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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Bailando en Cuba, equívoco último paso

En la gala final fue presentada como décima una composición poética de otro tipo
Bailando en Cuba

Bailando en Cuba

El proyecto inicial de Sonando en Cuba trilló el camino para futuras puestas audiovisuales que tanto necesitaban los televidentes, pero hay que cuidar cada detalle, cada palabra dicha, porque no solo el talento de los concursantes, el buen tino de los jueces, la escenografía y el vestuario hacen que un programa sea lo suficientemente bueno.

Recientemente culminó la segunda temporada de Bailando un Cuba, un programa con éxito garantizado desde que comenzó, porque el cubano, bailarín por naturaleza, adoró que los pasillos tradicionales y contemporáneos convivieran en cada coreografía.

El final fue bueno, las parejas ganadoras (la de la popularidad y la triunfadora general) se vieron felices, recibieron el aplauso de su pueblo, ese que siguió cada programa semana tras semana, que salvó en más de una ocasión a las parejas en las zonas de peligro. Los bailarines tendrán la posibilidad de representar a Cuba en eventos internacionales, una oportunidad merecida…pero no todo fue acertado.

Las últimas palabras de los conductores dejaron un amargo sabor en una parte del público, porque despedir la segunda temporada, que tan buen paso había tenido hasta el momento, con una décima cubana representaba una decisión loable, pero ¿quién revisó el texto?

Hacer referencia a la décima cubana clásica, recién nombrada por la UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, fue cuando menos atrevido. Compartir con el público cubano un trabajo enviado por un televidente es positivo, pero no toda la poesía rimada es décima.

Lo primero que debe tener una décima son diez versos, sin embargo, la leída por Camila Arteche, Carlos Solar y Marlon Pijuán, en la gala final, fue una “duodécima” en todo caso, estructura no reconocida entre los estudiosos de la poesía oral improvisada en Cuba, aunque exista en la escritura (la llamada guajira Alpujarreña, por ejemplo).

En nuestro país la décima llegó de España, como tantísimas otras tradiciones que hasta hoy forman parte de la cultura caribeña, y aunque existen diferentes maneras de hacerla, como la décima francesa, la italiana, por poner algunos ejemplos, todas tienen la misma cantidad de versos; por lo tanto, el texto presentado en Bailando en Cuba no entra en esa categoría, no es la décima cubana por antonomasia.

La décima espinela fue la popularizada en nuestro país hasta convertirse en la forma más espontánea de expresión entre los campesinos cubanos de todo el territorio nacional.

Formas de hacerlas hay muchas pero nuestra espinela se estructura así:
a  ————————————————————- a
b  ————————————————————- b
b  ————————————————————- b
a  ————————————————————- a
a  ————————————————————- a
c  ————————————————————- c
c  ————————————————————- c
d  ————————————————————- d
d  ————————————————————- d
c  ————————————————————- c

Los diez versos son octosílabos y la rima es consonante. Sin embargo, el texto leído en el programa no contaba con estos requisitos.

Bailando en Cuba ya invita
a ese diálogo sensual,
de ritmo, gracia y gestual,
de temperamento en la pista,
Competencia a la conquista
que el jurado es celestial.
Atenta Cuba, dispuesta
a ovacionar tu talento,
teniendo de complemento
que cada esfuerzo es un gozo,
por este proyecto hermoso:
atento cubano, atento!!!

La primera redondilla (primeros cuatro versos de la décima) tiene lógica, pudieran entenderse, pero no son rimas consonantes sino asonantes, las palabras “invita” y “pista” de los versos uno y cuatro, además de que el verso 3 no es octosílabo.

El puente o bisagra que une las dos redondillas se compone de dos versos, pero esta tenía cuatro, algo completamente inapropiado en una décima.

La última redondilla es la más lograda, pero ya no resplandece por tanto error antecedido.

Esto demuestra que el programa está lleno de buenas intenciones, lo que pasa es que no siempre las cosas salen bien. Elegir una décima para sellar tan excelente propuesta, como sin duda lo fue Bailando en Cuba es meritorio, plausible y respetado, el único detalle (importante) fue que llamaron décima a lo que no es, ni correcta ni incorrecta.

Ya sabemos que el poeta quiso expresar su sentir en los versos, pero no se pueden cometer errores de este tipo, no en un país como Cuba donde la décima devino patrimonio.

Si propuestas como Sonando en Cuba y Bailando en Cuba apuestan por el rescate de lo mejor de la cultura cubana, en ningún momento estos espacios pueden servir de escenario para mal practicar manifestaciones artísticas que tanto respeto merecen.

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