vie. Oct 30th, 2020

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

La historia no contada

Fragmentos de la Tesis de Maestría en Realización Audiovisual (III edición) presentada en la Famca, Universidad de las Artes de Cuba
Universidad de las Artes de Cuba

A lo largo de mis 60 años de existencia y en mi doble condición de dramaturgo y realizador audiovisual disfruté muchas veces el mediático privilegio que representa tener frente al lente de mi cámara a relevantes figuras de la cultura nacional. Rine Leal, Freddy Artiles, José Antonio Rodríguez, Moraima Osa, Pastor Felipe, Eduardo Rosillo, Elena Burke, César Portillo de La Luz, Juan Formell…, personalidades, ilustres todas del patrimonio artístico cubano que desfilaron, repito, ante el lente de mis sucesivos directores de fotografía, sin la benevolencia que debí otorgarles, porque de manera insensata borré las matrices de mis cámaras.

Ignorancia personal, falta de archivos institucionales, ligereza de pensamiento criollo, confianza en un mañana que, en muchos casos, no amaneció otra vez: estas y muchas más fueron las razones de la actual escasez de archivos que donarles a las futuras generaciones de egresados de la Universidad de las Artes y a los cubanos de a pie que aguardan, con confianza, por un rescate intelectual, vigoroso y merecidísimo de sus héroes de la escena, la radio, la pantalla y la música.

Por ese motivo mi tesis de Maestría en Realización Audiovisual (III edición) –realizada en la Facultad de Artes de los Medios de Comunicación Audiovisuales (Famca), con el auspicio de la Universidad de las Artes– más que un documento académico que exhibir y defender ante cualquier audiencia, constituye una solicitud de indulto para mí, por el modo inescrupuloso con que procedí durante años, mientras enviaba a la nada fragmentos irrepetibles del arte cubano.

Afortunadamente entonces apareció la oportunidad de realizar el videoclip “Somos la clave”, a solicitud de la Agencia Artística Clave Cubana en el aniversario 20 de fundada y, otra vez, sin ser acreedor en lo más mínimo de absolución, tuve otra vez frente a mi cámara a algunos de los protagonistas de la música popular cubana contemporánea.

José Luis Cortés, Pachito Alonso, Migdalia Echavarría, César “Pupy” Pedroso, Alexander Abreu, Samuel Formell…, estrellas que decoran con justicia el firmamento artístico nacional, estuvieron de nuevo a merced de mi profundidad académica o mi frivolidad analítica. Y ahí –lo confieso, porque de otro modo sería un convicto, sin perdón posible–, la sabiduría del claustro de profesores que me asiste salvó mis pasos del callado delito que constituye ser cómplice de la desmemoria.

Justo al concluir la edición del videoclip para Clave Cubana –precisamente cuando nadie se interesó en las matrices de cámara, que contienen momentos insuperables de una grabación en los Estudios Abdala–, me percaté de que poseía, transmutadas en decenas de gigas, imágenes indispensables para entender de qué modo suceden muchas veces nuestros éxitos en la escena musical.

Aunque salí a filmar un videoclip, al llegar a la sala de grabación descubrí que en realidad me estaba enfrentando a un making of, porque por vez primera en verdad los Estudios Abdala –casa discográfica donde se produjo el evento– se abrían a los músicos, vocalistas y ejecutivos envueltos en la realización de “Somos la clave”.

Los músicos descubrían sus partituras in situ, los intérpretes se aprendían sus letras delante del micrófono y ponían voces en vivo; ingenieros y técnicos de grabación registraban al vuelo todos los másters que pudiesen acopiar, y un director orquestal y compositor hizo derroche de academia y oficio para llevar a feliz término una producción musical inesperada.

Un making of –insisto–, y no un videoclip como pensábamos, descubrimos al arribar a los Estudios Abdala, porque mi equipo de realización audiovisual y yo fuimos testigos de escenas dignas del mejor aplauso: Mario Rivera cantando su estrofa correspondiente, auxiliado de una hoja de papel donde el texto aparecía escrito; Laritza Bacallao, lo mismo, confiada en las bondades de una tableta; Alexander Abreu memorizando a la carrera las improvisaciones que se le antojaban para sus estribillos; José Luis Cortés –Premio Nacional de Música e instrumentista reconocido mundialmente–, repitiendo un solo de flauta que en su opinión podía ser aún más limpio.

Confieso con absoluta humildad al cabo de tres años que el rodaje del tema musical “Somos la clave” requirió de mis compañeros de equipo una velocidad de reacción sin precedentes, reclamó nuestra experiencia atesorada durante años para otorgarle a este proyecto al final, en el instante de su montaje, la fisonomía de un videoclip. Si nos atenemos a las especificidades que distinguen a ese género audiovisual de otro cualquiera, las diferencias saltan a la vista.

Definitivamente “Somos la clave” si bien en su origen aspiró a las glorias del mejor videoclip, fue filmado a la postre por diversas razones –mediáticas, no artísticas–, con la urgencia y ese altísimo nivel de improvisación que acompaña sin remedio al making of.

En consecuencia, al llegar a la mesa de corte y edición nos tropezamos con el mismo fantasma que engendramos: instantes de un virtuosismo insuperable y momentos de altísima zozobra, además, si a este colorido paisaje le sumamos las imágenes de archivo, de diverso formato y dudosa calidad televisiva que debimos aceptar, recomendadas por la alta dirección de Clave Cubana, sin el tiempo adecuado para su juiciosa revisión, podrá entenderse que el montaje de “Somos la clave”, lejos, de transmutarse en ese espacio amable, donde la reflexión, la exquisitez y la impronta artística en definitiva se vuelven protagonistas, se volvió una odisea.

Pero, se hizo, ¡y se hizo bien! Al menos hasta donde la prisa –siempre la prisa– nos concedió territorio libre de burocratismo. Y fue aprobado el clip por las instancias superiores; y sucedió la conferencia de prensa correspondiente al aniversario 20 de fundada la Agencia y, con los días, el frenético tropel en que vivimos los partícipes de aquella epopeya conmemorativa fue adquiriendo la calidad de la modorra.

Los aplausos fueron desvaneciéndose y la transmisión del videoclip al aire se tornó esporádica. Los músicos regresaron a sus conciertos habituales y nadie volvió a preguntar nunca más por los originales de cámara –benditas matrices audiovisuales–, como si su utilidad hubiese sido puramente mediática, transitoria, susceptible de término.

Y transcurrió un año justo antes de que los valiosos testimonios que guardé solicitasen el protagonismo que les pertenece siempre a las matrices, y saliesen a la palestra pública otra vez, gracias a la benevolencia de esta III edición de la Maestría en Realización Audiovisual realizada por la Famca y la Universidad de las Artes de Cuba.

*Realizador audiovisual. Máster en Realización Audiovisual. Licenciado en Artes Escénicas (especialidades Teatrología-Dramaturgia). Profesor auxiliar de la Universidad de las Artes.


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