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Editorial del Instituto Cubano de Radio y Televisión

De la Consuelo que queremos

Evocación de una de las emblemáticas locutoras y presentadoras cubanas

El carisma y talento de Consuelo Vidal

Fue en la Calzada del Cerro, un 4 de diciembre, que se iluminó la avenida con el nacimiento de una niña común, que años más tarde se convirtiera en una de las personalidades más atractivas de la historia de la TV nacional.

La radio, la televisión, el cine, el teatro, la realización de espectáculos de cabarets y concursos musicales, dieron a conocer a esta delgada mujer, intrépida de carácter, obstinada en su creer, que habitualmente, junto a Germán Pinelli, sacó la sonrisa oportuna o dejó que se escapara una lágrima detrás de su carismático paso.

Y es que en materia de trabajo, Consuelito, como cariñosamente le llamaban, participó en varias series y telenovelas como Doña Bárbara, así como en inolvidables programas infantiles: Tía Tata cuenta cuentos, y Amigo y sus amiguitos, donde ponía voz a los personajes e interpretaba canciones infantiles.

Pero lo cierto es que cuando se dice Consuelo Vidal, resulta vital su actuación en los espacios humorísticos. Su unión a Cepero Brito como conductora, la acercó más a un público para el cual fue referente y hasta sujeto de imitación.

Por otro lado, Los pájaros tirándole a la escopeta (1984); Reina y Rey (1998) y Las Profecías de Amanda (1998), son algunos de los filmes que asisten al crecimiento de una profesional de la palabra y el sentimiento, que tuvo entre sus maestros de actuación a Agustín Campos, Luis Manuel Martínez Casado y Enriqueta Sierra, así como en la animación lo fue el gran Germán Pinelli. De este inolvidable maestro de la locución expresaba Consuelo Vidal:
“Me enseñó todo lo que supo, pudo y más, yo hice lo que pude y lo mejor que pude, solo que cuando sé que a él se lo debo me entran deseos de repetirlo todo otra vez hasta que lo vea perfecto”.

Y esa perfección también la llevó a la docencia, no a la de las aulas sino a la de la vida, por ello encontró en su camino a una Alina Rodríguez, con lagunas culturales y profesionales y lo primero que hizo fue reconocer su grandeza y, como tal, aceptarla.

Es que como decía Cepero Brito: “Esta Consuelo es mucha Consuelo”.

Quién sabe si desde otras dimensiones su propio nombre le iba otorgando un rol en la tierra, no en cualquiera, sino justo en la suya, en la que sí fue profeta, admirada y amada.

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