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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Cuando la televisión cuenta su historia

Pese a las limitaciones económicas, la TV Cubana ha cumplido múltiples misiones

Los medios de comunicación digitales expanden cada vez más los aconteceres sociales y la relevancia de esa función genera percepciones erróneas al considerarlos solamente como soportes tecnológicos capaces de registrar y reproducir sucesos.


De igual forma, las producciones, prácticas o actividades mediáticas pierden su singular significación como expresión de la cultura y la historia nacionales. De estas visiones no nos libramos ni quienes protagonizamos los quehaceres mediáticos. En consecuencia, practicamos una timidez desmesurada que raya en el olvido de nuestra memoria, al ignorar los múltiples aportes que hemos hecho a nuestra sociedad.

Por ello, a principios de este 2017, quiero rememorar algunos momentos televisivos vitales en la historia de Cuba. De las primeras transmisiones televisivas realizadas en Cuba durante diciembre de 1946 no se conservan imágenes. Apenas quedan unos anuncios impresos y testimonios de algunos protagonistas de la demostración práctica y el espectáculo difundido durante varios días entre los municipios de Centro Habana y la barriada de El Vedado.

Durante el último trimestre de 1950 se fundaron las dos primeras televisoras y, en diciembre de 1958, el pujante sistema televisivo habanero ya había fundado siete plantas, algunas de vida efímera, y creado tres cadenas de microondas que extendían sus señales progresivamente al resto del país.

El impacto comercial, comunicativo, simbólico, cultural e ideológico de la televisión cubana rebasaba entonces nuestras fronteras.

Con el triunfo revolucionario de enero de 1959, los medios de comunicación privados con fines mercantiles devinieron estatales, asumieron la función de servicio público y revirtieron o redimensionaron sus funciones y las visiones de sus contenidos, generando nuevos hitos.

Hasta octubre de 1960, cuando concluye el proceso de transferencia de las empresas televisivas y sus actividades al Estado, confluyeron los intereses comerciales del sistema televisivo con las necesidades de comunicación de la naciente Revolución.

Así las cosas, la radiodifusión -sobre todo la televisión- devino herramienta vital en la consolidación del gobierno revolucionario.

El primero de enero de 1959, con la huida del tirano Fulgencio Batista, surgió la oportunidad de una ruptura social que beneficiara a todos los cubanos. Precedida por una avanzada guerrillera dirigida por Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara, de la que muy pronto se conoce, la Caravana de la Libertad, con Fidel Castro al frente, sale ese día de Santiago de Cuba con Bebo Valdés, camarógrafo de cine y fundador de nuestra televisión.

Valiéndose de una vieja cámara cinematográfica, Valdés capta la mayoría de las imágenes que se conservan del recorrido.  Le secundan en toda Cuba periodistas, reporteros y aficionados que graban imágenes e instantáneas del tránsito de los rebeldes por esas ciudades.

En La Habana, el 8 de enero siguiente, se concentran cámaras y micrófonos de la mayoría de las radioemisoras y televisoras cubriendo un largo trayecto que establece un record televisivo en América, aunque nunca se haya reconocido internacionalmente.

Desde ese instante, las principales televisoras habaneras abren sus estudios a la población ansiosa de noticias de familiares desaparecidos. Se exhiben imágenes de ciudades bombardeadas por la dictadura -hasta entonces censuradas-. Se muestran entrevistas realizadas mediante control remoto y los principales jefes del Ejército Rebelde comparecen en los más destacados programas informativos.

Por más de 70 horas ininterrumpidas, la señal televisiva habanera se esparció por el éter de la mayor parte de la geografía nacional.

Las entrevistas a los revolucionarios rompieron durante horas todos los records existentes, se emitieron reportajes, documentales, dramatizados, se televisaron concentraciones descomunales realizadas en plazas, los juicios públicos a los esbirros de la tiranía y conferencias de prensa, convocadas por el gobierno revolucionario, con la participación de cientos de periodistas extranjeros.

En ese entorno preñado de acontecimientos sucesivos, Fidel Castro potenció el uso de la radiodifusión como herramienta estratégica para informar, esclarecer, formar, alertar y persuadir sobre el proceso revolucionario.

El aporte de los hombres y mujeres de la televisión a causas sociales databa de los años 50, cuando muchos militantes pusieron su arte e intelecto a burlar  la censura mediática, además de protagonizar otras acciones subversivas. Desde 1959 las plantas privadas se sumaron al quehacer revolucionario.

Cuando en 1961 se instaura el bloqueo financiero y mercantil por Estados Unidos hacia nuestro país, que aún pervive, el sistema dependía íntegramente de la tecnología norteña. No obstante, técnicos e ingenieros mantuvieron las señales en el aire.

Muchos años costó acometer la renovación técnica de nuestra televisión. Desde entonces, supliendo todas las limitaciones económicas, la TV ha cumplido múltiples misiones.

Cincuenta y ocho años después aún nos debemos una investigación rigurosa sobre el descomunal aporte de la radiodifusión al establecimiento y consolidación primero del gobierno revolucionario y finalmente del Estado socialista que este generó.

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