mié. Sep 23rd, 2020

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Sustituir voces, sonidos y algo más


Jorge Primo Llerena, uno de nuestros importantes directores de doblaje, diserta sobre los modos actuales de mantener el doblaje en televisión.

Sustituir voces, sonidos y algo más

Por Luis Brizuela Brínguez

Fotos: Otmaro Rodríguez

Como pionera en las transmisiones televisivas hace más de medio siglo, Cuba estableció paradigmas en distintas áreas de la producción, entre ellas descolló el doblaje de dramatizados y dibujos animados. Sin embargo, la carencia de recursos para modernizar la tecnología, así como factores subjetivos, disminuyeron –en cantidad y calidad– la creación de voces, sonidos y efectos para materiales audiovisuales concebidos en otras lenguas.

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Como director de doblaje, Jorge Primo Llerena (en primer plano), atiende cada detalle del proceso de grabación

Por tal motivo, EN VIVO conversa con uno de nuestros importantes directores de doblaje. Tras más de treinta y cinco años dedicados a la profesión, Jorge Primo Llerena diserta sobre los modos actuales de mantener tan necesario proceso.

«En los estudios doblamos películas, animados, series y documentales. Lo ideal sería recibir esos materiales por una vía comercial; lo cual implicaría obtener los originales con los parlamentos por escrito, una banda sonora y los efectos. Sin embargo, los materiales los adquirimos por diversas vías.

«Primero se requiere un traductor para llevar los bocadillos al español. Luego, corresponde a un grupo de actores interpretar el texto traducido. Esa grabación se mezcla más tarde con la banda sonora y los efectos, también producidos por nosotros.

«Parece simple, pero deviene una actividad muy compleja. Llevar un texto a otro idioma requiere ajustes, porque puede quedar más largo o corto y no debe perderse el sentido original del parlamento. Eso continúa haciéndose de manera analógica, no pasa por tecnología alguna, lo ejecuta una persona.

«De igual manera, los efectos los realiza un especialista de manera casi siempre manual: pasos, timbres, puertas que se abren, objetos rotos… Son aún insuficientes los efectos en formato digital y, al responder a estándares determinados, en ocasiones no funcionan en situaciones y contextos específicos.

«Por su parte, la banda sonora la elabora un musicalizador. Si el material posee escenas sin diálogos, pueden extraerse fragmentos de la música original o de algún efecto, y se aprovecha en el doblaje. De lo contrario, el musicalizador debe buscar un tema similar, con idéntico sentido, para rellenar los momentos de conversación entre los personajes. Es un proceso aún bastante artesanal. No obstante, se hacen cosas increíbles, los efectistas son verdaderos magos».

—¿Cuánto demora doblar un material audiovisual?

—Depende de la complejidad: cantidad de personajes, efectos sonoros… Por lo general, una película tarda alrededor de quince días; mientras que un documental o capítulo de una serie, de cuarenta y cinco minutos aproximadamente, demora más o menos una semana. Eso está sujeto a varios inconvenientes, como puede ser la ruptura de las máquinas, con muchos años de explotación.

Además, la grabación es complicada. Aún utilizamos casetes Betacam, con cuatro pistas de grabación; sin embargo, nuestras máquinas solo permiten grabar en las pistas 1 y 2.

—¿Entonces qué tan moderna es nuestra tecnología para el doblaje?

—Es casi la misma de los años 80. En la actualidad tratamos de transitar hacia la digitalización, gracias a la exportación de algunos documentales y dramatizados doblados. Con esos ingresos en divisas esperamos modernizar los equipos.

—¿Cómo era el doblaje hace 20 o 30 años?

 Antes del video, cuando el doblaje se realizaba en cine, en 16 milímetros, Cuba era referencia internacional. Desde el inicio de la televisión aquí radicaba el centro de doblaje para América Latina.

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Los actores releen el guión minutos antes grabar

Existía una pantalla de cine y proyectores para visionar, y a la par se leía el texto. La marca en la película para delimitar dónde comenzaba y concluía cada parlamento se denominaba loop (lazo). En un loop podían converger más de un personaje, pero no era la generalidad.

La cinta se editaba según las marcas. Una película podía tener cinco, siete o 10 rollos de negativos. Los loops se unían por los extremos para formar precisamente un aro o lazo y se enumeraban consecutivamente, cada uno se replicaba en soporte magnético. Una película podía comprender cientos de fragmentos.

