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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Confidencias de Jorge Treto

Asegura el artista que siente un gran apego a la televisión y le interesan sobre todo los personajes con muchos matices, difíciles de interpretar
Jorge Treto

Jorge Treto

“Actuar es mi pasión, y por cada vida que pueda interpretar vale la pena volver a empezar”, así afirma emocionado el actor cubano de radio, cine y televisión Jorge Treto, que recién se despide de la pequeña pantalla con el personaje de Felo, en LCB 2: La otra guerra, y aparece de modo muy oportuno en la serie De amores y esperanzas.

Sereno, de hablar pausado, comedido antes de expresar una idea, con una amplia experiencia en teatro y televisión, justamente en este último medio siente Treto que ha ido escalando poco a poco importantes peldaños, sin pensar en el éxito y siempre en la complacencia de su público. Su trabajo en dramatizados como Diana y ConCiencia, con Rudy Mora –director al que admira extraordinariamente–, en las novelas Bajo el mismo sol y Latidos compartidos, entre otras tantas experiencias, hoy lo hacen sentirse un actor más maduro a la hora de enfrentar roles que por fortuna le han permitido distanciarse de su verdadero ser.

Tren de noviembre: los recuerdos se escapan hasta 1989, cuando Treto protagonizó junto a Beatriz Valdés su primera telenovela dirigida por Miguel Sanabria. Para la ocasión dio vida a Asiel; a partir de ahí el crecimiento ha sido meritorio y se han sucedido propuestas, entre ellas, Como la vida misma, Escuadra hacia la muerte, hasta llegar al Samuel, el gerente de la telenovela Entrega, un personaje que recuerda con gran cariño.

“Es ese tipo de rol que cualquier actor quiere y necesita interpretar: un hombre con conceptos y caminos errados en muchos aspectos de su vida, pero que prioriza su familia por encima de todo. Esa es su máxima responsabilidad y por ella lucha hasta el fin, tanto es así que, cuando es descubierto, lo que realmente lo desploma, más que la propia enfermedad, es precisamente sentir que puede perder sobre todo a sus hijos.

“Pasada la novela, estando en un sitio público llegó un carro de SEPSA a recorrer el dinero recaudado en la instalación, y uno de los trabajadores me preguntó si yo era el «gerente» de la novela, y me dijo muy serio: «Es que no sé si te cogí odio o lástima». Y qué bien, eh, esa era la finalidad: representar a un hombre con matices, con virtudes y defectos, aun cuando la balanza pueda inclinarse más hacia los últimos”.

Y en este acto de tener que enfrentarse a personajes que le exigen a veces más de lo que él mismo imagina, llega el personaje de Felo en LCB 2: La otra guerra: “El personaje llega a mí en un excelente momento, porque a partir de los trabajos hechos con Rudy Mora –un director que me exige muchísimo–, y luego de la excelente propuesta que significó Entrega, Doimeadiós, que venía desde la primera temporada de Lucha contra bandidos, le propone a Roly Peña que yo podría ser su Felo.

“De hecho, no había terminado todavía Entrega y Roly confió en mí. Me entregaron los primeros 10 capítulos. Al principio, no lo puedo negar, sentí un poco de miedo porque tenemos la tradición acá de realizar series de corte histórico, muy bien hechas, por cierto, y justo en manos de Roly ha recaído buena parte de esa responsabilidad, pero sucede que en lo personal creo que a la historia hay que encontrarle constantemente nuevos matices al recrearla desde la ficción, para no caer en repeticiones que alejen incluso a los más jóvenes del reconocimiento de los hechos. Por esa razón estuve un tiempo releyendo el material sin darle respuesta a Roly, de pronto él me llama y me dice que había 10 capítulos más, que si ya había yo decidido qué hacer. Entonces ahí mismo acepté leer el resto de los guiones y, junto con esa decisión en una mano, en la otra llevaba el sí para dejar que Felo entrara mi vida.

“Me quedó claro que necesitaba encontrar matices diferentes para no lograr un personaje negativo igual que el resto; y en ese sentido le agradezco mucho a Roly también la confianza para trabajar juntos. El mayor desafío a la hora de encarar el rol fue lograr humanizar a un clásico «malo maloso», como yo le digo. Esta ha sido la primera vez que me enfrento a un personaje con estas características, así que el desafío se duplicó en todos los sentidos.

“Por otra parte, Felo fue un personaje que existió, se trataba de Perico Sánchez, obtuve fotos de él gracias a la colaboración del Ministerio del Interior y eso me acercó a su “interior”, hecho que agradezco. Así supe de su forma de vestir: usaba polainas, camisa blanca y pantalón oscuro, cuchillo, una cartuchera donde guardaba sus revólveres que colocaba siempre de una manera. El vestuario a la hora de caracterizarlo no lo teníamos, se alquiló en el ICAIC. Sustituimos lo que nos mostraba la verdad histórica y lo vestimos en la ficción de verde y boina, retomamos ese cinturón para colocar el arma, y una frase que él decía también me ayudó muchísimo a entender su psicología. Él decía: «Fidel Castro de día y Perico Sánchez de noche», lo cual denotaba muchas de sus características, y sobre esas informaciones asumimos el trabajo psicológico del Felo que llegó a los hogares cubanos.

