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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Cuando la radio y la televisión se hermanaron

Estos medios se sustentan en soportes electrónicos, comparten saberes y rutinas productivas

En el  95 aniversario del inicio de la difusión regular de programación radial en Cuba – en aquel ya tan lejano agosto de 1922- quiero recordar algunos de sus importantes aportes a la televisión cubana.

El 24 de octubre de 1950  nuestra primera televisora irrumpió con sus imágenes en el espacio privado hogareño, donde la radiofonía era dueña y señora absoluta y varias emisoras de onda corta propagaban nuestras noticias, novelas, aventuras, teatros, humorísticos y musicales por toda Cuba y la región. Hasta del continente asiático llegaron reportes de su recepción.

La pujanza de nuestro quehacer informativo, dramatúrgico, musical y comunicativo expandió también nuestros programas en versiones impresas y discográficas y era  común que nuestros creadores e intérpretes vendieran sus obras a otros países y fueron contratados por prestigiosas emisoras desde Sudamérica a Estados Unidos.

La calidad tecnológica, artística y comunicativa de nuestras prácticas difusivas y producciones nos hizo ostentar, por mucho tiempo, el liderazgo iberoamericano    primero de la radio y luego de la televisión.

Pese a sus diferencias, la radio y la televisión comparten la condición de medios de comunicación sustentados en soportes electrónicos y, en consecuencia, muchos saberes, rutinas productivas y hasta modos de hacer.

Ejemplos:
Entre 1922 y 1959 la estructura de propiedad de la radiodifusión cubana se sustentó casi absolutamente1 en empresas privadas -en su mayoría grupo familiares- que adoptaron el modelo estadounidense con objetivos mercantiles.

Nuestras dos primeras televisoras -Unión Radio Televisión (Canal 4) y CMQ TV (Canal 6)- fueron fundadas por empresas que operaban dos cadenas radiales de alcance nacional: Unión Radio y CMQ Radio.2
La gestión simultánea de la radio y la televisión generó una intensa sinergia entre ambos soportes. Entre lo más relevante, recordamos:   
Al surgir la televisión, una verdadera oleada de publicistas, artistas, técnicos, especialistas y creadores radiales nutrió las televisoras.

Abruptamente, esos hombres y mujeres asumieron estoicamente una infinita jornada laboral cotidiana: en las mañanas atendían sus espacios regulares en la radiofonía y en las tardes y noches -en un proceso acelerado- aprendieron a hacer televisión, haciéndola. Tal práctica -nacida en 1950- se mantuvo  hasta bien avanzada la década del setenta pasado, cuando las visiones reduccionistas del sector cultural hicieron optar a los trabajadores entre la radio, la televisión, el cine o el teatro.3

La participación de actores y actrices en la radio o el video no se limitaba a un espacio de frecuencia semanal en vivo. Los formatos episódicos como las novelas, aventuras y humorísticos tenían emisiones de una, tres o cinco frecuencias a la semana y no era extraño que muchos actores-actrices fueran protagonistas o personajes secundarios estables en varios de ellos; incluso en formatos unitarios de variados géneros.  

En la radiodifusión comercial, regida por el Sistema de estrellas, la pareja protagónica y el resto del elenco estaban bajo contrato exclusivo de la empresa mediática o de las productoras audiovisuales independientes a ellas.4 Ello implicaba una gran presión pues constituían la voz o el rostro -la imagen corporativa- de estas entidades. A mayor prestigio, mayor presencia diaria en diversos espacios y propuestas radiales y televisivas.     

Este intenso proceso cotidiano y paralelo redimensionó la experiencia de nuestros especialistas, creadores e intérpretes; muchos de los cuales alternaban además el cine, la publicidad, el teatro y el espectáculo nocturno.  

Lo mismo sucedía con los técnicos, guionistas y directores de programas radiales especializados, quienes durante años asumieron géneros y formatos replicados en diversas versiones por la televisión, e incluso muchos proyectos con relativa frecuencia  ofrecieron emisiones paralelas en ambos soportes.5

Entre las prácticas mediáticas, comerciales, comunicativas y artísticas que compartieron la radio y la televisión,  estuvieron también las rutinas productivas:
-Los controles remotos se usaron en las noticias y en otros géneros informativos, también en eventos deportivos y culturales.    

-La intensa herencia dramatúrgica de nuestra radiofonía impuso en el video la musicalización y el uso del narrador.
-Las emisiones en tiempo real predominaron en la televisión cubana hasta bien avanzada la década del setenta del siglo pasado. Ello significaba que en todos los géneros y temáticas se insertaban voz e imagen.6

Si el programa -documental, noticia o evento deportivo- era de otro país, generalmente de Estados Unidos- a este complejo y laborioso proceso se unía la traducción simultánea o no.

Así la cultura radial devino esencia indisoluble de la televisiva. Hoy, cuando nuestra radio y televisión avanzan aceleradamente dentro del ambiente digital y muchas radioemisoras y televisoras cubanas brindan su programación en tiempo real en el ciberespacio, recordemos el hermanamiento inicial de nuestra radio y televisión.

Esta relación no ha concluido. Pero ya esa es otra historia.

Notas:
1 CMZ: Primera mitad del siglo XX. Radioemisora fundada por el Ejército Nacional,  que en corto plazo la transfirió al Ministerio de Educación, donde gestó un importante rol educativo-cultural.  
 Mil Diez: Planta adquirida mediante suscripción popular por el Partido Socialista Popular en los años cuarenta del siglo XX. Aunque pocos años después, la furia anticomunista la clausura, devino soporte excepcional de mensajes políticos-ideológicos que dieron otra opción a la homogeneidad imperante en la época. También desempeñó una importante gestión cultural.
2 En el primer trienio de los años 50 pasados, el grupo de los hermanos Mestre-Espinosa –dueños entre otros de CMQ Radio y CMQ TV- fundaron el Canal CMBF TV -Canal 7-,  inspirado en su emisora musical homónima, fundada en 1947.  
3 En consecuencia, se anula la distribución tradicional del capital artístico-técnico por sesiones y soportes electrónicos.
4 Durante los años 50 del siglo XX, las productoras externas a la radiodifusión más importantes fueron: Escuela de Televisión y Televisa en el audiovisual; los Departamentos de radio y televisión de las agencias publicitarias cubanas o las foráneas creaban anuncios y programas y fábricas importantes con relevante presencia en nuestra radiodifusión, como las jaboneras Crusellas, Sabatés –afiliadas a transnacionales norteamericanas- y Gravi -totalmente cubana- replicaron estas estructuras y modelos productivos.
5 La imagen pública de estos técnicos, guionistas y directores de programas radiales-televisivos también fue notoria por la intensidad y calidad de su labor.     
6 Se alternaban imágenes o letreros en carteles -tellops-, las provenientes de grabaciones previas llamadas intercut (grabaciones de imágenes o escenas en exteriores con anterioridad al momento de difusión del programa). También se simultaneaban imágenes en tiempo real de locaciones exteriores con las que tenían lugar en los estudios.

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