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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Ángel Vázquez Millares: “algo divino debe tener la voz humana”

El reconocido locutor y crítico musical habla sobre la ópera, la zarzuela y la música clásica cubana, así como de sus inicios y desempeño en la radio de casa en entrevista exclusiva con la revista En Vivo

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Conversar con Ángel Vásquez Millares es asistir a una clase magistral en privado. Locutor de altos quilates y experto en temas de arte lírico en Cuba, los límites parecen no alcanzarlo, al menos en lo que respecta a superarse como persona y profesional.

Entre los cuatro y los cinco años de edad quedó fascinado por la música clásica que se radiaba durante la semana santa en la década del 40 del siglo XX. Aquellas melodías se convirtieron en caldo de cultivo para afinar su sentido de la audición y el buen gusto a temprana edad.

Así lo confirman sus palabras en entrevista exclusiva con la revista En Vivo: “todo el mundo decía que era una música de muertos y yo descubrí que, en una de esas obras fúnebres, estaba el mundo que yo quería. Mi familia, quiero aclararlo, nunca me regañó ni se opuso, siempre tuve absoluta libertad e independencia”.

Su interés por la ópera también se lo debe a la radio. Buena parte de sus conocimientos los adquirió “de oír y acumular; al cabo del tiempo más sabe el viejo por viejo que por diablo”, afirma.

Dice que tendría que ser “muy malo para no conocer un poquito de esas cosas”. Verlo lúcido, íntegro, sin flaquezas ni imprecisiones es sinónimo de que la vejez es un estado mental en el hombre. En CMBF, Millares conduce y dirige tres programas, dos destinados a la ópera y otro a la zarzuela. Asegura que en estos momentos “tenerlos es una gran rareza y a la vez un privilegio”.

Reconoce asimismo la importancia de contar con una emisora dedicada por completo a la música clásica, pero al mismo tiempo advierte una pérdida en relación con la cantidad de espacios que antes incluían este género dentro de su programación. “Hoy no miran la música clásica, sino que no la quieren ver”, precisa.

En cuanto a la zarzuela cubana, una herencia de la española, recuerda los buenos tiempos en que subían a los escenarios de la Isla, piezas de este tipo poco después de estrenarse en suelo ibérico. “No creo que existan tantas zarzuelas grabadas y conocidas en Argentina, por ejemplo, como el caso de “Cecilia Valdés”, “María La O”, “Rosa, la china”, “El Cafetal”.

“No hemos hecho lo suficiente por grabar muchas de gran calidad y que están archivadas. Si se hiciera serían tan conocidas como las otras. A pesar de eso, la zarzuela ha quedado como el mejor ejemplo de lo que es tomar una herencia, nacionalizarla, convertirla en algo propio y darla a conocer con ese resultado”.

Sin formación previa como locutor, que no sea como fiel oyente de la radio, admite sentirse fascinado por las voces radiales. Incluso a veces el deseo, convertido en práctica profesional, de descubrir a personas con buen timbre vocal, lo atrapa en conversaciones cotidianas, fuera del ámbito profesional.

“Lo que pueda comunicar a través de la voz es un misterio”, asevera. “Existe una idea de que la gente se conoce por los ojos, la mirada. En lo particular tengo otro criterio: digo que la personalidad se refleja, fundamentalmente, con la voz, el tono, en cómo se dicen las cosas”.

En un viaje por épocas pasadas de la historia universal, el conductor del programa televisivo Un palco en la ópera rememora las primeras formas de comunicación con los dioses, precisamente, a través de cantos, rezos y versos. Por eso, comenta, “algo divino debe tener la voz humana”.

El también Premio Nacional de Radio (2006) habla de jóvenes talentosos en el aquí y el ahora de Cuba, ya sea desde el arte, la ciencia, la medicina. “Como tengo cierta cantidad de años, hay gente que piensa que cuando uno llega a cierto límite la tendencia es a devaluar la juventud. Yo veo una generación muy buena”, explica.

Si los jóvenes tienen tanto talento, “¿por qué no se evidencia un auge en la ópera?, confiesa Millares. “Ellos han sido, en muchos sentidos, víctimas de mal funcionamiento de organismos que tienen que ver con la cultura, específicamente la operística. La ópera de Cuba no ha tenido siempre un proyecto estable y fijo, han pasado muchas personas por esa dirección”, manifiesta.

“Tenemos que ayudar a los jóvenes, estimularlos, darles la mano y no hablar mal de ellos. Si ellos quisieran optar por la ópera y no tienen otra manera de ganarse la vida con cierta holgura, que no sea cantando en un lugar mientras la gente come o toma, debemos darle más alternativas”, sugiere.

En cuanto al programa Un palco en la ópera advierte que “mantenerlo durante más de 15 años ha sido un reto”. Los inicios de ese espacio televisivo se remontan al día en que Juanito Hernández llamó al reconocido locutor y le propuso el proyecto.

“En un principio no había ópera que poner, era la época de los casetes de cinta y se pudo hacer gracias a la colaboración de Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, quien tenía una videoteca y la puso a disposición mía y del programa. Después todo empezó a cambiar y llegaron los métodos digitales”, rememora Millares.

Según explica, en esos momentos las personas le preguntaban si el programa duraría unos meses y nada más. El destino, en cambio, dictó otro cause para el espacio televiso. Al respecto comenta: “yo mientras pueda voy a seguir allí y también en CMBF, porque no tengo otra manera de ser feliz en el arte, aclaro. Tengo un compromiso enorme con la música clásica, la ópera, la zarzuela y el buen canto”.

Uno de sus lugares preferidos de La Habana es el teatro Amadeo Roldán. En su escenario vio bailar a Alicia Alonso y presenció emblemáticas interpretaciones de grandes pianistas y violinistas, “para mí es como un templo y aspiro a verlo renovado”.

Más de media hora duró este fecundo diálogo con un intelectual que prefiere decir la verdad como principio imprescindible de su vida. La inconfundible voz de Ángel Vázquez Millares es una melodía de la que nunca quisieras apartarte. Como hombre de radio asegura que es uno de los mejores inventos de la humanidad. Sus últimas palabras confirman esta idea: “puedes imaginar el mundo como quieras, amo la radio”, declara con total libertad.

 

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