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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

A Matanzas… por muchísimas razones

A Matanzas... que pactara su noviazgo infinito con Carilda, la fidelísima poeta que no quería guardar consigo ningún poco de patria, sino la quiso toda encima de su tumba
crónica a Matanzas

Crónica a Matanzas

Hace varios días le adeudaba una crónica a Matanzas, donde nacieron mis padres y mucho antes que ellos, el danzón. A Matanzas… con el admirable desarrollo cultural y literario de su bien llamado Siglo de Oro, para que Cuba también tuviera su Atenas.

A Matanzas… que pactara su noviazgo infinito con Carilda, la fidelísima poeta que no quería guardar consigo ningún poco de patria, sino la quiso toda encima de su tumba. A Matanzas… con su abundancia de puentes que se han multiplicado en esos otros que ha tendido la solidaridad de un pueblo entero, desde el nefasto anochecer, cuando la apacible belleza de esa porción de nuestra tierra se transmutara en espectáculo dantesco.

A Matanzas… tan cerca del corazón de millones de cubanos, y tan junto a ella quienes de inmediato acudieron para socorrerla vistiendo trajes de bomberos, batas sanitarias, uniformes verde olivo o cualquier atuendo propio de su profesión o de su entrega. Ese ropaje formidable en el que se complementan a partes iguales el valor, la vocación de servicio y el amor.

Cuba y el mundo han conocido minuto a minuto, paso a paso y palmo a palmo del heroico y continuo batallar contra las llamas; de la pérdida de muy valiosas vidas; del sufrimiento de las familias enlutadas; de la atención médica recibida por los lesionados y de la asistencia material y emocional ofrecida a los afectados por el terrible siniestro, que aún se hace presente en el alma afligida de toda una nación.

Muchas historias de vida han sido reveladas desde entonces… pero no han sido todas. Algunas se han omitido por pudor, por no hablar de sí mismos esos hombres y esas mujeres de nuestros medios de comunicación que micrófono en mano o cámara en ristre se han mantenido en la riesgosa proximidad de los sucesos; o han sostenido desde los estudios una programación tan especial como indispensable para no concederles ningún margen a las falacias y manipulaciones mediáticas de quienes ni siquiera en estos dramáticos momentos, renuncian a su odio visceral contra el país que los viera nacer.

En estos días he pensado mucho en la certeza contenida en una martiana exaltación del oficio de la prensa. «¡Tiene tanto el periodista de soldado!», aseguró nuestro Héroe Nacional, anticipándose más de un siglo a la actitud de esos cubanos y esas cubanas oficiantes de la información, cuya profesionalidad, veracidad y heroicidad hoy contempla con inmensa admiración y legítimo orgullo nuestra patria.

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