mié. Sep 23rd, 2020

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Ejercicio de pensamiento


Yo pienso cuando me alegro/Como un escolar sencillo/En el canario amarillo/Que tiene el ojo tan negro

José Martí

Ejercicio de pensamiento

Por Waldo Ramírez de la Ribera

Aún tengo fresca en mi memoria, la mirada del actor que encarna al joven Martí en el último filme de Fernando Pérez, cuando se desliza lentamente sobre sus pies al final de la película y su rostro lleva implícito el peso de la Patria.

Una inmensa sensibilidad humana que se forjó en medio de la rudeza social y paterna, se unió a una temprana vocación libertaria que supo captar esencias de la no ética política de la metrópoli española, como de la ética brutal del padre y la sensibilidad de una madre que ni en los momentos más duros deja de ser eso, madre. Es este el Martí de Fernando, o al menos, el que yo siento profundamente. Es este el Martí que agradezco, pues ahora una puerta mayor se me abre a él.

No dudo que ya alguno de los presentes se deba estar preguntando, qué hago hablando de la película de Fernando Pérez, Martí: el ojo del canario. Es lógico, suele hacerse divisiones livianas entre el cine y la televisión y no voy a pretender sentar cátedra.

Lo cierto es que en Martí se unió el artista con el patriota. Lo cierto es que en Martí, su verbo claro, le condujo a la vanguardia del pensamiento y de la acción. Lo cierto es que este filme enseña a amar, descubre el alma de un hombre grande y hace más grande el alma del hombre que lo ha hecho posible. Está en este filme la esencia del arte haciendo política fina. Es una magistral lección ideológica.

Si todos los productos audiovisuales lograran en sus públicos efectos similares, estaríamos participando quizás de la utopía. Como creo en lo utópico a partir de lo que hagamos, no renunciemos entonces a que nuestra televisión se crezca día a día para lograrlo.

La TVC tiene ante sí grandes y permanentes retos. Están quienes consideran que su función es únicamente entretener y están los del otro extremo, aquellos que consideran que cada programa debe ser una cartilla. Pero en los tiempos que corren pretender confundir entretenimiento con banalidad o ausencia de pensamiento es tan peligroso, como confundir lo educativo con lo excesivamente didáctico.

La TV, como medio de comunicación masiva, se torna una plataforma cada vez más transversalizada por los contenidos de la comunicación, la información y las artes. Es su realización diaria un ejercicio de pensamiento, donde se construyen los discursos del poder en su permanente interacción social. Dichos discursos, tengamos la claridad, se expresan en los contenidos de cualquier género de la producción audiovisual. Por tal motivo, estimar divorcios entre un programa informativo y una telenovela es un dislate tal, como pretender que el sostenimiento de los valores que defendemos, se construye exclusivamente en el lenguaje objetivo de los informativos, en la épica de la propaganda o peor aún, por negativo, en un arte panfletario por no polémico, sobre las contradicciones propias de una sociedad en construcción.

Hoy día la TV es el mejor medio de expresión para la cultura y ha de ser el mejor medio hacedor de la misma. Cada vez más, los espacios y las prácticas comunicativas son espacios de producción cultural y a su vez, el estudio de la cultura, pasa cada vez más por el análisis de los procesos comunicativos. Ofrecer caminos al conocimiento, a lo propositivo, reflexivo, analítico, al juicio crítico y al ejercicio permanente de la opinión, haciendo valer lo más auténtico y diverso de nuestra cultura, ha de ser nuestra principal apuesta y mejor aporte, en el afán de hacer perfectible nuestro sistema social.

Claro está, los tiempos que corren dejan sonar trompetas que intentan torcer el gesto verdaderamente revolucionario y a ratos, de miradas o sentimientos reformistas, algunos inician el equivocado camino de vender su alma al diablo.

