lun. Ene 20th, 2020

Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Elegir con libertad


Acercamiento a la programación de verano en televisión

El mundo contemporáneo se desenvuelve en una dinámica que obliga al arte a la resemantización constante de valores estéticos en busca de novedades en términos formales.

Como reservorio cultural, las producciones audiovisuales son productoras de lenguajes, artisticidad, inquietudes sociales e ideológicas. Ante cada texto televisivo, los públicos son conscientes que “allí”  existe “otra realidad”, entre ambos se establece una relación que involucra la imaginación y el intelecto.
Muchas de las propuestas concebidas para la programación de verano exploran las posibilidades de creación artística que ha devenido espacio de investigación y redescubrimiento de valores. En este sentido, descuella Encuentros (Cubavisión, martes, 10:35 p.m.), que difunde el talento y el proceso de aprendizaje de músicos jóvenes.

La memoria es la dueña del tiempo, dice un refrán. Cada pueblo tiene su propio y singular proceso de formación. Sus esencias nutren un pasado complejo que, mediante vínculos y permutaciones continuas, transfieren contenidos socioculturales, estos cambian de manera continua en la interioridad de su permanencia. Sin la memoria viva, sin las pequeñas y las grandes historias, no es posible comprender la realidad de cada nación.

Las series Frank País, Columna 1 y Che en la memoria, que transmite Cubavisión, propician pensar y conocer la historia desde puntos de vista y estéticas diferentes. Revelan lecciones éticas, hechos, circunstancias, contextos, que apenas se conocen, y propician aprehender raigambres y significados para comprender el presente y el futuro.

A lo largo del siglo XX, el vínculo entre la historia y el cine transitó un largo camino. Desde sus inicios, y en su crecimiento como forma de expresión artística, el llamado séptimo arte, se nutre de la experiencia de otras formas de expresión, entre ellas, las artes plásticas, el teatro, la música y la literatura. Un amplio, diverso mundo de historias y personajes, se han recreado mediante estrategias narrativas que el cine desarrolla como arte e industria, las incorpora para nutrir el imaginario, el ser, el hacer de generaciones.
Las poéticas que otorgan a las puestas televisuales riqueza icónica y verbal desde la concepción de un complejo maridaje de metáforas y singularidades sintácticas permiten ver en pantalla, temáticas, estéticas y elencos diferentes.

Así ocurre con la retransmisión de la serie La frontera del deber (Canal Educativo, martes, 4:00 p.m.), esta aborda una red de espionaje que operaba desde Cuba, Honduras y Nicaragua con la participación de la Agencia Central de Inteligencia. Escrita por Daniel Chavarría y Guillermo Rodríguez Rivera, recientemente fallecido, y dirigida por Jesús Cabrera, esta puesta destaca los valores patrios y las acciones del imperialismo estadounidense contra nuestro país y otras naciones de América Latina.

Por la importancia de esta puesta, merecía un mayor presencia en la programación, pues solo se transmite una día a la semana. Tampoco fue destacada en los anuncios de la programación veraniega.
Los telecentros con sus emisiones respectivas también merecen un sostenido destaque en los canales nacionales.

El televidente necesita tener referencias del programa que viene en el canal elegido, pues el hábito no se improvisa. Así puede confeccionar su propio menú con diversidad de géneros dramáticos y musicales, espacios de participación y otros perfiles, esto constituye un gran desafío, pues las pantallas se han convertido en un elemento presente en casi todos los entornos de la vida humana.

Todo lo que se visualiza en la pantalla legitima la manera de vestir. Así lo ha reconocido la diseñadora Piedad Subirat. Para ella, “el vestuario presenta la realidad desde los cánones de la representación, interpreta los códigos de una época y decodifica los símbolos”.

El director de fotografía Felo Ruíz considera que las cámaras son herramientas, lo fundamental es el pensamiento de quien las utiliza en función de la dramaturgia de la historia.

Como diría el sabio Aristóteles: “Todos los excesos son malos, la virtud consiste en dar con el término medio entre dos extremos”. Este precepto resulta válido para todos los canales; uno de los “secretos” de la buena televisión es realizar programas interesantes para quienes han sido concebidos y que no aburran al resto.

Incentivar la apertura de estéticas y rescatar la expresividad de sensibilidades sociales, contribuirá tanto al goce individual como colectivo de espectadores participativos.

Armar el “rompecabezas” de la programación televisiva plantea múltiples desafíos, entre ellos, mantener el equilibrio para que prevalezca la dimensión cultural del entretenimiento.

Los espectadores elegirán con libertad siempre que las propuestas sean atractivas, estimulen el disfrute y el pensamiento.


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