mié. Sep 23rd, 2020

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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Una televisión para todos los cubanos*


La Televisión Cubana se ha planteado asumir el culto al talento, la originalidad y la excelencia en el desempeño, por encima de la mera funcionalidad, que a veces ha devenido mediocridad

Una televisión para todos los cubanos*

Por Yuris Nórido

Sesenta años ha cumplido la Televisión Cubana, y es oportunidad (más que de regodearse en su historia pletórica de  acontecimientos  y figuras relevantes) de mirar al futuro y asumir sus desafíos. Ningún medio de difusión está más expuesto al señalamiento crítico. Se trata, sin duda, del principal referente cultural de buena parte de las familias cubanas, el principal espacio de entretenimiento, una insustituible fuente de información. De ahí que todos nos sintamos con el derecho, el deber y la capacidad de identificar sus insuficiencias.operadores

La pretensión del propio medio es ser cada día mejor, estar a la altura del potencial de sus creadores, asumir lo más valioso de las nuevas tendencias audiovisuales sin olvidar la tradición… Porque la Televisión Cubana es una de las más completas, balanceadas y culturalmente comprometidas de todo el mundo, más allá de la falta de vuelo y deficiencias formales que aún se aprecian en parte de la producción nacional.

Al margen de que ha faltado sentido del espectáculo, contundencia y coherencia gráfica, calidad en los parámetros técnicos, rigor en los horarios, profesionalidad en parte del personal técnico y artístico, seguimiento de los estudios de audiencia (aspectos que la propia institución tiene concientizados); no se puede desconocer que pocas televisiones nacionales ofrecen al espectador un espectro tan amplio y valioso de opciones, en el que encuentran cabida —digan lo que digan los eternos inconformes— todos los públicos. Desde la música popular hasta la de concierto, desde las cinematografías “alternativas” y de arte hasta la más reciente producción hollywoodense, desde el melodrama tradicional y evasivo hasta los seriales más comprometidos con el aquí y ahora…, pasando por el deporte (especialmente las grandes coberturas), documentales, la danza, la ópera, el videoarte, programas de entrevistas (más o menos “faranduleros”), tertulias, espacios de crítica artística y de orientación social… Nadie podrá acusar a la Televisión Cubana de excluyente.

Harina de otro costal es que tanta diversidad encuentre los cauces más propicios. Y ese es, precisamente, el principal reto de la institución.

La Televisión Cubana se ha planteado asumir el culto al talento, la originalidad y excelencia en el desempeño, por encima de la mera funcionalidad que, a veces, ha devenido mediocridad.trapo-15

Igualmente trabaja por desterrar la improvisación y la falta de acabado, por abrirse a nuevas maneras de contar, alejadas del panfleto, el didactismo chato y la pedantería, que todavía campean por sus respetos en algunos espacios educativos e históricos.

Hay conciencia de la pertinencia de involucrar aún más a la vanguardia artística, incluida esa legión de nuevos y talentosos realizadores audiovisuales que tanta fuerza otorgan al movimiento del videoclip cubano y al incipiente ámbito de las  producciones independientes. Y también de la necesidad de cumplir sus estándares técnicos de calidad.

Claro que no es cuestión de coser y cantar. Se trata de un profundo cambio de cultura profesional, que exige grandes dosis de voluntad y esfuerzo y no podemos dilatar.

Pretender que los espectadores viven en una burbuja, de espaldas al universo audiovisual contemporáneo es, cuando menos, inocente. El televidente de hoy ha diversificado sus alternativas y es capaz de establecer comparaciones, en las que no siempre saldrá ganando nuestra televisión en el ámbito meramente formal.

Por sentado damos que la competencia es casi siempre desleal. No contamos ni contaremos en un futuro razonable con los recursos necesarios para asumir superproducciones. Pero sí hay potencial creativo, y desarrollarlo es la única alternativa viable.

La otra sería abandonarse a la repetición de fórmulas manidas y descoloridas, confiados en la preponderancia del mensaje y la fuerza de nuestras buenas intenciones. No bastan, sin embargo. Y cada vez bastarán menos.

La mayoría de la gente seguirá prefiriendo un programa más o menos frívolo, pero muy bien empaquetado, a otro mucho más contundente en su discurso, pero insufrible como espectáculo. Y de esa relación no escapan ni siquiera los públicos más “ilustrados”.tv-cub-2

La buena noticia es que algunos creadores dentro del medio parecen tenerlo claro. Al punto de que por momentos resulta difícil creer que sus productos están realizados con los mismos recursos y condiciones que otros anclados en el tiempo y la chapucería. Estamos seguros de que más temprano que tarde se impondrán los primeros.

El otro gran desafío de la Televisión Cubana es seguir acompañando, de manera creativa, el proceso de construcción de un proyecto de sociedad más abierta, dialogante y plena.

No es suficiente asumir el rol del cronista pasivo y simplificador. Una televisión pública y comprometida debe encarnar la complejidad de su contexto y contribuir al debate por su permanente mejoría. Desde el periodismo, el dramatizado,  la programación infantil… Incluso, desde el diálogo inteligente y selectivo con los espacios extranjeros que decide trasmitir.

El ejercicio de soñar la mejor televisión posible nos ocupa a casi todos. El de hacerla, depende sobre todo de cuánto talento, capacidad, valentía y amor por el medio se logre reunir.

La galería de grandes creadores que han prestigiado a la Televisión Cubana durante estos 60 años, todavía reserva muchas plazas. Ocupémoslas.



* Tomado del periódico Trabajadores.


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