dom. Ene 19th, 2020

Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Lo que miro, ¿es lo que veo?


Variaciones de la mirada desde el punto de vista estético

En la actualidad hablamos de audiovisualidad y no solo de visualidad. En este sentido, un término más abarcador, oportuno, es el de sensorialismo total, pues el humano concibe el mundo con la vista, el oído y todos los sentidos.

Vivimos en una sociedad mas mediática del espectáculo, en la que lideran códigos, señales, recursos de diferentes matrices y mediaciones.

Los medios de comunicación audiovisuales cohesionan el nexo entre la riqueza de la oralidad, la cual perdura como experiencia cultural de las mayorías, y la oralidad-otra que organiza el texto de lo visual desde la tecnología.

En dicho ámbito lideran las imágenes, “su ponderación es imprescindible a la hora de acercarnos críticamente a la realidad, ya sea la escritural o la realidad de la calle”, según reconoce el doctor en Ciencias sobre Arte, Rafael Acosta de Arriba.

“Existe una incipiente meditación de especialistas cubanos sobre la cultura visual posmoderna, muy deficitaria realmente en nuestro paisaje académico y crítico”, apunta.

La percepción de cada imagen depende de la individualidad creativa. Las pantallas se han convertido en un elemento constante en casi todos los entornos artificiales de la vida humana. En consecuencia, las redes de comunicación penetran en nuevos ámbitos sociales e institucionales, propician la existencia de nuevos usuarios y de nuevos usos.

No siempre lo que miro es lo que veo. La imagen tiene diferentes maneras de sustituir, interpretar, traducir la realidad visual, pues lo que distingue la representación icónica de cualquier otro tipo de representación es su forma específica de modelar la realidad.

Así lo atestiguan programas televisuales diversos como Elogio de la memoria, La otra mirada y La danza eterna, desde sus particulares acercamientos a figuras prominentes de la cultura, la danza y el arte universal.

Coexisten variaciones temáticas sobre imágenes, percepciones y culturas contemporáneas, en todas ellas es fundamental mantener el interés humano.

De acuerdo con el filósofo griego Aristóteles, “más vale elegir cosas naturalmente imposibles, con tal que parezcan verosímiles, que no las posibles, si parecen increíbles”.

Para vivir intensamente otras realidades en imágenes, los públicos necesitan dramatismo, sutileza, sugestión, exigen novedad, o sea, nuevos formatos en los productos televisuales.

Organizar, construir y desentrañar imágenes constituye una exigencia humana obligatoria; a veces consciente, otras inconsciente. Palabras e imágenes se nutren entre sí en un contexto de significados, por ello hay que mirar y hay que ver.

De manera frecuente producciones ficcionales incorporan hechos reales o imaginados para tomarse en serio lo popular desde la asunción del goce emocional mediante historias y personajes o personajes-tipos, en apariencia inocentes, que satisfacen gustos, preocupaciones e interrogantes de la mayoría de los públicos.

A ello contribuye la comunicación del artista con sus espectadores, participantes activos que disfrutan de una estrecha relación, la cual se comparte, se “vive” en el hogar.

El consumo cultural es apropiación, recepción y uso. Nunca el televidente está aislado de procesos decisivos en la toma de decisiones, de ahí la envergadura antropológica de la TV como mediación cultural, en tanto reproduce sentidos sociales, propone situaciones posibles, rechazadas o aceptadas, en dependencia de la lectura de diversas audiencias, de cómo interpretan la polisemia textual.

Incentivar la apertura de estéticas y rescatar la expresividad de sensibilidades sociales contribuye tanto al goce individual como colectivo de espectadores diversos.

Nunca debe simplificarse el impacto de la televisión como espectáculo y su capacidad para persuadir mediante discursos e imágenes susceptibles de plantear nuevos desafíos a los públicos, pues cuando la conciencia entrelaza lo sensorial y lo sensitivo, lo estético interviene con más fuerza en el consciente.


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