El Imperialismo norteamericano, quien nunca ha cejado en el empeño de dominarnos, cejará menos en los tiempos actuales. Apuesta a los más jóvenes, aquellos que supuestamente para ellos, no tienen que ver con los principios de la generación antecesora. La manquedad de tamaño pensamiento radica en que no son capaces de aquilatar que se trata de esencias profundamente éticas y humanas, fundacionales del alma de la nación. Ahora, los tiempos exigen de nosotros que sepamos interpretar esas esencias, que demos continuidad a las mismas, que sintamos en nuestros hombros –como el joven Martí- el peso de la patria. A nuestro tiempo, las respuestas que nuestro tiempo exige.

Teniendo conciencia que la maquinaria cultural-comercial capitalista y que la industria del entretenimiento, tienen inmensos recursos tecnológicos y financieros a su disposición y que la guerra mediática que se nos hace mezcla maquiavélicamente calumnias y desinformación con la creación de una ilusión de felicidad asociada al éxito fácil, al consumismo, a valorizar la calidad de un producto por la marca que lo representa, no podemos ser ingenuos y reproducir en nuestra televisión los mismos preceptos. Los productos extranjeros deben ser cada día mejor evaluados para su inclusión en nuestras parrillas, pero el reto mayor está en que los nuestros sean la opción. Nuestra cotidiana escasez de recursos tiene que imponerse a fuerza de organización y racionalidad, pero sobre todo a fuerza de credibilidad y talento.

Es cierto que la TV no es la única que construye y afianza modelos, pero precisamente por su poder para fantasear y por su capacidad seductora, es que los productos audiovisuales que soportan el capitalismo, son los que mejor lo venden. Hoy, expuestos a una feroz campaña que intenta socavarnos, mantengamos pues la pupila insomne.

Si la misión de los grandes medios de comunicación del imperialismo yanqui y sus aliados, es reflejar el mundo según sus intereses comerciales y conducir el pensamiento según sus conveniencias de dominación hegemónicas, en la misión de los nuestros debemos conjugar la información, la educación y el entretenimiento, con la capacidad para denunciar y desmontar la ideología capitalista, junto a la acción ofensiva para enfrentar los problemas que se nos imponen desde afuera y los que se gestan desde dentro.

Por otro lado, es cierto que en circunstancias como las actuales, señalar las manchas de nuestro sol, puede hasta estimarse por los más conservadores, un coqueteo con las posiciones críticas de nuestros enemigos, de ahí que ser cuidadosos y profundos en nuestro reflejo de la realidad, no es ocioso; pero no es consustancial al revolucionario, el temor, ni conozco de revoluciones temerosas. Los discursos mediáticos y en este caso específico los de la televisión, deben saber que “toda gran libertad, presupone una altísima responsabilidad”.

Este año, arribamos al Aniversario 60 de la Televisión Cubana. Nuestro país ocupado en las tareas de la institucionalidad y el uso racional de los recursos financieros y materiales con que disponemos, avanza sobre nuevos derroteros. Nuestro deber está ahí, acompañando a estas nuevas tareas. Sabedores de que muchas de las medidas ingentes por actualizar el modelo económico y de hecho perfeccionar nuestro sistema social, serán medidas que por no paternalistas, encontraran caldo de cultivo en los anquilosados de pensamiento y en el enemigo astuto. Contribuir a generar en los ciudadanos mentalidad de productores y fortalecer éticamente a la Revolución, son los principios básicos del actual escenario.

Cada minuto a emplear sirva para mejorarnos; sirva para dialogar; sirva para construir consenso, con la humilde premisa de que la verdad absoluta no existe y a todo caso llegamos a ella, en la suma inclusiva de todos los que aportan.

“Sin plan de resistencia, no se puede vencer un plan de ataque”, dijo Martí.

A mi modo de ver, resistir es crear. Crear es vencer. Vencer es continuar.

No puedo elucubrar si sería algo así lo que pensó Martí cuando salió deportado de Cuba. Lo cierto es que el rostro del actor que lo encarna en la película de Fernando no me deja dudas: el joven Martí sabía que la suerte estaba echada; en sus hombros sentía el peso de la Patria.

Estrategia es política”, dijo Martí.


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