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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

“Cuando no actúo siento que me falta algo”

Entrevista con el reconocido actor Luis Rielo Morejón
Luis Rielo Morejón

Luis Rielo Morejón

Celebra 89 años el Premio Nacional de Televisión 2019 Luis Rielo, mientras recuerda varios de los episodios de su vida reunidos en el libro Aquel niño que nunca fui, editado por la Dra. Norma Gálvez, directora de Editorial En Vivo.

El volumen plasma emociones y vivencias de una infancia maltratada en la miseria cienaguera, y la perseverancia que demostró el actor para cumplir sus sueños, esos sueños por los que cargó viandas y frutas siendo muchacho, trabajó en bodegas y panaderías, prefiriendo caminar kilómetros con tal de ahorrarse el dinero del pasaje y lograr pagar sus primeras clases de actuación.

El artista atesora saberes profesionales aprendidos en sus 66 años de trayectoria ante las cámaras y los micrófonos radiales, pues comenzó como extra en la televisión comercial, logrando pequeños papeles hasta ser reconocido como intérprete. Más tarde laboró en Radio Liberación y Radio Progreso y tuvo la oportunidad de dirigir novelas, teatros y otros espacios del medio radiofónico. Aunque la televisión y el cine lo absorbieron, reconoce la capacidad imaginativa de la radio que permite al actor ignorar las limitantes del biotipo físico y asumir diversidad de roles, que su voz y talento le posibiliten acometer.

Evoca el ganador del Premio Caricato otorgado por la UNEAC cuando comenzaba su carrera e intentaba deshacerse del nerviosismo ante las cámaras. Pidió consejo al primer actor Enrique Santiesteban y la gran figura reconoció ante el novato su propia inseguridad y le reveló la posición en que se paraba en escena, ganando aplomo a partir de la postura de las piernas abiertas, el apoyo de los brazos y el convencimiento sicológico de que podía vencer cualquier obstáculo.

Otra personalidad a la que se refirió Rielo fue Roberto Garriga, rememorando el profesionalismo de ese director que llegaba al primer ensayo del proyecto que fuera, con el diseño de cámaras listo.

“Aunque era nervioso dirigía la escena y el trabajo con los actores de forma muy estricta, dejando poco margen a la improvisación”, asegura.

El también Artista de Mérito de la Radio y la Televisión participó en varios proyectos junto a Garriga, entre ellos la telenovela Sol de Batey, en la que encarnó al mayoral Matías. Luis esperaba el rechazo del público ante la detestable personalidad del mayoral, sin embargo, continuó gozando del afecto de los espectadores. Evoca emocionado que entre los extras que representaron a los esclavos en ese dramatizado participaron soldados que marcharon como internacionalistas a la guerra de Angola. La posibilidad de la muerte de cualquiera de esos jóvenes a los que debía dar latigazos y humillar, debido al planteamiento de la situación dramática, le producía dolor y una gran contradicción interior.

Luis Rielo participó en 37 aventuras y reafirma la permanencia de ese espacio en la mesa del cubano durante décadas, ya que era habitual en los hogares comer viendo ese programa dedicado a toda la familia.

El actor organizó la despedida y homenaje de los que participaron durante años en las Aventuras, y alberga el propósito de incluir las palabras dichas, en aquella ocasión, en una próxima reedición de su libro, además de otras anécdotas que antes no mencionó, agregando una reseña acerca del destacado actor José Antonio Insua.

Sobre los recursos interpretativos claves en su carrera actoral revela el Premio ACTUAR por la Obra de la Vida: “En primer lugar me meto dentro del personaje, dejo de ser yo para estudiar qué hace esa persona, cómo reacciona, lo voy visualizándolo a partir del guion y así lo construyo. Algo que me ayuda mucho es el trabajo con la contraparte, valorando los silencios, la mirada y los gestos”.

Su actuación orgánica y sincera en el cine ha quedado para la posteridad en filmes como Ustedes tienen la palabra, Noche Baja, El Hombre de Maisinicú, Brigadista, Guardafronteras, José Martí: El ojo del canario.

Al indagar sobre su inserción en la cinematografía nacional, el merecedor de la Réplica del Machete Mambí del Generalísimo Máximo Gómez revela: “El cine y la televisión se parecen mucho, el cine dedica más tiempo a las escenas, mientras que la televisión tiene un ritmo más acelerado. Cuando la televisión era en vivo y tenías muchos parlamentos no te podías equivocar, actualmente, aunque se actúa sin la emoción de trabajar en vivo, se graba con un ritmo intenso”.

En una de sus experiencias cinematográficas, Luis sufrió la fractura de dos costillas a consecuencia de la impetuosidad de un compañero de escena que acostumbraba a no controlar sus impulsos al actuar.

“No me parece correcto lastimar al actor con el que trabajamos, nunca le di un mal golpe a un colega. “Meterse en situación” no justifica maltratar al compañero. Hay que falsear el golpe con técnica”.

En los últimos años, el Premio Nacional de Televisión ha participado en video clips de solistas y agrupaciones musicales e integró el elenco de la primera parte de LCB: La Otra Guerra. En la telenovela Tan Lejos y Tan cerca interpreta a un anciano sin familia, realidad muy distinta a la suya, pues siempre ha tenido arraigados valores familiares, estableciendo vínculos estrechos con sus hijos.

A pesar de que nunca se interesó en los premios ha llegado la hora de recoger lo que sembró, al recibir numerosos reconocimientos. Este es el resultado de sus buenas actuaciones, de su calidad como persona y actitud de servicio a la Revolución, la cual comenzó desde sus acciones como colaborador del 26 de Julio, la lucha contra bandidos y otras tantas tareas a las que fue llamado.

Con generosidad, Luis Rielo ha compartido con En Vivo sus experiencias. Al ver las producciones audiovisuales actuales lo que más desea es ayudar. De acuerdo con el avezado intérprete de personajes negativos, los guionistas escriben mayormente sobre temas juveniles y los personajes de más edad tienen cada vez menos presencia en la pantalla, por lo que no se produce la transferencia de técnicas y conocimientos entre generaciones. Por otra parte, insiste en la dicción de los actores que, buscando el naturalismo, se olvidan de articular y trabajar con el diafragma.

Aunque reconoce que su memoria no es la misma de antes expresa: “Las ganas de trabajar siguen siendo infinitas, pues actuar es cumplir mis sueños de muchacho analfabeto. Cuando no actúo me siento solo, sin nada que hacer, siento que me falta algo”.

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