El director visionaba con los actores partes del material, explicaba las características de los personajes, orientaba enfatizar, subir o bajar el tono, determinada palabra o frase, etcétera. Finalmente, se grababa directo.

Existían dos equipos: el del celuloide y el magnético, los cuales debían sincronizarse al comienzo de la grabación para hacer coincidir las voces. Era un trabajo muy rústico.

Hasta 1982 utilizamos la tecnología norteamericana. Después introdujeron equipos alemanes más modernos, donde se colocaban rollos completos y no había necesidad de cortar negativos, pues permitían la sincronización automática.

 —¿Qué pasaba si había una equivocación por parte del actor?

—Debía repetir varias veces el parlamento hasta que sincronizara la voz. Antes no escuchábamos la referencia de lo que se estaba grabando, como ahora. Y los actores solo veían las imágenes, porque en los proyectores el sonido estaba contenido en un lateral del fotograma, con una diferencia de dieciséis cuadros. Es decir, nunca coincidían.

 —¿En verdad fuimos punto de referencia en la especialidad?

—Aquí se doblaron seriales como Patrulla de caminos, Bad Masterson, La ley del revólver, Créalo o no lo crea, entre otros, y se comercializaron en países de habla hispana. Tenían una altísima calidad. De hecho, somos precursores de muchas casas de doblaje en Latinoamérica.

Durante el periodo 1979-1982 comerciamos con la cadena televisiva francesa Antena-2. En una edición del Festival de Cannes, a finales de la década del 70, llevamos una muestra colateral de materiales doblados aquí. No había concluido la competencia, cuando recibimos noticias de publicaciones que elogiaban la calidad de nuestro trabajo.

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En la medida que los estudios mejoren las condiciones técnicas y se disponga de profesionales cada vez más competentes, mejorará la calidad del doblaje cubano.

—¿Por qué decayó esta actividad?

—Pienso que por falta de ‹luz larga› de algunos directivos. Los franceses propusieron instalar en La Habana un estudio dotado de equipos con los estándares de calidad más avanzados para la época. Incluso, se seleccionó como posible instalación la sede actual de los canales educativos, en 23 y P. Costearíamos la inversión con el doblaje de varios materiales. ¿Quién sabe adónde habría llegado el desarrollo de la especialidad en Cuba? Pero finalmente los planes no se concretaron por recelos. Perdimos una gran oportunidad.

Recuerdo que nos visitó el Director de Desarrollo del canal Antena-2, quien se mostró sorprendido por las condiciones técnicas de los estudios. No concebía que con una tecnología casi artesanal y tantos equipos obsoletos, se pudiesen facturar materiales de tan alta calidad.

Hoy México y Venezuela han aventajado a nuestro país en producciones dobladas. Canadá dispone de Video Records, donde elaboran buenos productos. En Miami, si bien no puede hablarse de una industria de doblaje, existen casas independientes especializadas.

 —¿Qué otros factores inciden en el estado técnico de los equipos y las condiciones de los set de grabación del doblaje?

—El bloqueo de Estados Unidos: resulta muy difícil adquirir los materiales y acceder a posibles mercados, por la persecución que establecen las leyes de aquel país contra cualquier producción cubana. Hemos hecho millones de intentos para colocar nuestros materiales doblados en el mercado internacional, de manera infructuosa.

—¿Cómo valora el estado del doblaje cubano actual?

—Actualmente, se exhiben disímiles materiales doblados. Hay cosas muy buenas, pero otras son pésimas. Cuando las comparamos con nuestro quehacer, uno se consuela y comprueba que no vamos tan mal. No estamos a la vanguardia, pero sí a la altura de lo mínimo exigido por el mercado internacional, en cuanto a la parte técnica.

Desde el punto de vista del capital humano, conspira el éxodo de actores hacia el exterior o hacia otras aéreas de la producción audiovisual, pero eso es algo típico. En los inicios muchos actores se fueron, otros murieron o se jubilaron y vino un relevo que hoy dispone de experiencia. Quienes se incorporan deben recorrer un largo aprendizaje hasta alcanzar la maestría. Y seguirán incorporándose jóvenes.


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