de personas que cumplen condena por cometer actos de violencia sobre su pareja después de haber sido víctimas en la relación. Exponerlos, mostrarlos sin máscara, tratar el asunto con sinceridad, fueron nuestras propuestas.

“Estas personas cumplen condena por sus delitos, tienen historias que duelen y las guardan en silencio. Algunas de ellas pueden ser una compañera de trabajo, nuestra vecina, un familiar que sufre calladamente. La sociedad tiene que estar dispuesta a no dar la espalda y hablar sobre la violencia de género que se desencadena en un espacio privado y produce consecuencias en los seres humanos. Estos imperativos alertan sobre Las trampas del silencio, lo que no se habla”.

“Me propongo en cada puesta audiovisual constituir un dispositivo para abordar problemáticas, conflictos de la sociedad cubana, sobre todo las relaciones entre hombres y mujeres; visibilizar las formas particulares de
violencia contra la mujer por razones de género, cómo se establecen las relaciones de poder y la naturaleza de los vínculos entre las víctimas y sus agresores. Es imprescindible hablar de estereotipos, interpretarlos;
motivar el análisis sobre ellos, pues están muy arraigados en la sociedad contemporánea”.

Para la creadora ha sido fundamental el apoyo y la colaboración del sistema institucional, pues permitió dejar constancia de las problemáticas mencionadas, sobre todo buscar soluciones entre todos y todas.

“Tuve el respaldo de la institución Oscar Arnulfo Romero para tratar la violencia de género. Durante el proceso investigativo recibí el apoyo del Ministerio del Interior, este fue esencial  para conocer y dialogar con los testimoniantes. Trabajamos con un equipo de psicólogos, entre otros expertos, quienes facilitaron que los sujetos hablaran ante la cámara sobre lo sucedido y enviaran un mensaje a la sociedad”.

Ella asumió la doble responsabilidad de hacer la cámara y realizar las entrevistas.

“No quería ficción en las historias; sino ver, mostrar, descubrir, dejar constancia de lo que les ocurrió a esos seres humanos, profundizar en sus sentimientos, en conceptos sobre la violencia y cómo determinados preceptos determinan en la discriminación de lo femenino”.

Cuenta Ana Margarita que se registraron experiencias de jóvenes y adultos, tanto del sexo femenino como masculino.

“En el caso de los hombres habían ejercido violencia sobre mujeres, otros estaban cumpliendo sanción por otros delitos, pero también cometieron hechos violentos con sus parejas; en los casos de las mujeres,
privaron de la vida a sus parejas después de haber recibido golpes y maltratos.

“Lo más importante era que cada persona supiera  que su entrevista podía cambiar alguna vida fuera; hablar sobre el asunto es importante para lograr cambios, pues la visibilidad de la violencia constituye un primer paso en la lucha contra ella.

“De igual modo, el personal que trabaja en Prisiones es esencial, pues todos y todas somos responsables con que allí haya personas de diferentes edades.

“La familia, la escuela, la sociedad, la responsabilidad es individual y colectiva; también el realizador de audiovisuales debe ser consciente de la trascendencia de su labor. Los testimoniantes, en su mayoría, lamentaron no haber tenido alguien que los aconsejara. Las mujeres no hablaban de lo que les sucedía por miedo a respuestas violentas contra familiares cercanos, por ello aguantaban solas, en silencio. Me identifiqué mucho con ellas; al final del día lloraba, pues no buscaron ni tuvieron la ayuda necesaria”.

Sobre la permanencia del material registrado, agregó: “todas las voces y las imágenes fueron registradas; sería bueno recogerlas en un libro. El compromiso y la responsabilidad son las principales motivaciones que nutren mi labor como realizadora. Tengo dos hijos pequeños para quienes deseo una sociedad mejor.

“Hace poco me preguntaron sobre qué trataba mi documental Consecuencias, respondí: del amor y de la amistad. Otra máxima de mi trabajo es promover la cultura de los afectos, la cultura de la paz, del diálogo, de la búsqueda de nexos que nos unan.

“Las experiencias que se cuentan en esta obra pueden alertar sobre el riesgo de la violencia. Cada ser humano debe ser prevenido; estar allí para tender la mano en el momento preciso. Solo así podremos detectar, evitar las formas de violencia machista que se producen en los ámbitos privado y público”.


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