“Del mismo modo también trabajamos con otros elementos, como por ejemplo, no lo pusimos a tomar ron, sino café y en eso me apoyé también en Doime, que además de ser un excelente actor y persona me ayudó a concebir esos pequeños detalles que bordan la parte humana de los personajes, aun de los más terribles. Recuerdo una escena en que mi tropa está comiendo y yo dejo el plato y llamo al personaje de Lalo, que es mi ahijado, y le doy mi comida. Eso que puede ser un rasgo tan común se convirtió en otro detalle que dibuja al hombre de carne y hueso”.

¿Qué sabor que me ha dejado el personaje de Felo?

-Pues tengo alguna inconformidad, como nos pasa continuamente a los actores, ahora me veo y me digo que podría haber hecho algo de otra manera; la ira podría haberla expresado de esta otra forma, tal vez más contenida, y haberme exasperado un poco más en otra escena, pero, en sentido general, me satisface lo creíble que se muestran muchas de las situaciones que encaro. Recuerdo el primer día en que grabamos nosotros, los “alzados”, y preferí que no nos maquillaran el sudor, sino que corrimos tanto que terminamos empapados y así filmamos.

“Yo, por ejemplo, me vestía de Felo desde la mañana los días que teníamos llamado (grabaciones), pedí autorización para llegar a la filmación vestido de uniforme porque necesitaba que desde el amanecer comenzara a correr por mis venas la sangre de ese personaje; así que tanto Felo como antes Samuel, en Entrega, constituyen un paso adelante en mi carrera porque son excelentes personajes que favorecen ese desdoblamiento al que uno como actor siempre aspira”.

Te despides de Lucha contra bandidos y apareces en la serie De amores y esperanzas.

-Justamente el primer capítulo de esta nueva temporada de la serie termina con una aparición mía, y sí, asumo un rol pequeño en ella. De hecho, cuando Raquel González me llamó yo aún estaba en Lucha contra bandidos, de ahí el bigote del personaje en De amores… En esta serie soy un poco el alivio de esa mujer profesional que lleva una vida íntima tan intensamente dolorosa.

“Me gusta mucho que la serie aparezca justamente cuando la imagen de Felo todavía está en las personas, porque este nuevo personaje no tiene nada que ver con el anterior, es muy amoroso, dulce y capaz de mostrarle a esta mujer que encuentra en su camino cuanta belleza se esconde tras su dolor”.

Luego de tantas oportunidades que incluyen el trabajo para niños, ¿qué lugar ocupa la televisión en tu vida?

-Pues sencillamente de la televisión ya no me puedo desvincular, como todos, a veces tengo menos trabajo, este año ha sido terrible y veo que lo seguirá siendo por razones obvias, pero en cuanto a la televisión me atrapó nunca más pude “librarme de ella”, haga lo que haga, incluso cuando he hecho cine o teatro.

“Qué bueno cuando son grandes personajes los que hay para interpretar y qué bueno también cuando los que no lo son tanto la gente los engrandece desde la empatía o no que establece con ellos. Eso lo logra la televisión con creces, que muy rápido logra colocarte dentro de la gente, entonces es uno el que tiene que saber quedarse en los televidentes. Por eso, dadas las condiciones que hoy existen, solo quisiera que el tiempo se acelerara para ver cómo comenzamos a organizar nuestra vida en torno a la actuación.

“Mi pasión es actuar, por tanto, no veo la hora en que pueda restablecerse con el público ese vínculo que la vida caprichosa, como es a veces, nos truncó durante todo este tiempo”.

Una vez que se llegue a una nueva normalidad en Cuba, entonces…

-Eso no deja de preocuparme porque pienso en lo difícil que será volver a empezar. En la serie de béisbol, por ejemplo, los jugadores viajan para competir en los distintos estadios; estos, por supuesto, se mantienen vacíos, pero los peloteros juegan y la radio y la televisión se encargan de mantenernos al tanto de cuanto sucede. Pero los artistas estamos perdiendo ese lazo para con quienes trabajamos, sobre todo en el teatro, y me da miedo pensar cuánto tiempo tendrá que pasar para reencontrarnos con el público; pero, bueno, tendrá que ser, y la actuación tiene ese don misterioso de provocar nuevos alientos en la medida que hace surgir tantas vidas. En lo personal, por cada una que tenga que interpretar pues vale la pena una y otra vez volver a empezar.

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